La inteligencia artificial es adicta al dinero. Los grandes laboratorios que desarrollan los modelos de IA están ebrios de dólares con los que financiar la evolución de la tecnología. Las tres compañías punteras en el sector, Anthropic, OpenAI y SpaceX han anunciado en los últimos días sus planes para salir a Bolsa en busca de más fondos en una carrera sin final. Otras multinacionales tecnológicas, ya clásicas, como Google, Microsoft, Meta o Amazon también han lanzado operaciones financieras para la mayor captación de fondos de la historia en el sector.

“Hay cosas que queremos hacer y que probablemente resulten más sencillas siendo una empresa privada”, señaló este lunes OpenAI a través de un comunicado para anunciar su intención de debutar en el parqué. “Se trata de una situación compleja que implica sopesar diversos factores, y esto nos brinda la opción de salir a Bolsa antes si finalmente resulta ser la mejor decisión”.

Estos laboratorios de IA (OpenAI, Anthropic y SpaceX) están revolucionando el mercado financiero. En menos de seis meses se incorporarán al mercado de renta variable para recaudar cerca de 200.000 millones de dólares, con una valoración conjunta de las tres startups que puede llegar a 3,6 billones de dólares según los cálculos actuales.

“Las empresas tecnológicas que planean OPVs este año están sobrevaloradas debido al fuerte entusiasmo que hay en el sector”, desliza Michele Morganti, estratega sénior de mercados en Generali Investments. El analista italiano, que receta cautela por todos los riesgos asociados al sector y al momento geopolítico, admite: “Aunque el entusiasmo de los inversores por el sector tecnológico e inteligencia artificial es claramente fuerte, también se ve respaldado por una demanda sólida y expectativas de un crecimiento significativo en la adopción de la IA”.

SpaceX ha tomado la delantera en esta carrera de inversores. Está previsto que este viernes se estrene en Bolsa para captar unos 75.000 millones al colocar menos de un 5% de su capital. La operación supondrá valorar la empresa de cohetes fundada por Elon Musk en 2002 en 1,8 billones de dólares, más que toda la riqueza generada por España en un año. Elon Musk, que se reserva el 84% de las acciones de la empresa, se convertirá en la primera persona en tener un patrimonio cercano a los tres billones de dólares. Cuando se complete, la salida de Bolsa de SpaceX dejará como un juego de niños el estreno bursátil de la petrolera saudí Aramco en 2019, cuando captó 29.000 millones de dólares en un hito que quedó hasta hoy en los anales de la historia financiera mundial.

Aunque Space Exploration Technologies Corporation, como se conoce legalmente a SpaceX, nació con el objetivo de crear una colonia en Marte para hacer de la humanidad un lugar multiplanetario, ahora es mucho más que eso. Se ha especializado en lanzar propulsores al espacio para desplegar satélites y otras instalaciones. Ofrece el servicio de telecomunicaciones Starlink que permite el acceso a internet desde lugares recónditos y remotos. Y, sobre todo, desarrolla el modelo de IA a través de su filial xAI, que ha desarrollado la herramienta Grok que está presente en X (la antigua Twitter). Elon Musk no oculta que el objetivo de la salida a Bolsa de XpaceX es obtener más recursos para seguir desarrollando el negocio de xAI, con nuevos centros de datos y otras utilidades.

Anthropic y OpenAI son el ejemplo de cómo dos pequeños laboratorios tecnológicos se convierten en gigantes. Tras protagonizar algunas de las rondas de financiación más sorprendentes y voluminosas de los últimos años ahora se disponen a saltar a Wall Street para aprovechar el frenesí en el mercado.

“La valoración combinada de estas compañías [incluyendo Anthropic, OpenAI, SpaceX y otras como Databricks, Stripe o Anduril] podría alcanzar los 4,6 billones de dólares. A modo de comparación, el valor total de todas las OPVs realizadas desde la fundación de la Bolsa de Nueva York en 1792 asciende aproximadamente a 1,5 billones de dólares”, François Rimeu, estratega sénior de Crédit Mutuel Asset Management, quien remarca: ”Aun así, el impacto inmediato sobre la liquidez del mercado probablemente será limitado al principio, ya que se espera que estas compañías capten solo alrededor del 10% de su capitalización bursátil total».

OpenAI completó en primavera la mayor ronda de financiación en la historia de Silicon Valley, recaudando 122.000 millones de dólares. La operación otorgó a la empresa liderada por el controvertido Sam Altman un valor de 852.000 millones de dólares. Anthropic también culminó hace tan solo unas semanas otra operación para captar 65.000 millones de dólares entre inversores privados para obtener una valoración de 965.000 millones.

