
Prácticamente todos los chips avanzados del mundo tienen sus circuitos impresos dentro de una máquina de ASML. Los patrones de silicio tienen el ancho de un átomo. Colocarlos con precisión implica disparar láseres a gotas microscópicas de estaño 50.000 veces por segundo, algo que solo ASML puede hacer. En teoría, eso podría dar al grupo neerlandés de 520.000 millones de euros licencia para cobrar lo que quiera. La realidad es más complicada.
La lógica económica sugiere que monopolistas como ASML tienen un inmenso poder de fijación de precios, especialmente dada la creciente demanda. No es como si clientes fabricantes de chips como Intel, Samsung Electronics y TSMC pudieran ir a otro lugar en pos de equipos similares en medio del auge de los semiconductores de inteligencia artificial. El jefe de ASML, Christophe Fouquet, cobra mucho, de hecho: cientos de millones de dólares por máquina en algunos casos, con un margen bruto esperado para 2026 que supera el 50%.
Sin embargo, ese margen es pequeño comparado con otros titanes de la cadena de suministro de la inteligencia artificial. TSMC, que fabrica chips usando equipos de ASML, está en camino de alcanzar el 65% este año natural, muestran los datos de Visible Alpha. Los diseñadores de semiconductores Nvidia y Broadcom deberían de alcanzar márgenes brutos del 75% y 76% respectivamente. Los grupos de chips de memoria como Micron Technology y SK Hynix están aún más arriba.
En otras palabras, ASML básicamente cobra el doble de lo que cuesta fabricar sus productos, mientras que otros proveedores indispensables de la inteligencia artificial cobran tres o cuatro veces más. Sorprendentemente, su margen bruto puede incluso estar por detrás de los márgenes operativos de sus competidores. No es de extrañar que una de las preguntas más comunes de los inversores, según los analistas, sea por qué la empresa neerlandesa no cobra más.
Una respuesta es su concentrada base de clientes, lo que reduce el poder de negociación del CEO Fouquet. En 2025, su mayor comprador individual, probablemente TSMC, representó casi una cuarta parte de las ventas netas. Es cierto que los compradores no pueden obtener equipos de vanguardia en otro lugar. Pero los poderosos clientes de ASML están lo suficientemente seguros en sus propias posiciones de mercado como para retrasar los pedidos si no les gusta el precio ofrecido.
Podría decirse que esto ya está sucediendo con la próxima generación de productos de ASML, llamadas máquinas High-NA EUV, que pueden costar 400 millones de dólares (340 millones de euros). TSMC dijo recientemente que podría apañárselas por ahora sin este costoso equipo nuevo.
Finalmente, subir los precios de los productos antiguos dañaría la relación de ASML con estos mismos clientes, lo que podría retrasar aún más las compras de material de vanguardia.
Por tanto, la compañía neerlandesa hace tiempo que llegó a la conclusión de que solo puede cobrar más cuando demuestra un salto en el rendimiento. Esta es la lógica detrás de lo que ASML y los analistas llaman un marco de precios “basado en el valor”, que vincula en la práctica el coste del equipo a su productividad.
Hay, al menos, algunas buenas noticias en ese frente. Los investigadores de ASML dijeron en febrero que habían encontrado un método revolucionario para aumentar la potencia de una fuente de luz en su actual generación de máquinas, mejorando el rendimiento. Los analistas de Bernstein calculan que esto podría permitir al grupo neerlandés aumentar el precio medio de venta de este producto clave en un 60% para 2030, en relación con los niveles de 2025.
Así que, al fin y al cabo, ASML puede elevar el coste de sus productos. Pero, a diferencia de los monopolistas de los libros de texto de economía, tiene que ganarse el derecho a hacerlo.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías































