Elon Musk vuelve a testar el fervor del pueblo llano por su figura, después de un periodo de barbecho tras su sobreexposición mediática como artífice del Departamento de Eficiencia Gubernamental de Estados Unidos, cuyos efectos reales no quedaron muy claros. Sí quedó claro que Musk es muy inflamable, y que es mejor para él y para sus empresas mantenerse al margen de la política, o más bien no enfrentarse con ella: los contratos de SpaceX dependen en gran parte de la Administración.

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