Pero no son las únicas que necesitan recursos para alcanzar el éxito en el negocio de la IA. Alphabet, Microsoft, Amazon o Meta también están lanzadas a una carrera frenética que consume ingentes cantidades de dinero. Estas necesidades de capital, en todo caso, cuadran con la avidez de los inversores, que no quieren quedarse fuera del tren de la IA. El cóctel explosivo es una inversión disparatada en una industria que se basa en promesas de futuro. La matriz del buscador más famoso del mundo (Google) anunció la semana pasada que ha colocado 85.000 millones de dólares en acciones para financiar sus crecientes planes de inversión en IA. La operación está considerada como la mayor ampliación de capital de la historia. Meta se endeudó por 25.000 millones esta primavera y Amazon emitió bonos por unos 40.000 millones hace solo unas semanas.

Una estrategia que alimenta las dudas sobre la liquidez del mercado. Empiezan a aflorar las voces que avisan de que puede que no sea tan profundo para sostener todas las rondas de financiación y salidas a Bolsa del sector. “A primera vista, las preocupaciones sobre la capacidad de absorción del mercado parecen justificadas. La concentración de salidas a Bolsa y ampliaciones de capital de empresas de gran capitalización (Alphabet, Meta) en un plazo relativamente corto hace temer que la oferta de acciones supere con creces a la demanda”, admite Clémence Rusek, estratega jefe de inversiones de Vontobel. “Sin embargo, los datos subyacentes sugieren lo contrario. Es probable que las estructuras propuestas impliquen que solo se pongan a la venta inicialmente entre el 5% y el 6% del total de acciones, lo que significa que la oferta efectiva que entre en el mercado en el momento de la cotización podría ser considerablemente menor de lo que sugieren las valoraciones generales”. Rusek concluye: “A pesar de las cifras récord, se espera que la oferta total de acciones represente solo alrededor del 1% de la capitalización bursátil total”.

Las empresas del sector tienen prisa por evolucionar sus modelos. Gana el primero que llegue a la meta: un modelo que sea rentable, genere ingresos suficientes y con costes contenidos. Pero en el camino se están dejando millonadas para adiestrar a esos programas informáticos. El entrenamiento se realiza en centros de datos, que requieren cientos de ordenadores y servidores equipados con los microprocesadores más avanzados del mundo. Estos chips ni abundan ni son baratos. El consumo de energía y agua para mantener estos gimnasios de la IA obliga a las compañías a construir pequeñas centrales energéticas y realizar inversiones estratosféricas.

Los analistas esperan que las mayores empresas del sector inviertan más de 750.000 millones de dólares solamente este año en centros de datos y el desarrollo de sus herramientas. Nunca en la historia, ni siquiera en la revolución del ferrocarril en la segunda mitad del siglo XIX, se había producido un consumo de capital con tanta intensidad en tan poco tiempo. La fiebre de la IA amenaza con convertirse en una burbuja. Las empresas aún no registran beneficios, solamente suman números rojos. OpenAI, fundada en 2015 como laboratorio sin fines de lucro para crear una nueva tecnología, fue la primera en plantar la semilla de un asistente de inteligencia artificial conocido como ChatGPT en 2022.

Desde entonces ha visto cómo su archienemigo, Anthropic le ha tomado la delantera al enfocar su negocio en soluciones empresariales. La empresa fundada por Dario Amodei y un grupo de trabajadores descontentos con la gestión de Sam Altman en OpenAI está logrando aumentar sus ingresos —se espera que duplique su facturación en el segundo trimestre, según The Wall Street Journal— y estabilizando sus cuentas. Aunque reconocen que no darán beneficios de forma consistente hasta, al menos, 2030.

La pregunta que se hacen muchos analistas es si este frenesí por la IA y su desembarco en los mercados de renta variable provocará un movimiento sísmico. Shannon L. Saccocia, directora de inversiones de Neuberger, sostiene que muchos fondos indexados, que replican a los principales índices, se apresurarán a comprar cuando puedan acciones de estas empresas cuando sean incluidas en los índices. “La presión de compra mecánica es considerable: nuestro escenario base apunta a que los fondos indexados podrían absorber el 24% del capital en circulación para el día 15. Esto significa que los inversores pasivos poseerán acciones de SpaceX sin haber tomado una decisión activa de comprarlas”. La economista de Neuberger añade: “Si SpaceX, OpenAI y Anthropic logran la inclusión plena en el índice en los próximos trimestres o años, el panorama de los índices bursátiles estadounidenses cambiará radicalmente. Se volverá aún más ‘orientado al crecimiento’, cotizando con múltiplos más elevados, y las herramientas de valoración históricas en las que los inversores han confiado durante tanto tiempo serán cada vez más difíciles de aplicar“. La voracidad de los inversores y las necesidades de la IA están a punto de convertir 2026 en el año con las mayores ofertas públicas de la historia.



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