Desde 1995 a 2023, Rusia fue uno de los principales vendedores de gasóleo a España. Según los datos recopilados por la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), el país liderado por Vladímir Putin vendía alrededor del 10% de diésel que España traía cada año del exterior. Esto le convertía en el segundo mayor país exportador de este producto a territorio español, solo por detrás de Italia. Eran los años en los que la Rusia poscomunista se proyectaba como un aliado comercial clave de la Unión Europea. Sus empresas energéticas patrocinaban incluso los grandes eventos deportivos europeos y Putin viajaba a Madrid para reunirse con los presidentes del Gobierno.

Sin embargo, todo saltó por los aires en febrero de 2022, cuando Rusia decidió invadir Ucrania. Para frenar la ofensiva bélica, Bruselas erigió una serie de sanciones contra el Kremlin y, entre otras medidas, prohibió comprar petróleo y sus derivados en toda la Unión Europea. Pero en el mercado tienen claro que, pese a no reflejarse en las estadísticas oficiales, el gasóleo ruso sigue llegando a través de países terceros con los que Moscú sí mantiene relación comercial, y que a su vez reexportan a España.

Precisamente, desde que en febrero de 2023 se cortó la relación petrolífera con Rusia, países como Marruecos, Turquía y Singapur empezaron a vender gasóleo a los operadores españoles. De hecho, Cores refleja cómo hasta el levantamiento del veto a Rusia, estos mercados no exportaban diésel a España; y justo desde entonces envían cargamentos de gasóleo de forma continuada. En 2025, último año con datos completos, entre Singapur, Turquía y Marruecos exportaron 1.331.000 toneladas de diésel, una cifra en línea con la media de lo que mandaba Rusia a España cada año antes del bloqueo diplomático y comercial de Bruselas.

Este fenómeno ha levantado voces de alarma entre los agentes del sector, que ven en esta práctica una forma de sortear las restricciones de la Comisión Europea, generar una competencia desleal y contribuir económicamente a que Putin pueda mantener, cuatro años después, su ofensiva sobre Ucrania con ataques contra la población civil que no cesan: al menos 18 personas murieron en Kiev por un ataque ruso este mismo jueves.

Pese a todo, la relación comercial gasista sí continúa, ya que este producto todavía está libre de sanción por parte del bloque comunitario. Es más: Rusia envió a España el mayor cargamento de gas de la historia en marzo, primer mes tras el estallido de la guerra en Oriente Próximo.

Denuncias continuadas

Además de los actores que están sobre el terreno y los agentes de inteligencia que registran los movimientos sospechosos, algunos estudios independientes documentan el fenómeno de la triangulación entre Rusia, países terceros y el desembarco en los puertos españoles. Una práctica, la de usar Estados intermedios, que es frecuente en el comercio internacional cuando existen sanciones.

El Centre for Research on Energy and Clean Air (CREA), un centro de análisis con sede en Finlandia, señalaba en un reciente informe que “entre finales de enero de 2025 y enero de 2026, el 82% de las importaciones marítimas de productos petrolíferos refinados a los puertos turcos de Ceyhan, Marmara y Mersin procedían de Rusia (un total de 13,1 millones de toneladas y un valor de 7.500 millones de euros)”. Estos tres puerto, añadía el estudio, reexportaron luego 6,7 toneladas a miembros de la Unión Europea. Entre los destinatarios, CREA incluye a España, que recibió derivados del petróleo desde Turquía por valor de 92 millones de euros el pasado año.

Esta institución sin ánimo de lucro que se financia con aportaciones privadas de ONG y otros filántropos, señalaba que desde que los productos rusos fueron vetados por la UE, Moscú redirigió sus exportaciones a otros destinos. Turquía destaca como el mayor receptor (alrededor del 26% del total), Singapur es el cuarto mayor destino y, ya hace tres años, también aparecía Marruecos entre los más destacados.

Como informó este medio, el país regido por Mohammed VI está intensificando sus envíos de diésel a España. En poco más de dos meses han atracado en los puertos de Tarragona, Barcelona y Bilbao cuatro cargueros procedentes de Tánger y Mohammedia (cerca de Casablanca). En el sector sospechan que el gasóleo tiene su origen real en Rusia y llega a España en un momento de escasez por la guerra de Oriente Próximo. Estas fuentes ven imposible, según las reglas de mercado, que Marruecos reexporte en un momento de tensión al no tener capacidad de refino. Según la plataforma de inteligencia Kpler, el 45% de la energía que compra Marruecos este año viene de Rusia, con quien mantiene relaciones comerciales.

CREA tiene clara la razón de que Rusia mantenga su capacidad exportadora: “Los grandes descuentos disponibles en los productos rusos incentivan la expansión de los mercados”, señala en su informe, que añade que “la aplicación desigual de la política de precios máximos y el aumento de la reexportación de estos mismos productos a países que imponen sanciones también han facilitado su libre circulación”.

“Las presuntas reexportaciones de combustibles rusos a países de la UE —específicamente desde terminales en Turquía y Georgia— siguen siendo motivo de preocupación, ya que no solo aumentan los ingresos de Rusia, sino que también amenazan la aplicación de las sanciones entre los aliados de Ucrania», concluye el think tank finlandés.

Pero si las importaciones de España del gasóleo marroquí y turco alarman, mucho más volumen de gasóleo llega desde Singapur, uno de los países que más ha incrementado el tránsito de comercio energético con Rusia. Los petroleros rusos están usando cada vez más a Singapur como su destino oficial, lo que refleja la creciente preocupación por las sanciones occidentales, según señalaron fuentes comerciales a la agencia Reuters, que recogía el aumento de barcos rusos en Singapur, citando datos del London Stock Exchange Group (LSEG).

La problemática no es desconocida para los principales actores del mercado en España. “Cuando una refinería india comienza a comprar crudo ruso para, más tarde, fabricar diésel, lo pone en el mercado europeo en condiciones ventajosas que afectan nuestra competencia industrial”, lamentaba el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, en febrero de 2024.

Antes, a mediados de 2023, cuando saltaron las primeras sospechas de que estaba entrando diésel ruso por España a través de países terceros, el entonces consejero delegado de Exolum, Jorge Lanza, aseguró que el Gobierno no tenía forma de confirmar si el diésel ruso que pasa por Turquía acababa en España. Entonces, el Gobierno abrió una investigación que quedó en nada.

Ahora, la situación se repite. Fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica admitían este jueves que, pese a estar en contra de que se compren productos energéticos a Rusia, “los servicios de aduanas revisan las acreditaciones de todos los productos energéticos” que se reciben y “no han reportado ninguna irregularidad”.

La triangulación para salvar las barreras comerciales es algo que ya se ha visto en el pasado y se da en otros ámbitos. Cuando Argelia bloqueó las relaciones comerciales con España por el giro del Gobierno en su posición sobre Marruecos y su relación con el Sáhara Occidental, agentes que trabajaban para la industria española que vende en suelo argelino aseguraban que parte de la mercancía se enviaba primero a Italia y de ahí al país norteafricano.

Otras fuentes señalan que las empresas que fabrican torres eólicas en España -como Windar, GRI o Haizea Wind- y a las que Estados Unidos impuso duros aranceles bajo la Administración de Joe Biden, enviaban parte de su material a México para reexportarlo desde allí a suelo del gigante norteamericano.



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