Seguramente a usted le toque, por suerte o por desgracia, hacer la compra cada semana. Y habrá comprobado que los precios de la cesta no dejan de subir. Imparables. El aumento de los costes de los alimentos se ha convertido en uno de los lastres para llegar a fin de mes. Una preocupación que agita a los españoles. Casi cuatro de cada diez declaran al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que la situación actual de su hogar es peor que la de hace seis meses y el 68% de ellos se refiere al alza continuada de la inflación como la causa principal. Los gastos de la casa y de la alimentación se comen el 60% del presupuesto de las familias más vulnerables. Y pocas cosas, salvo la vivienda, se han disparado tanto como la cesta de la compra desde 2021.
El precio de los alimentos se ha encarecido nada menos que el 37% en los últimos cinco años, según el INE. Y lo peor del caso es que no se atisba el final de la escalada. Más bien al contrario. La guerra que Estados Unidos e Israel libran contra Irán va a repercutir en el coste de los víveres. El incremento de los precios de los combustibles y de los fertilizantes que está provocando el cierre del estrecho de Ormuz se trasladará a los tiques del supermercado. No hay duda. “Llevamos una ola de inflación alimentaria muy alta y prolongada desde la pandemia de la covid. Y ahora la crisis del golfo Pérsico la agrava, ya que los fertilizantes son pieza fundamental para los alimentos. Somos muy dependientes de ellos. Los cereales, los piensos, la carne… están muy afectados. Como también el transporte, vital para la cadena de frío, o el embalaje. Sin duda vamos a una mayor inflación”, mantiene José Luis Nueno, profesor de IESE Business School. Algo que confirma Manuel Hidalgo, profesor de la Universidad Pablo de Olavide y economista de EsadeEcPol: “Veremos subidas del precio de los alimentos en los próximos meses debido al aumento del gas y de los fertilizantes, que ya se empiezan a trasladar a los productos”.
De hecho, la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas), que representa al 75% de la distribución de alimentos en España, ha calculado que solo el impacto de la subida del coste del gasoil en estos establecimientos es de 51 millones de euros desde el mes de marzo, “cifra que no ha dejado de crecer desde que comenzara la guerra en Oriente Próximo”. Aunque la organización que agrupa marcas como Mercadona, Dia, Aldi, Ahorramás o Consum asegura que las cadenas están haciendo “un ejercicio de contención de precios para aliviar el gasto de las familias, especialmente en los productos básicos como el azúcar, los huevos o el pan”, todas las fuentes consultadas para este reportaje creen que se producirán nuevos repuntes en la cesta de la compra, aunque, eso sí, de menor impacto que los experimentados tras el estallido de la guerra en Ucrania, el llamado granero del mundo, en 2022.

Los precios de los alimentos llevan en tasas de crecimiento relativamente elevadas desde entonces, tanto los elaborados como los no elaborados, subraya María Jesús Fernández, economista senior de Funcas. “Antes de la guerra de Irán se comportaban peor de lo esperado y, ahora, con el conflicto, esta situación se acentúa por el encarecimiento de los combustibles y los fertilizantes”, argumenta. La experta se refiere a tensiones previas al ataque a Irán, como las sufridas por el café o el cacao en los mercados de materias primas internacionales, o la gripe aviar que se ha cebado con los huevos o la reducción de la cabaña ganadera en España por la pérdida de rentabilidad de las explotaciones. Son crisis sucesivas que impactan de lleno en el IPC. “Puede que el alza de los fertilizantes no se note este mes o el que viene, pero se notará. Lo mismo que los precios del combustible, cuya subida han logrado frenar hasta ahora las medidas implementadas por el Gobierno. Pero en la segunda mitad del año veremos los alimentos no elaborados subiendo entre un 7% y un 8%, frente al 4,5% actual”, sostiene Fernández.
Una mala noticia para los bolsillos de los españoles, cuyos salarios han aumentado un 17,33% entre 2021 y 2025. perdiendo capacidad de compra. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha calculado para EL PAÍS la variación del precio de la cesta de la compra entre 2021 y abril de 2026. Se ha centrado en los 96 productos que forman parte del carrito habitual de los hogares españoles. Y sus resultados reflejan que el coste ha pasado de 239,97 a 340,16 euros, es decir, se ha incrementado un 42%. Los artículos que destacan en esta escalada son los huevos, con una subida del 133%; los zumos, del 118%; la margarina y el café (85%), el tomate (80%) y la cebolla (75%). Pero la carne de vacuno se ha encarecido un 71%, la leche el 67% y el chocolate un 66%. Palabras mayores.
