“España ha demostrado que el pragmatismo verde vence al dogmatismo fósil”. Bajo esta premisa, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha defendido este martes que la transición energética no es un mero eslogan político, sino un “billete al futuro” y la única salvaguarda real para la soberanía económica del continente. Ante un orden mundial fracturado, Sánchez ha planteado que Europa debe elegir entre “turbinas o turbulencia”, ilustrando la fragilidad del modelo energético actual. De acuerdo con el Ejecutivo, la dependencia de los combustibles fósiles ―puesta en evidencia por los conflictos en Ucrania e Irán ― ha permitido que “un único líder extranjero decida y 27 economías europeas queden a su merced”, una vulnerabilidad que ya se traduce en un sobrecoste de más de 22.000 millones de euros para la Unión Europea.

Estas declaraciones han marcado el inicio de la cumbre WindEurope en Madrid, un evento que congrega a más de 60.000 profesionales del sector en un momento en que la energía se ha desplazado del terreno comercial al de la seguridad nacional. En este contexto, el mandatario ha insistido en que Europa debe apostar por las renovables y ha recordado que “la libertad energética no tiene precio”.

En un momento en el que el Pacto Verde europeo afronta críticas en ciertos bloques políticos, Sánchez ha sido enfático al afirmar que España se encuentra “mejor posicionada que nunca” para defender su continuidad, apoyándose en el avance de las energías renovables y la consiguiente reducción de su dependencia al gas. A modo de ejemplo, ha asegurado que en marzo de este año los precios de la electricidad fueron un 20% más bajos que hace un año, pese a que el gas se encareció un 60% como consecuencia de la guerra en Oriente Próximo.

Sánchez no ha ocultado su preocupación por la duración del conflicto entre Estados Unidos e Irán y su impacto en la inflación. El temor a un aumento generalizado delos precios le ha llevado a reivindicar su llamamiento a la Comisión Europea para establecer un gravamen sobre los beneficios extraordinarios de las compañías de petróleo y gas, subrayando que, en un entorno complejo como el actual, las empresas deben contribuir a aliviar la carga sobre los consumidores. “España no se conforma con liderar en precios eléctricos bajos; aspiramos a que Europa en su conjunto alcance ese objetivo”, ha añadido.

En la misma línea se ha expresado el Comisario Europeo de Energía, Dan Jorgensen, quien ha advirtiendo que la dependencia de los combustibles fósiles importados supone un lastre de 500 millones de euros diarios adicionales para la economía europea. Jorgensen ha subrayado que, si bien el Viejo Continente ha logrado reducir drásticamente su dependencia del gas ruso —pasando del 45% a menos del 10%—, el error estratégico de confiar la energía a potencias externas no debe repetirse jamás.

Para el comisario, la solución no reside en parches nacionales, sino en una “verdadera unión energética” que sustituya los sistemas “aislados” de los 27. Este nuevo paradigma se articulará a través de un ambicioso paquete de redes (grid package) que busca centralizar la planificación de infraestructuras y reducir radicalmente los tiempos de concesión de permisos para parques eólicos, de una década a tan solo seis meses.

El diagnóstico de Bruselas llega en un momento en que la industria pide pasar de los discursos a los hechos, con marcos de inversión claros y sencillos. Henrik Andersen, presidente de WindEurope, sostiene que un sistema basado por completo en energías renovables podría suponer un ahorro de hasta 1,6 billones de euros en costes energéticos para Europa. Sin embargo, advierte de que el actual modelo fiscal —que penaliza la electricidad mientras sigue favoreciendo a los combustibles fósiles— resulta incompatible con la competitividad industrial.

En su intervención, ha insistido en que la presión se ha intensificado además por el contexto geopolítico, con los conflictos en Ucrania e Irán, que han reforzado la idea de que la electrificación es clave para garantizar la prosperidad y la resiliencia del continente.

El sector también mira a nuevos riesgos. Rocío Sicre del Rosal, presidenta de la Asociación Empresarial Eólica (AEE), alerta de que Europa podría pasar de una dependencia energética a otra de carácter tecnológico, y subraya la necesidad de proteger una cadena de valor propia que hoy da empleo a más de 440.000 personas.

La visión de que el continente goce de una autonomía industrial ha sido reforzada por Miguel Stilwell, CEO de EDP, quien ha insistido en que la competitividad europea depende de aprovechar recursos que, a diferencia del gas o el petróleo, el bloque posee en abundancia, como puede ser el viento y el sol. Además, ha lamentado que mientras Washington utiliza créditos fiscales para incentivar el consumo de energía limpia, en Europa la factura eléctrica sigue lastrada por una carga impositiva que la convierte, en su opinión, en una herramienta de recaudación estatal a costa de penalizar la electrificación que se quiere promover.



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