El presidente del Gobierno mantiene viva una moribunda legislatura en la engañosa creencia de que España navega en una mansa estabilidad política y social, manifestada en un crecimiento económico y del empleo generosos, pese a llevar toda la legislatura sin un solo Presupuesto del Estado, con una agenda política sepultada de casos de corrupción y un debilísimo hilo de apoyo político que le impide aprobar cualquier iniciativa parlamentaria y que proyecta una imagen de interinidad y de agónico fin de ciclo. La situación dista leguas de poder considerarse normal, y aunque es difícil de cuantificar, afecta muy negativamente al desempeño de la economía, tanto para los agentes internos como externos, cuando España tiene urgencias severas que afrontar que no pueden esperar a que mejore el humor de los dirigentes políticos.

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