
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, lamentó este martes la decisión de Alemania y Francia de abandonar finalmente el desarrollo conjunto de un caza de combate de sexta generación en el marco del programa FCAS, algo que no ha sido “ninguna sorpresa”, pero negó que esto vaya a generar tiranteces en las relaciones entre los dos países. “Se debió sobre todo a tensiones, por así decirlo, entre las dos grandes industrias. Pero quiero dejarlo ahí y mirar hacia adelante”, declaró en Berlín.
“Con lo que sabemos hoy, ya no pondríamos en marcha este proyecto tal y como se hizo en su momento. Esa es la lección que debemos extraer. Se trataba de un proyecto europeo ambicioso y de gran envergadura que ahora se ha estrellado contra la realidad. Tenemos que aceptarlo. Esto no cambia en absoluto la relación con Francia”, afirmó al ser preguntado al respecto en una rueda de prensa.
El político socialdemócrata aprovechó para recordar que existen “una gran cantidad de proyectos, tanto pequeños como grandes”, que ya están “en marcha o a punto de ponerse en marcha”. Mientras, en cuanto al nuevo caza que debía ver la luz en la década de 2040 en el marco de un proyecto de 100.000 millones de euros, Pistorius señaló que ya verán qué camino toman ahora. “También sobre esto llevamos meses en conversaciones con diferentes actores. Ya se lo puede imaginar. Pero espero que me disculpen por no especular aquí públicamente sobre qué proyecto podría ser y bajo la dirección de quién”.
Para Pistorius, el fracaso -dado a conocer el lunes- del que iba a ser el mayor proyecto de armamento de Europa hasta la fecha es algo que lamenta “mucho”. “Cada proyecto franco-alemán que no tiene éxito es uno que no me gusta, porque sé lo importante que es la cooperación franco-alemana en Europa. Pero al final hay que separar la cabeza del corazón en este punto”, comentó y señaló que ya no se podía alcanzar un acuerdo. “Tanto (el canciller alemán) Friedrich Merz como yo hemos hablado con Dassault y con Airbus, de forma intensa, bilateral y multilateral. Macron, por su parte, lo intentó, pero se trata de obstáculos decisivos que no se pudieron superar o que la industria no quiso superar. Y en ese punto, con la estructura que se creó en su momento, tampoco podemos intervenir”.
“Esto debe servirnos de lección para el futuro: los nuevos proyectos de estas grandes estructuras, concebidos para muchos años, necesitan una estructura clara de consorcio industrial, similar a la de Airbus. Allí tuvimos dificultades iniciales, pero hoy funciona y debemos aplicar claramente esta lección”, agregó.
Posteriormente, en otra rueda de prensa, en la que estuvo acompañado de su homólogo checo, Jaromír Zuna, Pistorius indicó que espera que haya algo de cierto en las informaciones que apuntan a que Airbus y otras empresas quieren unirse y presentar una propuesta al Gobierno alemán sobre cómo se podría fabricar un avión propio, posiblemente con componentes europeos.
“Hay varias opciones. Una es encargar más F-35 como solución provisional o por cualquier otro motivo. La segunda opción es que nos sumemos a otro proyecto internacional ya en marcha. O bien que hagamos uno nosotros mismos bajo liderazgo alemán a través de Airbus y otros socios. Esas son las tres opciones que están sobre la mesa en este momento”, declaró Pistorius. “Es posible que surja una cuarta, de la que no quiero hablar ahora. Pero sí, es concebible y es una de las posibilidades”, agregó el ministro, que recordó que es “habitual” que cuando se prevé que un proyecto llegue a su fin se estudien “otras opciones o posibles alternativas posteriores”. “Pero aún no hay nada definitivo”.
Mientras tanto, círculos del Gobierno alemán han incidido hoy en mantenerse en la narrativa ya adelantada ayer. En primer lugar, definen el fin del proyecto como una “conclusión compartida de que las empresas no logran ponerse de acuerdo para la construcción de un avión de combate conjunto”. A partir de ahí, el canciller Merz habría sugerido al presidente Macron que no se siguiera con la construcción del avión común, aunque el núcleo propiamente dicho del FCAS se mantendrá como un sistema europeo de sistemas. Con esto en mente, en el Consejo Ministerial Franco-Alemán que se celebrará en Alemania en julio, ambos ministerios de Defensa prevén elaborar “un plan de trabajo conjunto y actualizado para la cooperación en materia de industria de defensa, centrado en unos pocos proyectos realistas y relevantes”.
