formas_de_liderazgo

Lionel Messi es una estrella del fútbol que se destaca por encima de los individuos del colectivo de fútbol del cual forma parte. Pero a pesar de sus éxitos, se siguen poniendo en duda sus cualidades de conductor y líder. A diferencia de Diego Maradona -se afirma- Messi no es capaz de “ponerse el equipo al hombro”. «Es muy buena persona, pero no tiene mucha personalidad para ser líder», dijo recientemente Maradona.

En líneas generales, se pueden distinguir dos formas de liderazgo:

El líder autoritario

Este impone su voluntad sin consultar la opinión de sus colaboradores, más que para confirmar la propia. Ve el disenso como falta de confiabilidad y como una prueba de deslealtad. El conductor autoritario puede incluso ser generoso, pero exige a cambio total sometimiento. Figura irreemplazable, y pese al ímpetu que pueda proporcionar al colectivo a corto plazo, estos líderes acaban finalmente por debilitar al grupo, de dos maneras diferentes.

Primero, al no afianzar los mecanismos que aseguran el buen funcionamiento del grupo, deja al colectivo acéfalo -sin sucesor ni conducción- en el momento de su retiro. En segundo lugar, al centrar toda la actividad del grupo en torno a su persona, impide el crecimiento de sus compañeros de equipo, quienes por confiar ciegamente en el líder renuncian al propio desarrollo, necesario para lograr las metas establecidas.

A riesgo de pecar en simplificaciones, el estilo de conducción de Maradona se asemeja al liderazgo autoritario y arbitrario.

Manejó a voluntad del equipo, aún por encima del director técnico; sumisión del grupo a las exigencias del conductor, defenestración pública (fenómeno que persiste aún después del fin de su carrera deportiva); acaparamiento de toda la atención pública, reduciendo al grupo al rol de apéndice mediático del líder.

El líder democrático

Este es, en función de su genialidad, también irremplazable. Messi, por su parte, encaja en un modelo alternativo de liderazgo más democrático, donde las iniciativas del conductor presuponen las iniciativas de los demás integrantes del grupo.

Pero al permitir crecer a sus colaboradores sin que eso signifique una amenaza a su propia posición, prioriza indirectamente los mecanismos -las instituciones, si se pretende aplicar este análisis a la sociedad- que en el momento del retiro del líder permitirán el ágil traspaso a una nueva conducción.

Por esa razón, el conductor democrático mantiene siempre un perfil bajo: Más que por las palabras del líder, el grupo se expresa mediáticamente a través de sus logros.

 

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