
Cuando la Casa Blanca se prepara para lanzar una nueva ofensiva arancelaria con nuevos gravámenes basados en supuestos incumplimientos de reglas sobre trabajos forzosos y en plenas negociaciones con México y Canadá para renovar el Tratado Comercial de Norteamérica (TMEC), el déficit comercial de Estados Unidos sigue reduciéndose. La diferencia entre exportaciones e importaciones ascendió a 56.600 millones de dólares durante el pasado mes de abril, lo que supone un descenso del 1,2% respecto a idéntico mes del año anterior, según los datos publicados este martes por la Oficina de Análisis Económico y la Oficina del Censo de Estados Unidos.
Las relaciones comerciales de Estados Unidos durante el pasado abril están influidas por las consecuencias de la guerra contra Irán: el encarecimiento del precio del petróleo y los problemas en las cadenas de suministro por el bloqueo del Estrecho de Ormuz. Los datos muestran la fiebre descontrolada de las empresas tecnológicas para hacerse con microprocesadores en plena carrera de la inteligencia artificial (IA).
Las exportaciones de abril ascendieron a 327.100 millones de dólares, 8.300 millones más que las de marzo, lo que representa un alza del 2,7%. El encarecimiento del precio del petróleo, el fueloil y otros productos derivados del crudo contribuyeron a la expansión de las ventas al exterior.
La guerra en Oriente Próximo está dejando un claro ganador: el sector petrolero estadounidense. Ante las restricciones de comercio de crudo en el Golfo Pérsico, la industria energética estadounidense está aprovechando su capacidad de producción, con sus campos de fracking y petróleo en la cuenca Pérmica y el Golfo de México, que proporciona suficientes recursos de gas natural y crudo para vender a otros países sedientos de energía.
Por su parte, las importaciones de abril fueron de 383.000 millones de dólares, 7.600 millones más que el mes anterior, un 2% más. La efervescencia del sector de la IA, en el que las grandes compañías tecnológicas han sacado la chequera para hacerse con ingentes cantidades de microprocesadores de última generación para no quedarse atrás en la carrera por conseguir el modelo más avanzado, ha influido en los datos de la balanza comercial. Las importaciones de material informático, semiconductores y equipos de telecomunicaciones impulsaron las compras al exterior.
Los datos revelan que desde que el pasado 2 de abril de 2025, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aprobó los aranceles generalizados a todos sus socios comerciales en una jornada que bautizó como el Día de la Liberación, la balanza comercial se ha equilibrado consistentemente y el déficit comercial estructural del país se ha reducido ostensiblemente.
La Administración Trump ha encarecido las compras al exterior con la imposición de aranceles y está presionando a las grandes multinacionales para que trasladen sus plantas de producción a Estados Unidos en una política ultraproteccionista. De esta forma, está logrando equilibrar el saldo comercial.
Pero la mayor economía del mundo es también el país más rico del planeta. Las empresas y ciudadanos estadounidenses tienen más recursos para comprar, lo que condiciona las relaciones comerciales.
El desequilibrio comercial se produce sobre todo por el déficit en el saldo de bienes, mientras que en el comercio de servicios, Estados Unidos obtiene un superávit.
La reducción del desequilibrio comercial de Estados Unidos se produce en plena renegociación del Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá, firmado en 2020 durante el primer mandato de Donald Trump en la Casa Blanca. El acuerdo preveía una revisión a los seis años. Así que las autoridades de los tres países han reabierto las negociaciones en busca de lograr mejoras para sus propios intereses. Washington ya ha advertido que no está contento con la situación actual y ha planteado que la mitad de las piezas y el contenido de los coches fabricados en toda Norteamérica proceda de proveedores estadounidenses. También quieren imponer nuevas restricciones para el comercio de aluminio y el acero. México y Canadá también presionan para lograr ventajas e impedir que Trump se salga con la suya.
Al tiempo, Estados Unidos ultima la imposición de nuevos aranceles a unos 60 países y bloques comerciales entre los que se encuentran la Unión Europea, China o México en virtud del artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974, que permite la imposición de gravámenes ante desequilibrios comerciales o competencia desleal. El Departamento de Comercio ha abierto una investigación a estos países alegando que se han producido vulneraciones de las leyes contra el trabajo forzoso porque han importado productos de territorios donde no se vigilan estas normas. En realidad, Washington trabaja para levantar un nuevo muro arancelario tras el revés del Tribunal Supremo de Estados Unidos el pasado febrero cuando declaró inconstitucionales los gravámenes a la importaciones recíprocos impuestos por Trump el Día de la Liberación.
Tras la anulación, la Casa Blanca reaccionó con un arancel global del 10%, pero que debe pasar por el filtro del Congreso antes del final del verano. Ante la inminencia de las elecciones de mitad de mandato, el ocupante del Despacho Oval no tiene muchas esperanzas de que se lo vayan a validar. Así que ha preparado un nuevo armazon aracelario, que le permitirá seguir reduciendo el déficit comercial.