“Cada vez se aceleran más los incrementos de precios en las tiendas. El hecho de que se anuncie ‘cuidado está subiendo la alimentación’ es un acicate para que las empresas aprovechen para elevarlos más rápidamente”, denuncia Miguel Ángel Pascual, responsable de Estudios de la OCU. “Los alimentos frescos y los productos saludables se han encarecido tanto que los compradores los perciben como artículos caros y dejan de consumirlos. Así ha ocurrido con el pescado”, apoya Enrique Sánchez, portavoz de la organización.

Y es que sean cuales sean los motivos de los aumentos —que, en opinión de Manuel Hidalgo, hasta ahora responden en su 80% a shocks internacionales ajenos a la cadena alimentaria y el sector de la distribución—, las bajadas tardan más en llegar, si es que lo hacen. De hecho, según el análisis de la OCU, sólo un producto ha bajado en estos cinco años: la patata, que cede un 5% del valor, condicionada este año por el hundimiento de sus precios en origen. Papel higiénico, salchichas, y garbanzos son los artículos que menor incremento de precios han sufrido de 2021 a 2026: entre el 4% y el 8%. El pan, el pollo y la manzana también figuran entre los 10 productos con encarecimientos más moderados: entre el 18% y el 19%.
“Es raro que los precios vuelvan a su nivel de partida. Como muestra la evolución reciente de aceite de oliva, que en 2021 se vendía en los supermercados a 2,62 euros el más barato, en 2024 subió desmesuradamente hasta casi 9 euros, después bajó y ahora está en cuatro euros”, mantiene el portavoz de la OCU. El consumidor se acostumbra a los nuevos precios, justifica Patricia Gabaldón, profesora de Economía de IE University, y a fabricantes y distribuidores no les compensa reducirlos. Solo lo hacen cuando pierden volumen de ventas, remacha Joan Riera, director del Servicio Cliente de Kantar.
De momento, no se atisban cambios importantes en los tiques de los comestibles derivados de la guerra de Oriente Próximo. Salvo en las frutas y verduras, que el muestreo mensual que realiza la OCU en los supermercados arroja un alza del 5,75% en abril. Sin embargo, el IPC de alimentos y bebidas del INE bajó una décima ese mes para colocarse en el 2,6%, pese a los incrementos de los huevos, la carne de vacuno y las legumbres y hortalizas frescas, superiores al 14%, 13% y 11%, respectivamente.
Funcas pronostica que, en la segunda parte del año, el IPC alimentario ascenderá a entre el 4% y el 5%. “La subida de las materias primas se traslada automáticamente a los fabricantes”, explica José Luis Nueno, “ellos la han de asumir porque no tienen capacidad de respuesta hasta que negocian los precios con los distribuidores, que se resisten a los incrementos. En este ínterin pueden pasar unos seis meses hasta que se traslada el nuevo precio al consumidor. Aunque ahora será más rápido porque tras la covid ambas partes tienen más costumbre de negociar”. El profesor de IESE cree que el verano puede ser el momento propicio para que el encarecimiento llegue al ciudadano. “Se suele aprovechar porque vienen turistas y los españoles cambian su residencia habitual. Aunque puede que sea antes”, estima.

Acumulación de crisis
Al consumidor le queda poca capacidad de maniobra tras años de malabarismos con sus presupuestos, según Nueno. Primero la crisis energética de 2021, luego la invasión rusa de Ucrania, el segundo productor mundial de cereales y aceites vegetales, la ruptura de la cadena de suministros, la escalada de las materias primas, la huelga del transporte, la sequía… “Hemos tenido una acumulación de crisis en los últimos años y, cuando se habían moderado los costes de la energía, los carburantes y de algunas materias primas, estalla el conflicto en Oriente Próximo”, relata Ignacio García Magarzo, director general de Asedas.
Por suerte, actualmente los salarios están subiendo más que los precios de la cesta de la compra. “Estamos ganando poder adquisitivo, algo que no sucedió entre 2022 y 2024”, sostiene Manuel Hidalgo, que se reconoce como el primer enfadado al hacer la compra cada semana. Ese incremento salarial y el hecho de que el empleo haya crecido y más miembros de la familia estén ocupados ha servido para combatir la inflación, aprecia el economista que, no obstante, desliza que este año puede que se vuelva a perder poder de compra.
