El crecimiento de Vox está ligado a que sus mensajes calan especialmente entre los más jóvenes. De hecho, según el Barómetro de abril de El País y la SER, elaborado por 40dB, el partido con mayor intención de voto entre los jóvenes de entre 18 y 24 años es la formación dirigida por Santiago Abascal, a la que apoyarían un 30,3% de los encuestados, el doble que al PP (15,2%) y con la que compite en un espacio ideológico similar. El soporte de Vox entre los votantes más jóvenes es once puntos superior a la media total, que es del 19%.

Cuando se buscan las explicaciones a este éxito de la ultraderecha entre los jóvenes, lo más frecuente es centrarse en que los dos principales partidos (PSOE y PP) les han desencantado al no ofrecer soluciones a sus principales problemas: precariedad salarial y encarecimiento de la vivienda. Pero quizás se esté infravalorando el impacto de la desinformación en este colectivo. Las fake news y los mensajes de odio son contenido muy frecuente de las redes sociales, que ahora resultan ser la fuente de información principal en el corte de edad donde más triunfa la extrema derecha.

El Reuters Institute elabora desde 2013 el estudio Digital News Report, un informe en el que participaron casi 100.000 encuestados de 48 países en 2015 y que es referencia de la industria de los medios de comunicación. La continuidad de este estudio permite ver, por ejemplo, la evolución del consumo de información de los jóvenes entre 18 y 24 años, los nativos digitales, para quienes el mundo analógico es historia, algo que les diferencia de sus padres.

En 2015, el 36% de los jóvenes de dicha franja de edad tenían a los portales y a las aplicaciones de los medios de comunicación como principal fuente para informarse, frente a un 21% que decía recurrir a las redes sociales. Diez años después, el orden se ha invertido; un 39% asegura informarse por las redes y un 24% por las versiones digitales de los medios. El crecimiento del impacto de las redes es claramente a costa de la pérdida de interés en los medios tradicionales, al margen de que la versión sea digital o analógica.

A quién vota y dónde se informan los más jóvenes

Los soportes digitales de los diferentes tipos de medios, más la televisión, radio y periódicos impresos captaban la atención del 64% de los jóvenes en 2015, frente al mencionado 21% de las redes. Ahora, el conjunto de medios construidos bajo pautas profesionales atrae al 53%, luego han perdido once puntos, y las redes, donde no hay reglas, están a quince puntos de superarlos. Si se mantiene la dinámica, antes de diez años estas plataformas, donde la desinformación es el ingrediente base, dominarán el menú informativo de los jóvenes.

Este retroceso del periodismo profesional, al que se le supone una deontología que empieza por diferenciar la verdad de la mentira, es muy alarmante. Significa que los jóvenes beben información de fuentes contaminadas, de manera que la intoxicación está garantizada. El ecosistema de las redes sociales es donde mejor se desarrollan las fake news y la desinformación, todo ello dominado por muy pocas personas, con alcance global y muy al servicio de intereses concretos. Era evidente la utilización de las redes sociales por países no democráticos, como Rusia y China, pero la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha metido a Estados Unidos, referente democrático, en el mismo marco operativo. Basta recordar la omnipresencia de los dueños de las plataformas tecnológicas en la financiación de la campaña y en la toma de posesión de Trump, así como la posterior persecución a los medios tradicionales.

La mayor exposición de los jóvenes a los contenidos contaminados de las redes sociales hace que su opinión sobre cuestiones claves que definen la calidad democrática se empiece a diferenciar del resto de colectivos y sean más tolerantes con posiciones totalitarias. A la pregunta de si los medios deberían ser neutrales en todos los temas, el 73% de los mayores de 55 años piensa que sí, porcentaje que baja al 56% en la franja de 18 a 24 años. Es más, hay un 32% de estos que piensa que hay temas en los que “no tiene sentido que los medios sean neutrales”.

En España es ampliamente conocido que los partidos más activos y exitosos en las redes sociales, Vox y Podemos, son precisamente los extremos del arco parlamentario. Al tiempo, han surgido formaciones políticas nativas de este ecosistema, como es el caso de Se Acabó La Fiesta (SALF). Su posicionamiento ideológico es también de ultraderecha, capaces de captar el 4,6% de los votos y tres escaños de los 61 que correspondían a España en las Elecciones Europeas de 2024. Esta formación, fundada por el arribista Alvise Pérez, obtuvo prácticamente los mismos votos que Sumar (4,7%) y superó a Podemos (3,3%).

Las formaciones más extremistas son las que construyen su discurso sobre pocos temas, con posiciones contundentes levantadas sobre soluciones falsas. La inmigración sería el tema prototípico en la extrema derecha, que culpa a los inmigrantes de todos los males de Occidente y propone devolverlos a sus países. Se identifica el problema y se ofrece una solución sencilla. Abascal decía esta semana en X que, con la regularización de inmigrantes, “Sánchez mete a África en España”, cuando más del 90% de los inmigrantes sin papeles son latinoamericanos.

Para argumentos tan simples como falsos es ideal el ecosistema de las redes sociales, el que más impacta entre los jóvenes, donde se opera con videos cortos, afirmaciones gruesas y ningún respeto a la verdad. Por eso Instagram, YouTube y TikTok son las redes preferidas por los votantes más jóvenes. Son como ellos las quieren, con mucho audio y vídeo y poco texto.

Dicho esto, lo que ha sucedido en las elecciones de Hungría el fin de semana pasado pone de manifiesto que la realidad es más compleja y da un respiro a la esperanza. Viktor Orbán ha contado con el apoyo de los líderes de las dos grandes superpotencias más intensivas en la manipulación a través de las redes sociales (Trump y Putin) y, sin embargo, ha perdido las elecciones de manera clara y contundente también entre los más jóvenes. El 73% de los menores de 30 años ha votado a Peter Magyar, el que no quería una Hungría al servicio de Rusia y Estados Unidos. Esto deja claro que no solo de redes sociales viven los más jóvenes.



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