El Mundial de Fútbol 2026, cuya final disputan el próximo domingo España y Argentina en un encuentro que se antoja absolutamente apasionante mucho antes de que empiece a rodar el balón sobre el césped, se ufana del ser el torneo de la FIFA más grande y más largo de toda la historia.

Desde que arrancara el pasado 11 de junio en Estados Unidos, México y Canadá, la Copa Mundial de la FIFA nos ha dejado en lo deportivo partidos mejores y peores, unas cuantas sorpresas y también bastantes polémicas. No obstante, donde más se está notando probablemente el impacto del Mundial de Fútbol es fuera del césped. Desde una perspectiva eminentemente marketera la Copa Mundial de la FIFA 2026 dejará a buen seguro una huella indeleble en las retinas de los hinchas y también de quienes, aun no siendo aficionados al balompié, no pueden apartar la mirada de esta competición.

¿Ha destacado el Mundial más por el entretenimiento y el marketing que por el fútbol?

Si el Mundial de Fútbol ha terminado revelándose como un éxito absolutamente rotundo en clave marketera no es, de todos modos, por los sponsors o por las audiencias televisivas récord, sino porque el torneo ha demostrado que el fútbol es una sensacional plataforma global de entretenimiento.

Las controvertidas pausas de hidratación impuestas este año en el torneo (que habrían nacido, según las malas lenguas, no tanto para proteger a los futbolistas de las altas temperaturas, como para insertar anuncios) son sólo un ejemplo de la sensacional (y perfectamente engrasada) maquinaria publicitaria en que ha devenido el Mundial de Fútbol.

Para los cadenas de televisión, los sponsors y los anunciantes es evidente que los tres minutos de las pausas de hibratación son una forma de aprovechar el tirón comercial de una competición que siguen, al fin y al cabo, millones de personas a lo largo y ancho de todo el globo.

En el Mundial de Fútbol 2026 hemos sido además testigos de cómo (para disgusto de muchos) el balompié se ha «americanizado» profundamente aprovechando que Estados Unidos es uno de los países anfitriones del torneo. Al campo, y antes de que se inicien los partidos, saltan no sólo los 22 jugadores titulares, sino también los suplentes. Y los estadios cuentan con DJ que se encargan de amenizar con música los partidos. De hecho, la final de la Copa Mundial de la FIFA contará con su propio medio tiempo al más puro estilo de la Super Bowl y por allí desfilarán grandes estrellas del universo del entretenimiento como los cantantes Robbie Wiliams, Laura Pausini, Nicole Scherzinger y Jennifer Hudson, el actor Tom Cruise y también el creador de contenido IShowSpeed. El Mundial es mucho más que fútbol y nada más, es sobre todo y ante un gran espectáculo de entretenimiento (y ello lo hace también mucho más atractivo de cara a los anunciantes).

¿Más marketing, pero menos credibilidad?

Al calor de la actual Copa Mundial de la FIFA han nacido nuevas oportunidades de patrocinio (colonizando incluso hasta las axilas de los árbitros), nuevas formas de anunciarse en el torneo y nuevas maneras de hurtar las miradas del espectador. Y ello no es necesariamente malo, pero puede tornarse eventualmente problemático cuando todo el marketing que aletea en torno al Mundial amenaza con opacar hasta cierto punto la esencia del verdadero protagonista de esta competición: el fútbol. El hecho de que el marketing (en todas su vertientes) haya tenido el don de la ubicuidad en la Copa Mundial de la FIFA ha mermado hasta cierto punto la credibilidad del fútbol, máxime cuando esa credibilidad ha pisoteada vilmente en múltiples por la propia entidad organizadora del torneo y su controvertido presidente Gianni Infantino (que llegó al extremo de retirar una tarjeta roja a un jugador estadounidense después de que Donald Trump le llamara para pedírselo), asegura Bettina Sonnenschein en un artículo para Horizont.

Durante toda la celebración del Mundial las acusaciones e insinuaciones de fraude lanzadas contra la FIFA han sido constantes y ello erosiona inevitablemente la credibilidad de un torneo que se supone que es la competición futbolística más reputada sobre la faz de la Tierra.

La erosión en la credibilidad del Mundial es también obviamente un quebradero de cabeza para los sponsors, que han gastado muchísimo dinero para estar presentes en una compañía sobre la que sobrevolado invariablemente la sombra de la polémica. Puede que la Copa Mundial de la FIFA haya devenido en fenomenal plataforma global de marketing y de entretenimiento, pero ello ha terminado infligiendo también severas heridas en la credibilidad del torneo. El tiempo dirá si tales heridas logran sanar o no.



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