
Una mañana, en la playa de Balerma, una pequeña localidad costera de El Ejido (Almería), dos alumnas del colegio SEK Alborán conversan con un vecino. Ellas, con un vistoso chaleco amarillo; él, con una bicicleta de la mano. El hombre señala el mar y la línea de la costa. “Cada año parece haber menos arena”, les explica. Mientras las estudiantes toman notas, les habla de una playa que recuerda más ancha y de una erosión que preocupa cada vez más a quienes viven allí. No están realizando una entrevista periodística ni participando en una actividad extraescolar: forman parte de una experiencia educativa que ha convertido ese tramo de costa en un espacio de investigación y aprendizaje.































