Donald Trump, a través de Trump Media & Technology Group, la empresa con la que su familia controla ­Truth Social, ha lanzado un servicio que permite recibir sus mensajes en milisegundos, un poco antes que el resto de usuarios. El precio son 100.000 dólares al mes. ¿Por qué alguien pagaría esa cantidad? Porque los fondos de alta frecuencia, que utilizan algoritmos para ejecutar operaciones bursátiles en fracciones de segundo, pueden aprovechar cualquier ventaja temporal cuando un mensaje de Trump es capaz de sacudir los mercados.

La idea es moralmente perversa por dos motivos. El primero es que Trump convierte el cargo público en un activo del que obtener beneficio privado. El segundo es que ahora tiene un incentivo adicional para seguir lanzando una burrada tras otra: el valor del producto depende de que sus mensajes sigan moviendo los mercados. Los operadores de alta frecuencia pagarán porque, en cuanto uno de sus rivales disponga de esa ventaja, los demás no tendrán más remedio que igualarla. Aunque probablemente más de uno desembolsaría con gusto esos 100.000 dólares por el servicio contrario: no tener que escucharle.

La ruptura del suministro de energía rusa obliga a mirar hacia el sur

La política internacional es siempre un juego de equilibrios entre lo ideal y lo necesario. De ahí que, ahora que Europa está cortando el grifo de la energía rusa, los países del continente se vean obligados a reforzar sus suministros de combustible en países como Qatar o, en el caso de España, en Argelia, con el que las relaciones se habían deteriorado en los últimos años debido, sobre todo, al conflicto del Sahara Occidental. Las principales energéticas españolas y el Gobierno han viajado al país norteafricano para estrechar las relaciones con un gran productor de gas, primero en una fase más política y en el futuro en una más empresarial.

Burnham contrapone el control social al alivio del coste de la vida

Andy Burnham, nuevo primer ministro británico, quiere cambiar las prioridades de la política. En particular, promete financiar la eliminación del IVA de la electricidad con lo que se ahorra cancelando la introducción de un carné de identidad electrónico obligatorio, algo que, particularmente en Reino Unido, donde no hay un documento de identidad, es muy impopular. Darren Jones, del equipo de Keir Starmer, dice que las cuentas no salen. Los Presupuestos del país, como los del resto de Occidente, están muy apurados, y las rebajas fiscales exigen en cualquier caso hacer encaje de bolillos. Pero es interesante que Burnham contraponga las medidas de control social (en este caso, enfocada a la inmigración) a las que tratan, simple y llanamente, de reducir el coste de la vida.

La frase del día

La declaración de Daniel Ortega de que, bajo la dictadura de su familia, Nicaragua nunca más celebrará elecciones deja al descubierto su verdadera naturaleza autoritaria. Han abandonado incluso la apariencia de la aprobación popular

Marco Rubio, secretario de Estado de EE UU

Las IA ejercen de enciclopedistas recopilando todo el saber humano

Como suele ocurrir con la tecnología, la inteligencia artificial tiene una doble cara: por un lado es una forma de privatizar el conocimiento, en la medida en que un uso relativamente exigente de varios de los modelos requiere pagar por ellos, pero por otro está ayudando a reordenar y canalizar el inmenso conocimiento humano acumulado durante milenios. Por ejemplo, libros poco conocidos y muy especializados están captando el interés de las tecnológicas para escanearlos… y destruirlos físicamente en el proceso, como si de un proceso digestivo se tratara. Los creadores de contenido reclaman, con razón, que se les compense por el valor de su obra, pero también hay un valor en el trabajo casi de enciclopedistas de las inteligencias artificiales.



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