
La CNMV trabaja en una nueva versión del código de buen gobierno, en cuyos primeros borradores se plantea un giro copernicano en la gestión de las grandes cotizadas. El documento recomienda que separen de una vez por todas las funciones del presidente, representativas, de las del consejero delegado, con poder ejecutivo. Las razones detrás de este planteamiento son bien conocidas. Los reguladores aprecian que las labores del presidente de la compañía requieren de una dedicación y una independencia especial, que colisionan con el mando en el día a día de la empresa que tiene el consejero delegado.






