Y así, las familias empuñarán con más fuerza las armas del ahorro que han cambiado los hábitos de consumo y el surtido de los supermercados en estos últimos años. “Llevamos una década con la renta real de las familias estancada y eso tiene impacto en la forma de consumir: el vector precio es el más importante de todos, lo que hace al consumidor infiel con las marcas del fabricante y un gran usuario de la marca blanca”, reconoce un portavoz de la Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución (Anged), que añade que todos los costes de la cadena alimentaria están subiendo y existe gran presión sobre todos los eslabones. “Situaciones así no son cómodas para nadie y, si la crisis de Oriente Próximo se agrava, el consumidor puede perder la confianza, lo que afecta primero a la alimentación y luego al resto de categorías”.

Cambio de hábitos
En este último lustro la forma de hacer la compra de los españoles ha cambiado. Se han defendido de la inflación con un buen número de estrategias. Lo primero reorganizando gastos y ahorrando donde pueden. Uno de los grandes perjudicados ha sido el consumo fuera del hogar, en restaurantes y bares. Después, sustituyendo unos productos por otros más baratos, como ha ocurrido con la carne o el pescado. “Se ha pasado del pescado, que está en vías de extinción, a la carne. De la carne de vacuno a la de cerdo, después a la de pollo y luego al pollo congelado”, mantiene Nueno. El huevo es otro gran sustitutivo de esa proteína. Pese a su enorme encarecimiento —de un 30% solo en el primer trimestre de este año—, la demanda sigue aumentando porque es más barato que la carne o el pescado, mantiene Riera. “El cambio de productos no afecta a todas las familias por igual, es un problema grave para las rentas bajas y medias, como se está viendo sobre todo con el huevo y el aceite”, matiza Patricia Gabaldón.
Se ha rebajando el tique medio del supermercado, al que se va más veces para evitar desperdiciar comida con compras grandes y para aprovechar las ofertas de las distintas cadenas, lo que ha favorecido a los establecimientos de proximidad. Casi un cuarto de los españoles visita cuatro o más marcas para llenar su carrito, acorde con Kantar, que señala que más de la mitad de las compras son de necesidad inmediata. “La cesta de la compra es más pequeña, de unos 6/7 productos y un precio de 20/21 euros, lo que está transformando la oferta de los supermercados”, indican en Anged. “La distribución está trabajando mucho sobre el surtido para abaratar el carrito y el consumidor frecuenta un 10% más el supermercado, pero llena casi un 7% menos la cesta. Así controla su presupuesto”, resume Stephane Roger, especialista de NIQ (antigua Nielsen).
Y se ha producido un bum sin precedentes en la marca blanca o de distribuidor, que ha pasado de una cuota de mercado del 41%% al 47% en los últimos cinco años (ganando 1,2 puntos en los últimos doce meses), lo cual ha dado alas a los especialistas, como Mercadona (que acapara el 27,9% del sector de la distribución), Lidl o Aldi y a cadenas de descuento puro como Primaprix, haciendo mella en un gran número de grandes fabricantes, que tras la guerra en Ucrania tuvieron que recortar sus márgenes, explica el profesor de IESE. Por el camino, se ha perdido calidad en el producto fresco, agrega Nueno. Y los fabricantes de alimentación desarrollan menos innovaciones, en opinión de Roger.
Con todas estas estrategias, al final, “el comprador no ha asumido toda la inflación. Se ha gastado un 23% más en lugar de un 35%”, explica Riera. Mientras, la mayoría de las cadenas de supermercados están vendiendo más volumen e incrementando su facturación. “Es indiscutible que están ganando más dinero”, agrega. No hay más que ver los beneficios récord que han registrado en 2025 Mercadona (con un crecimiento del 25%) y Lidl (del 24%). O los de Dia, que se han triplicado, mientras que los de Consum aumentaban un 12,3%.
Los supermercados que más han incrementado los precios en estos años, según la OCU son los dependientes de El Corte Inglés —que precisamente acaba de lanzar una campaña por la que rebaja el precio de 1.300 productos habituales de primeras marcas y artículos de la cesta de la compra, después de encarecerse entre un 47% y un 41% entre 2021 y 2025—. Le siguen Mercadona, con el 38%, y BM y Carrefour, con el 37%. Los que menos se han encarecido son Alimerka (27%), Eroski (31%), Ahorramás (32%) y Alcampo (33%). De hecho, la organización de consumidores calcula que se pueden ahorrar hasta 1.130 euros al año comparando los precios de las tiendas. Pero el consumidor se ha resignado y, según sus expertos, es menos beligerante con la subida interminable de los precios de la cesta de la compra.
