
Choosin’ Texas, de Ella Langley, es la canción más escuchada en Estados Unidos a lo largo de 2026. Es una canción del género country. Al igual que la inesperada canción de Taylor Swift para la película Toy Story 5. La música country, ¿pertenece a la derecha o a la izquierda política? A todos, como los documentos fundacionales de EE UU, la Declaración de Independencia y la Constitución.
La cuestión es relevante, este 4 de julio, al celebrar el 250 aniversario de la fundación de América. Garth Brooks y John Rich son dos cantantes americanos de country muy exitosos. Brooks, demócrata, participa en conciertos organizados por America250; no confundir con Freedom 250, la entidad fundada por Donald Trump para organizar los fastos del 250 aniversario. De distinto signo político, al menos, ambas organizaciones tendrán este tipo de música tradicional norteamericana. Pero es muy triste que el país celebre por separado su 250 cumpleaños.
La polarización política en América, hoy, alcanza a todos. Y a todo. Aunque es posible que esa polarización esté localizada en las élites, tanto de izquierda como de derecha: medios de comunicación, políticos, analistas, comentaristas, actores… son una minoría, comparada con la inmensidad de americanos, que asistirán a unos actos y a otros, con el deseo de pasarlo bien, beber Coca-Cola y comer hamburguesas, pizza y perritos calientes: ¿hay algo más americano que esto?
Curiosamente, hay denominadores comunes en los aniversarios de la fundación de América. Por ejemplo, en 1876, Estados Unidos celebró su primer centenario, con fuerte recesión económica y un presidente (Ulysses Grant) acusado de enriquecimiento ilícito –también su familia– abusando de la presidencia. Grant era republicano y un héroe de la Guerra Civil. La deuda pública –consecuencia del conflicto y de la reconstrucción del sur– casi llevó a la nación a la bancarrota.
Pero estaban los indios nativos. O más bien el oro descubierto en 1874 por el general George A. Custer en Sioux, Cheyenne, el lugar sagrado de los Lakota. Las Colinas Negras, en Montana, lugar espiritual de los Lakota, tenían muchísimo oro. El presidente Grant vio la oportunidad para hacerse con el metal precioso y así resolver el problema de la deuda. Los tratados entre el Gobierno de EE UU y los Lakota prohibían la entrada de blancos en las Colinas Negras. Cuando se supo que Custer había encontrado este mineral, estalló la segunda fiebre del oro, a costa de los indios. La excusa del Gobierno (enviar al ejército para proteger a los blancos) era tan falsa como perverso fue enviar a Custer para meter en vereda a los indios. La aniquilación de Custer y del Séptimo de Caballería impactó y trastornó a la nación en su primer centenario y fue una sentencia de muerte de los Lakota.
Mientras, en Filadelfia tenía lugar una feria mundial para celebrar el centenario y, también, invenciones como la máquina de escribir o el teléfono. Se construyeron grandiosos edificios. La presidencia de Grant acabó mal, con una crisis constitucional por las ajustadas elecciones presidenciales de noviembre de 1876. Ulysses Grant, acosado por escándalos y por querer robar elecciones, decidió retirarse. Las contestadas elecciones de 2020 (Biden versus Trump), cuyo resultado Trump no reconoció, también causaron conflictos jurídicos y enfrentamiento social. Trump, como Grant en 1876, construye grandes obras: un arco del triunfo mayor que el parisino, entre otras.
En el 150 aniversario de 1926, las celebraciones estuvieron marcadas por una restrictiva ley sobre inmigración de 1924. Entre 1776 y 1926, millones de emigrantes procedentes de Europa llegaron a una América esencialmente blanca, con un leve toque afroamericano. Esto cambió en 1965, cuando el presidente Johnson firmó la Ley de Inmigración y Nacionalidad, que abolió el anterior sistema de cuotas nacionales –discriminatorio con los extranjeros– y abrió las puertas a la inmigración masiva y equitativa desde América Latina y Asia. Con esta ley y la de Derechos Civiles de 1964 –que acababa con la segregación de Jim Crow–, Johnson entregó el Sur a los republicanos: la región, que en bloque siempre había votado demócrata (1861-1965), se pasó al bando republicano.
La inmigración, el derecho a la nacionalidad por nacimiento, los derechos civiles, etc., son cuestiones que hoy siguen igualmente vivas y en los juzgados: el Tribunal Supremo acaba de asestar un golpe a Trump respecto a la nacionalidad por nacimiento. En 1924, lo que motivó la ley de inmigración, conocida como Ley de Orígenes Nacionales, fue una crisis social sobre los valores, convicciones, religión y razas que conformaban el hecho de ser ciudadano americano. Aquella legislación instauró un estricto sistema de cuotas que limitó drásticamente la entrada de inmigrantes al país entre 1924 y 1965. En 2026 la inmigración es una cuestión abierta y controvertida, con visiones radicalmente opuestas.
Llegamos al bicentenario de 1976. Las similitudes entre entonces y hoy son inauditas. Crisis en la presidencia. En 1974, Richard Nixon fue el primer presidente en dimitir, para no ser juzgado por el Watergate. Nixon sostenía que “todo lo que hace un presidente está bien, por el hecho de ser presidente”, lo cual situaría al presidente por encima de la ley. Trump ha repetido esta idea muchas veces, pero con sus hechos ha ido mucho más lejos que Nixon.
A Nixon lo sustituyó un hombre bienintencionado, Gerald Ford, que presidió los fastos del bicentenario de 1976. El estado de ánimo de la nación era mixto. El precio de la gasolina estaba por las nubes (hoy, peor, por la inflación acumulada), consecuencia del primer embargo de petróleo de los países árabes, como castigo por el apoyo de EE UU a Israel en la guerra de Yom Kippur de octubre de 1973. Los americanos disfrutaron entonces, a pesar de la elevada inflación, de la película Rocky (Sylvester Stallone), la más taquillera de 1976; como en 2026 lo es The Super Mario Galaxy Movie. Guerras en Oriente Próximo, inflación: ¿1976 o 2026?
Las locuras presidenciales no son exclusividad de Trump, muestra la historia. La Declaración de Independencia (1776) llama a crear “a more perfect Union”, es decir, un trabajo inacabado, por hacer a lo largo de los siglos.































