
Los seres humanos somos, cada vez más, seres urbanos. Siete de cada diez españoles viven ya en ciudades de más de 50.000 habitantes y la tendencia es al alza. La vida de las próximas generaciones se desarrollará entre asfalto y edificios, también en el resto del mundo. Para imaginar la ciudad sostenible del futuro, Eugenia del Río, secretaria del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM), echó un vistazo al pasado. “Si revisamos las capas históricas que tienen nuestras ciudades, vemos que los usos mixtos ya los teníamos”, apuntó sobre un planteamiento que integra espacios residenciales, de ocio, trabajo o administrativos en un mismo bloque o zona y que se contrapone a corrientes más recientes como la que empezó a inundar las afueras con promociones dormitorio a finales de los noventa. “Es el modelo que ya existía y que perdimos por culpa del automóvil”, aseguró. “Creo que el concepto de uso mixto contribuye a que puedas tener distintos modos de vida y puedas disminuir el tiempo en el que te desplazas”, coincidió Alejandro Miguel, gerente de Sostenibilidad, Innovación y Tecnología del negocio inmobiliario de Acciona.
Esta fue una de las ideas que afloraron durante el encuentro organizado la semana pasada por EL PAÍS y la multinacional para conversar sobre el sector inmobiliario y la regeneración urbana, en el que también se abordaron cuestiones como la conservación del patrimonio. “Rehabilitar y regenerar los centros históricos de las ciudades es fundamental. Es nuestra identidad”, dijo Del Río. “Hay edificios que merecen ser rehabilitados para conseguir eficiencia energética, habitabilidad, accesibilidad… Pero hay edificios que no, que en origen son infravivienda. No podemos cometer el error de rehabilitar edificios que tienen infravivienda”, apostilló Felipe Iglesias, consultor urbanístico del bufete de abogados Uría y Menéndez y profesor de Derecho Administrativo en la Universidad Autónoma de Madrid.
En esos casos, el profesor propone “reciclarlos”, demoler el existente y construir una nueva estructura sostenible. “De hecho, existe la figura de la ruina económica”, apuntó Del Río. “Hay edificios que rehabilitarlos desde el punto de vista energético o incluso estructural es mucho más caro que hacer uno nuevo”, subrayó Iglesias.
Las ciudades del mañana han de ser resilientes y sostenibles, en todas sus dimensiones, según los expertos que participaron en el debate. “El inmueble tiene que ser sostenible tanto para el medioambiente como para las personas”, señaló Miguel, un enfoque que gana cada vez más fuerza y que da especial importancia a cómo se vive dentro del edificio, a garantizar interiores saludables y confortables para sus moradores. “Una vivienda sostenible es aquella que es respetuosa con el medioambiente, pero fundamentalmente con las personas”, incidió Del Río. Para la experta, los usos influyen mucho en la sostenibilidad. “Yo metería en la ecuación otro factor que es el social”, señaló Iglesias. “Por ejemplo, los estándares mínimos de una vivienda, cuánto debe medir, mínimo, para ser una vivienda digna y adecuada que es el mandato que da la Constitución”.
La sostenibilidad es un elemento que se tiene cada vez más en cuenta a la hora de buscar o construir una vivienda. “Hemos visto un cambio tremendo”, comentó María Paz Sangiao, responsable de Breeam, una de los principales certificaciones en esta materia para edificios, que evalúa categorías como el uso del suelo y ecología, materiales, demanda y consumo de agua y energía o el fomento de movilidad alternativa. La industria, contó Sangiao, se ha ido adaptando y en la actualidad utiliza por defecto materiales o productos con especificaciones sostenibles que no estaban disponibles en España hace 15 años, cuando el sello desembarcó en el país. “Hemos visto una evolución muy grande en ese sentido”, añadió al respecto el portavoz de Acciona.
La experiencia como arquitecta de Del Río también respalda este avance. Hace diez años, recordó, pocos de sus clientes se interesaban por aspectos como la eficiencia energética cuando le encargaban el diseño de una vivienda o edificio. Ya había estudios de arquitectura sostenible, pero la gente no estaba convencida de su utilidad. “Decían ‘me va a costar el doble y yo lo que quiero es una casa grande y unas calidades estupendas’. Y eso ya no ocurre”, reflexionó Del Río. “Hace no mucho no teníamos siquiera certificado de eficiencia energética y no podíamos medir cuánto de eficiente era o no una vivienda. Esto, poco a poco, los ciudadanos lo van comprendiendo, pero no tengo muy claro que sean capaces de valorarlo económicamente”, sostuvo Iglesias.
La normativa, las economías de escala y el cambio en la percepción del consumidor han contribuido a reducir los precios de la construcción, pero una apuesta por la sostenibilidad todavía conlleva un ligero sobrecoste en la inversión inicial. Aun así, dijo Miguel, cada vez son más los usuarios que buscan la sostenibilidad por el ahorro que conlleva en el día a día y por su efecto en el medioambiente. “Solamente cumpliendo lo que te exige la normativa ahora en España, ya estás haciendo viviendas que tienen una gran calidad desde el punto de vista de la eficiencia energética”, apuntó Del Río. “Si vas un poco más allá, hay cuestiones que son muy fáciles y que tampoco tienen por qué tener un coste más elevado”, añadió.
Huella medioambiental
Los principios de sostenibilidad, en el sentido más amplio de la palabra, trascienden las paredes de los edificios. La regeneración urbana considera los inmuebles una parte de un sistema más grande, un barrio o una ciudad, y busca reducir su huella medioambiental, mejorar la calidad del espacio sin desplazar a sus residentes, la cohesión social, mantener la identidad del lugar e impulsar la movilidad sostenible, entre otros aspectos. Sangiao puso como ejemplo de este proceso el que Londres inició en la zona este de la ciudad con motivo de los Juegos Olímpicos de 2012 y en el que ha invertido miles de millones de libras. “Querían que fuese una parte de la ciudad conectada, resiliente, con una infraestructura verde muy potente”, cuenta la experta sobre este área posindustrial que ahora alberga espacio residencial, instalaciones deportivas e instituciones educativas y culturales.
“Estamos avanzando bastante bien en rehabilitación de edificios, pero nos falta mucho para hacer operaciones de regeneración integral de barrio”, aseguró Iglesias, que considera necesaria la colaboración público-privada para impulsar y agilizar estos procedimientos. Las iniciativas de regeneración urbana traen consigo oportunidades, pero, dice la ONU, también son complejas y conllevan riesgos a tener en cuenta a la hora de abordarlas como la gentrificación de espacios privados y la privatización de los públicos.






