Llega el nuevo hit de los súper: el “listo para comer”
En España se abrieron más de 800 supermercados el año pasado. En 2026 la tendencia continúa. Sólo Mercadona, el líder del sector a gran distancia del resto, prevé inaugurar 59 y reformar 40 establecimientos. La compañía presidida por Juan Roig está marcando el paso una vez más en una de las tendencias que crece con más fuerza en las tiendas: la comida elaborada, que avanza a ritmos del 16%, según los datos de Kantar.
No es solo que su oferta de estos platos haya aumentado y mejorado la calidad, sino que la empresa valenciana ha decidido que sus supermercados se conviertan en un lugar de degustación de menús rápidos, habilitando espacios con mesas corridas, sillas, microondas, cubiertos y servilletas listos para utilizar. Una competencia que a los hosteleros les está cayendo como un jarro de agua fría. El presidente de Hostelería de España, José Luis Álvarez Almeida, manifestaba la semana pasada que los supermercados “quieren ser bares y eso es competencia desleal”. Álvarez Almeida pide igualdad de condiciones en la concesión de licencias para ambos negocios, en lugar de que a los supermercados “les pongan la alfombra roja y se acelere su tramitación”, pero sobre todo lo que reclama es que los bares no pierdan su alma siendo alojados en bancos, gasolineras o tiendas.
Sin embargo, la primera cadena de distribución del país está sacando partido a su decisión. Su formato “listo para comer”, disponible en 1.469 de sus tiendas (y que va a seguir impulsando en las nuevas) le reportó unas ventas de 700 millones de euros en 2025 solo en España. “Si se suma toda la oferta de comida preparada, que incluye desde gazpachos, cremas, pollo asado envasado, pizzas refrigeradas…, la cifra alcanza los 3.000 millones en España y Portugal”, señalan fuentes de Mercadona.
Nadie quiere dejar pasar este filón. Por ejemplo, Dia mantiene que las ventas de las 185 referencias listas para comer han aumentado un 90% entre 2021 y 2026. Y es que se trata de una opción que utilizan el 82% de los hogares españoles (cuatro de cada diez recurren a ella más de una vez al mes), acorde con NIQ, la antigua Nielsen. Incluso entre los jóvenes y las familias con hijos el consumo llega hasta el 90%.
La opción listo para comer contrasta con ese mirar hasta el último euro al hacer la compra que los españoles llevan practicando desde la escalada inflacionista provocada tras la guerra de Ucrania. Y la explicación es sencilla. Los expertos coinciden al señalar que lo que realmente está sustituyendo este gasto es el consumo fuera de casa: “La gente se queda cada vez más en el hogar y hay un trasvase del consumo de fuera del hogar a dentro. Es una manera de gastar menos”, señala Stephane Roger, de NIQ. “El teletrabajo y el ajuste de horarios en las oficinas, donde cada vez se pasa menos tiempo, provocan que se consuma más en casa”, coincide Ignacio García Magarzo, director general de Asedas.
Uno de cada cuatro clientes considera los platos preparados como una alternativa a una salida a un bar o un restaurante, según Kantar, cuyos datos ponen de relieve que actualmente los actos de compra del canal Horeca (hoteles, restaurantes y catering) están cayendo a ritmos del 2%/3%, mientras los de comida elaborada de los supermercados son los únicos que suben: un 3,6%.
La búsqueda de comodidad y ahorro de tiempo son los motores de esta nueva forma de consumo que ha consolidado al supermercado “como una opción clara de restauración”, cuyas ventas suman 3.750 millones de euros entre marzo de 2025 y 2026, aprecia NIQ. En un momento en el que seis de cada diez hogares señalan que carecen de tiempo para cocinar, el hecho de que la comida elaborada sea más cara que la fresca no retrae a los compradores, ya que “resulta más eficiente. El consumidor piensa que no despilfarra al comprarla”, sostiene Patricia Gabaldón, profesora de Economía de IE University.
La inflación no ha eliminado el consumo fuera de casa, pero ha cambiado dramáticamente el comportamiento del consumidor, indica José Luis Nueno, profesor de IESE: “Los sectores de comida preparada y de restauración económica (tipo McDonald’s, Burger King, 100 Montaditos…) se han convertido en amortiguadores estratégicos entre el consumo doméstico y la restauración tradicional durante la actual crisis inflacionaria energética y geopolítica”. Son un lujo asequible que preserva sus momentos de ocio.






























