Desde hace tiempo sabemos que las principales medidas sobre política económica no las toman los gobiernos elegidos por las urnas. Las decisiones más relevantes sobre la economía, las empresas y la vida de los ciudadanos las adoptan los bancos centrales en base a los análisis de cualificados equipos técnicos. Sin embargo, las recetas de estas instituciones para tratar de domar unas economías, dominadas por un peso desproporcionado de las finanzas, no han sido nada neutrales y han comportado con frecuencia severas penalidades para los ciudadanos y enriquecimiento para los bancos. Los ejemplos más notorios han sido las reiteradas medidas de austeridad tras la Gran Recesión de 2008 y las subidas de los tipos de interés que agravaron las crisis que trataban de remediar.

La reciente subida de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE) hasta el 2,25% para afrontar las presiones inflacionistas causadas por la guerra de Oriente Próximo ha vuelto a poner de relieve su desigual efecto sobre familias, empresas y entidades financieras. La Confederación Europea de Sindicatos (CES), que también cuenta con solventes economistas, ha señalado la ineficiencia y desigualdad de la medida. Su secretaria general, Esther Lynch, ha recordado que “subir los tipos no produce más gas, ni cultiva más trigo, ni construye más vivienda”. La consecuencia es que, “los trabajadores son castigados por una inflación que no provocaron, mientras que los pagos a los accionistas aumentaron hasta 13 veces más rápido que los salarios en 2023”.

Los efectos desiguales de la subida de los tipos de interés también han sido señalados desde la academia. Paul de Grauwe, profesor en la London School of Economics, ha recordado en Social Europe que “la política de tipos de interés no es la herramienta adecuada para una crisis de oferta: las subidas de tipos no detienen las guerras, ni las pandemias y forzar una recesión para suprimir la demanda conlleva costes sociales que superan cualquier beneficio”. El economista belga proporciona un dato que expresa con nitidez como los remedios a las crisis han impulsado el aumento de las desigualdades: Las subidas de tipos han supuesto que mediante “las reservas remuneradas transftrabairieron 332.640 millones de euros a los bancos de la zona euro entre 2023 y mayo de 2026, impulsando los beneficios y los préstamos, lo contrario del efecto previsto”. En definitiva “un subsidio a los bancos disfrazado de política monetaria”.

La CES considera que en lugar de frenar los salarios mediante tipos de interés más altos, Europa debería frenar la especulación y el abuso de mercado. Lynch recuerda que la Unión se fundó con la promesa de que la integración económica mejoraría el nivel de vida e impulsaría el progreso social. Y advierte de que “si Europa no logra proteger a la población para que pueda acceder a los bienes básicos, esa promesa corre el riesgo de desmoronarse por completo”.



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