El origen del acuerdo
El proyecto FCAS, que significa Future Combat Air System, fruto de la colaboración entre Alemania y Francia, y en el que también estaba previsto que participara España, tenía como punto central el desarrollo de un nuevo avión de combate que, a más tardar en 2040, sustituyera a los Eurofighter utilizados por Alemania y España, así como a los aviones de combate franceses Rafale. Además, se iban a desarrollar sistemas de combate no tripulados, es decir, drones, y la Combat Cloud, un sistema de comunicación para conectar entre sí aviones de combate y sistemas no tripulados. El proyecto fue puesto en marcha en 2017 por el entonces recién elegido presidente francés Emmanuel Macron y la ex canciller alemana Angela Merkel.
El fin del proyecto se debe a disputas empresariales, concretamente entre el socio alemán del proyecto, Airbus, y el grupo francés Dassault, centradas, en esencia, en quién debía asumir el liderazgo del proyecto. Dassault lo reclamó para sí, a pesar de que inicialmente se había acordado una cooperación en igualdad de condiciones. Sin embargo, el director general de Dassault, Éric Trappier, insistió repetidamente durante meses en que solo Dassault poseía la competencia clave para el proyecto y que, por lo tanto, a su empresa le correspondía el papel de arquitecto jefe. Alemania y Francia habían intentado mediar en la disputa entre los grupos empresariales, e incluso lo intentaron mediante arbitraje, pero finalmente sin éxito.
En las filas de la coalición entre conservadores y socialdemócratas se defiende el rechazo al proyecto del avión de combate como la medida correcta. El presidente de la Comisión de Defensa del Parlamento alemán, Thomas Röwekamp, señaló que es positivo que, tras años de bloqueos e incertidumbres, reine ahora la claridad. “Ahora debemos aprovechar la oportunidad para forjar nuevas y sólidas cooperaciones en pie de igualdad que refuercen el progreso tecnológico y la soberanía industrial de Europa”, afirmó el político conservador al diario Rheinische Post.
“La industria alemana debe demostrar ahora su capacidad y hay que buscar rápidamente nuevos socios como alternativa a Francia”, declaró por su parte el portavoz de política de defensa del grupo parlamentario de los conservadores, Thomas Erndl, en el diario Augsburger Allgemeine. Mientras, el político del Partido Socialdemócrata (SPD) especializado en defensa, Christoph Schmid, apeló a buscar el diálogo “con los británicos, los italianos y los japoneses”, “así como con Suecia”. “Tampoco hay que olvidar a España, que ya participa en el FCAS”, agregó.
A pesar del fracaso de los planes del avión de combate, el proyecto FCAS no está totalmente descartado. Según fuentes del Gobierno alemán, se mantendrá al menos el desarrollo de la Combat Cloud. Alemania tendrá que comenzar ahora con la búsqueda de nuevos socios para la construcción de un avión de combate. De momento, Reino Unido parece haber quedado fuera de la carrera ya que ya tiene una colaboración con Japón e Italia en el proyecto Global Combat Air Programme (GCAP). Una opción que suena con fuerza como nuevo socio es Suecia, con la empresa de armamento Saab. El país tiene experiencia en la construcción de aviones militares. El modelo Gripen no solo lo utiliza la Fuerza Aérea sueca, sino que también se suministra a Brasil, Tailandia, Sudáfrica, la República Checa y Hungría. Asimismo, la colaboración con la industria alemana es estrecha en temas, por ejemplo, como los misiles guiados como el Taurus. A esto se suma que el Eurofighter y el Gripen son muy similares técnicamente y siguen ciclos de desarrollo parecidos.
Otra opción, la menos deseada en un primer momento y que supondría un enorme gasto, sería que Alemania lo hiciera en solitario, es decir, que presentara el concepto de su propio avión de combate independientemente de los socios europeos y comenzara con los programas tecnológicos para su desarrollo. Airbus Defence podría asumir la dirección del sistema global, MTU los motores y Hensoldt y Helsing los sensores y la conectividad. Además, si Alemania tomara la iniciativa y se sumara a la financiación, otros socios se unirían seguramente. España, como socio de Airbus, probablemente participaría, pero también Bélgica y, posiblemente, Polonia podrían estar interesadas.































