
El Parlamento Europeo ha aprobado este martes el acuerdo arancelario con Estados Unidos alcanzado hace casi un año por 440 votos a favor, 151 en contra y 50 abstenciones. Se despeja así el último obstáculo que quedaba para que entren en vigor los compromisos europeos del pacto. Todavía falta que el Consejo de la UE, es decir, los Estados miembros, dé su beneplácito, pero este se da por descontado, ya que en esta institución nunca hubo dudas sobre la necesidad de ratificar el pacto por el que la mayoría de exportaciones europeas al otro lado del Atlántico pagan un arancel del 15% mientras que la Unión elimina cualquier tarifa de entrada a los productos industriales estadounidenses y a varios productos agrícolas considerados “no sensibles”, como la soja o los frutos secos.
Los 11 meses que han pasado desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, escenificaron el acuerdo en uno de los clubes privados de golf que este último, también magnate inmobiliario, posee en Escocia han llegado a hacer perder la paciencia al dirigente estadounidense. Trump, incluso, llegó a amenazar con imponer aranceles adicionales del 25% a los vehículos europeos el pasado 1 de mayo por esa demora. Finalmente la amenaza se aplazó y las negociaciones entre los dos colegisladores de la UE para ratificar el pacto comercial se aceleraron.
“Este paso es muy importante para demostrar la importancia que damos a esta relación comercial, la mayor del mundo”, defendió el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, en el debate previo a la votación, celebrado este lunes. “De hecho, ha aumentado. Estamos hablando de millones de puestos de trabajo y empresas que dependen de que colaboramos con nuestros socios estadounidenses de la mejor manera posible”, añadió.
“Hubo retrasos que no tenían que ver con nosotros, también tenían que ver con Estados Unidos. Ha estado lo sucedido con Groenlandia, cuando se amenazó con aranceles. Y el Supremo estadounidense rechazó los aranceles [impuestos por la Administración de Donald Trump]. Había mucha incertidumbre”, justificó durante el debate parlamentario Bernd Lange, presidente de la comisión de Comercio en la Eurocámara. “Hemos clarificado los puntos débiles que tenía este acuerdo”, añadió este veterano eurodiputado socialdemócrata alemán.
El paso dado este martes no es más que la ratificación de los textos legales que desarrollan parte del acuerdo arancelario, que también tenía aspectos que no precisaban de un desarrollo legal, como los compromisos de inversión o los de compra de productos estadounidenses. Los elementos que sí lo precisaban son los que atañen a la rebaja a cero de aranceles para importaciones estadounidenses (productos industriales y algunos agrícolas). Además, durante su tramitación legislativa −y a la vista de los vaivenes y amenazas constantes de la Casa Blanca− se ha introducido una fecha límite para que se solucione una de las asignaturas pendientes del acuerdo alcanzado en Turnberry (Escocia): los aranceles del 50% a las exportaciones europeas de acero y aluminio.
Este punto concreto del contencioso comercial se abrió antes incluso que la batalla por los mal llamados por Trump aranceles recíprocos. El pacto de Turnberry solucionó esta última pelea y la de los vehículos, pero no la primera: la del acero y el aluminio. Los productos europeos todavía tienen que pagar una tarifa aduanera para entrar en Estados Unidos del 50%, pese a que en el acuerdo arancelario se esbozó una línea de trabajo “basada en contingentes arancelarios”, es decir, cuotas de productos exentos de tasas o con una tasa menor hasta cierta cantidad. También se apuntaba a colaborar “para proteger a sus respectivos mercados del exceso de capacidad”, una referencia muy clara a China. Pero muchos meses después, la situación sigue igual. Por eso, el Consejo y el Parlamento introdujeron una modificación en la propuesta de la Comisión fijando el 31 de diciembre de 2026 como la fecha en que debe solucionarse el problema. Si llega ese momento y la situación actual se mantiene, la Comisión podría paralizar la aplicación del acuerdo.
Los colegisladores europeos también han introducido una fecha de caducidad para la exención arancelaria a las importaciones industriales y agroalimentarias: el 31 de diciembre de 2029, es decir, cuando este segundo mandato de Trump ya haya acabado. Seis meses antes de esa fecha, la Comisión “deberá presentar una evaluación exhaustiva de sus efectos sobre la industria, la agricultura y las pequeñas y medianas empresas de la UE, así como sobre la evolución de los flujos comerciales con terceros países”.































