Nacer, crecer y morir sin apenas moverse. Gallinas hacinadas que no pueden ni abrir sus alas, conejos que nunca pisan el verde o cerdas reproductoras inmovilizadas durante semanas sobre un suelo de rejilla. Esa es la realidad de 300 millones de animales en Europa. En 2021, Bruselas prometió poner punto final al confinamiento animal con una ley para eliminar de forma progresiva las jaulas en la ganadería. La Comisión fue sensible a la petición de más de 1,4 millones de ciudadanos que apoyaron la iniciativa End the Cage Age. Cinco años después, esa promesa es papel mojado.

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Etiquetas para no engañar

El fin de las jaulas no garantiza por sí solo una transformación profunda del modelo ganadero. Desde la Asociación Nacional para la Defensa de los Animales (ANDA) temen que algunas empresas aprovechen el fin de las jaulas para mejorar su imagen sin introducir cambios reales. “La única forma de evitarlo es estableciendo un etiquetado en sostenibilidad que permita al consumidor diferenciar lo que es industrial de lo que es producción rural”, señala su director, Alberto Díez. “Todos tienen derecho a estar en el mercado, pero cada uno en su sitio, sin piratas revestidos de santos”, concluye.



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