Los «swifties» están dispuestos a comprar cualquier cosa relacionada con su idolatrada Taylor Swift, desde CD y vinilos a chaquetas y bufandas inspiradas en las canciones de la cantante, pasando por la basura generada por su ídolo (capaz de tocar con su varita mágica hasta a unos humildes despojos).

El pasado 3 de mayo la artista estadounidense contraía matrimonio con el jugador de fútbol americano Travis Kelce en una ceremonia celebrada en Madison Square Garden (Nueva York) de la que fueron testigos decenas de «celebrities».

Los fans de Taylor Swift acudieron en tropel a Madison Square Garden con la esperanza de atisbar algo de una boda que se celebró con sumo secretismo y de la que ni siquiera se han publicado fotografías oficiales.

La basura de la boda de Taylor Swift, un negocio con mucho tirón

Entre quienes se congregaron el pasado 3 de julio en Madison Square Garden para ser testigos (en vano) de la que es probablemente la boda del año se coló un infiltrado ávido de ganar dinero a costa de la boda de Taylor Swift, pero no porque fuera a hurtar fotos a los novios y a los invitados, sino porque iba a robarles (literalmente) la basura para después envasarla y a continuación venderla online.

Ese infiltrado es el artista radicado en Nueva York Justin Gignac, que ataviado con un elegante esmoquin se presentó en Madison Square Garden con la intención de aprovisionarse de los despojos generados en la opulenta boda de Taylor Swift y Travis Kelce.

Una vez allí, rodeó el recinto y recogió la basura acumulada en el suelo para ponerla posteriormente a la venta en internet. Lo de recoger basura, envasarla y después venderla no es nada nuevo para Gignac, que lleva desplegando idéntico comportamiento desde hace años en grandes eventos celebrados en la Gran Manzana como la Nochevieja en Times Square y las celebraciones de los Yankees y los Giants. Sin embargo, los esponsales de Taylor Swift y Travis Kelce han sido indudablemente uno de los eventos más interesantes donde Gignac ha acudido a proveerse de basura.

La serie de «souvenirs» alumbrados por Gignac ha sido bautizada con el nombre de «Not Invited Edition» (para poner de relieve que la basura no se recogió exactamente dentro de la boda, sino en las inmediaciones del recinto donde tuvo lugar el evento).

En «Not Invited Edited» se abren paso (convenientemente envasados en cajitas de aproximadamente 2,5 centímetros) todo tipo de objetos, desde auriculares extraviados a anillas de latas de refrescos. Las cajitas con «souvenirs» de la boda de Taylor Swift y Travis Kelce van acompañadas además de la frase «JUST&T MARRIED!», en un guiño más que evidente al mensaje desplegado en las pantallas de Madison Square Garden después de que la pareja contrajera matrimonio.

El proyecto «New York City Garbage» nació originalmente hace 25 años

Gignac llega recogiendo basura y vendiéndola en cajitas selladas de plástico durante casi 25 años como parte de un proyecto bautizado con el nombre «New York City Garbage». Sin embargo, las cajitas comercializadas por el artista son normalmente bastante más grandes, de aproximadamente 9 centímetros de diámetro.

Cuando Gignac apalancó la mirada en el enlace de Taylor Swift, decidió alojar la basura compilada durante el evento en cajitas más pequeñas que el artista iba a utilizar a priori para celebrar el 25º aniversario de «New York City Garbage» y que se revelaron enseguida como particularmente adecuadas para arrebatar la atención de los «swifties».

Con la basura recogida en las inmediaciones de Madison Square Garden el día de la boda de Taylor Swift Gignac llenó 50 cajitas que comercializó a continuación por 25 dólares cada una. Y lo cierto es que las cajitas fueron ungidas con el éxito, pues se agotaron en apenas 24 horas y 8 minutos. Tal ha sido el éxito del proyecto que Gignac tiene previsto sacar a la venta 39 cajitas más que sumadas a las 50 anteriores serían 89, una cifra que no obedece en modo alguno al azar y corresponde al año de nacimiento de Taylor Swift.

Aunque las cajitas con basura de la boda de Taylor Swift comercializadas por Gignac han logrado acaparar múltiples miradas en los últimos días, lo cierto es este «drop» es sólo una pequeñísima parte de un proyecto que el artista lleva gestando durante décadas, tal y como relata él mismo en declaraciones a Fast Company.

«New York Garbage» nació para poner en valor la relevancia del diseño en el «packaging»

Los orígenes del proyecto «New York City Garbage» se retrotraen al año 2001, cuando Gignac tenía 21 años y trabajaba como becario en MTV. A raíz de un debate con un colega que insistía en que el diseño del «packaging» carecía totalmente de relevancia, Gignac decidió rebatir su argumento envasando algo que nadie querría a bote pronto comprar: la basura.

El artista emplazó la basura recogida en la Gran Manzana en cajitas transparentes de plástico ornadas con la leyenda «New York City Garbage» que comenzó a comercializar en un pequeño puesto instalado en Times Square.

Con tan inusitado proyecto Gignac demostró no sólo que su colega estaba equivocado, sino que levantó también los cimientos de un pequeño negocio que le ha llevado a vender más de 1.700 cajitas de basura a lo largo y ancho de todo el globo.

Las primeras cajitas de basura alumbradas por Gignac tenían un precio de 10 dólares que actualmente se ha disparado y se mueve en una horquilla de entre 25 y 100 dólares. El elevado precio de las cajitas es de naturaleza deliberadamente disuasoria, pues la demanda ha terminado superando a la oferta. Así y todo, y pese a la subida de precio, lo cierto es que la gente sigue comprando de buena gana las cajitas de Gignac.

En 2012, cuando Gignac decidió empezar su propio negocio y embarcarse en otros proyectos creativos, el artista decidió clausurar «New York City Garbage». Sin embargo, en 2024, y después de muchos amigos le pidieran que retomara este proyecto, Gignac decidió reabrir la tienda online vinculada a «New York City Garbage». Y el primer «drop» lanzado tras la reapertura (integrado por 50 cajitas de 100 dólares cada una) se agotó en apenas 90 minutos.

En vista del éxito de un proyecto donde la línea que separa el arte del negocio está felizmente desdibujada, Gignac tiene pensado seguir compilando basura y está interesado, por ejemplo, en recoger desperdicios de los vestuarios de los equipos deportivos para vendérselos después como «souvenirs» a los fans. A veces la basura vinculada a momentos especiales termina preñada de tantísimo valor que la gente está de verdad dispuesta a pagar dinero por ella.





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