En una de las aulas del IES Maximino Romero de Lema, en Baio (A Coruña), un grupo de alumnos trabaja con viejas fotografías familiares tomadas hace muchas décadas. Algunas llegan desde álbumes guardados durante años en casas de la Costa da Morte; otras, desde cajones que apenas se abrían ya. Sobre los pupitres aparecen rostros desconocidos, paisajes irreconocibles para los más jóvenes y escenas de una vida cotidiana que pertenece a otra época. A partir de esas imágenes, el aula empieza a llenarse de historias familiares, conversaciones con abuelos y fragmentos de memoria local que los estudiantes intentan reconstruir paso a paso.

“Tú desarrollas un proyecto y no se queda en el aula”, explica Fina Paulos, profesora de Informática del centro. “Los niños trajeron fotos antiguas de sus familias y, a partir de ahí, los abuelos empezaron a explicar quiénes aparecían en aquellas imágenes o qué estaba pasando en ese momento. Las familias colaboran muchísimo y el alumnado termina investigando en casa y conectando lo que hacen en clase con su propio entorno”. Parte de ese trabajo derivó después en proyectos audiovisuales y recreaciones digitales elaboradas con herramientas de inteligencia artificial, utilizadas por los estudiantes para reinterpretar episodios de la historia local y experimentar con nuevas formas de narrar aquello que acababan de descubrir.

La escena se aleja bastante de la imagen con la que suele asociarse el desembarco de la IA en las aulas: una de grandes plataformas tecnológicas, colegios ultradigitalizados o estudiantes trabajando entre pantallas en centros urbanos. En este instituto rural gallego de poco más de 300 alumnos, la inteligencia artificial también aparece en campañas sobre donación de órganos o en ejercicios con ‘deepfakes’ educativos pensados para reflexionar sobre desinformación y pensamiento crítico. “Las carencias que tenemos las paliamos con mucha creatividad”, explica Óscar Manuel Rey, también profesor de Informática. “El alumnado aprende a utilizar la IA viéndole un sentido, aplicándola a problemas reales y a cosas que tienen que ver con su vida y con la gente que tienen alrededor”.

Paulos y Rey participaron esta semana en Aprender en la era de la IA, un encuentro organizado por Google en el Espacio Rastro de Madrid en el que docentes, expertos y alumnos debatieron sobre el impacto de estas aplicaciones en la educación. Allí, entre demostraciones de plataformas y conversaciones sobre la personalización del aprendizaje, el reto de reducir su carga burocrática o el fomento del pensamiento crítico, el debate de fondo aparecía una y otra vez: cómo integrar la inteligencia artificial en las aulas sin convertirla en un simple atajo automático. La cuestión ya no es únicamente si estas herramientas han llegado para quedarse, sino cómo utilizarlas, qué papel debe seguir desempeñando el profesorado y de qué manera evitar que la IA sustituya precisamente aquello que la educación intenta fomentar: la capacidad de comprender, de relacionar ideas y de pensar con autonomía.

Fina Paulos y Óscar Manuel Rey, docentes del IES Maximino Romero de Lema, en Baio (A Coruña).

Aprender a pensar, y no solo a preguntar

Buena parte de las conversaciones sobre inteligencia artificial en educación suelen oscilar entre dos extremos: el entusiasmo casi ilimitado por sus posibilidades o el miedo a que termine empobreciendo ciertos procesos de aprendizaje. “Existe el riesgo de que el alumno se vuelva un tacaño cognitivo”, advierte Rey, refiriéndose a un concepto utilizado en psicología para describir la tendencia a evitar esfuerzos mentales innecesarios. “Si la IA te lo da todo hecho, el peligro es dejar de pensar. Por eso hay que enseñarles a utilizarla con sentido, a cuestionar las respuestas y a entender que no sustituye el proceso de aprendizaje”. En el instituto gallego, explica el docente, una parte importante del trabajo consiste precisamente en enseñar al alumnado a detectar errores, verificar información o reflexionar sobre los límites éticos de tecnologías como los ‘deepfakes’.

La idea apareció repetidamente a lo largo de las distintas mesas redondas. Conchita Díaz, responsable de formación en IA de Google, defendió en una dinámica sesión que las aplicaciones educativas basadas en inteligencia artificial no deberían limitarse a ofrecer respuestas inmediatas, sino más bien acompañar al estudiante en el razonamiento: “Queremos que haya una dificultad deseable. Porque, sin ella, no hay aprendizaje”.

Un informe presentado durante el encuentro por el centro de políticas públicas EsadeEcPol y Google apunta en la misma dirección: las herramientas de IA ofrecen mejores resultados cuando funcionan como apoyo al aprendizaje y no como sustituto del esfuerzo del alumnado. El documento recoge experiencias en las que estos sistemas ayudan a personalizar ejercicios, adaptar la dificultad o detectar necesidades específicas de cada estudiante, especialmente entre aquellos con más dificultades. Pero también insiste en que los beneficios dependen en gran medida de la supervisión docente y del contexto pedagógico en el que se utilizan.

Esa mezcla de utilidad y cautela aparece también entre los propios estudiantes. Muchos utilizan ya recursos como Gemini para resolver dudas, practicar ejercicios o pedir explicaciones más sencillas cuando no entienden algún concepto en clase: “Antes tenía que pasar horas buscando respuestas en Google; ahora puedo pedir que me expliquen algo con palabras entendibles”, comenta Yuheng Chen, estudiante de 4º de ESO en el Colegio Salesianos Estrecho, de Madrid, en conversación con el divulgador Raúl Ordóñez (Jaspeante) y otros alumnos. Otros relativizan el supuesto carácter revolucionario de estas herramientas: “Lo hace todo más dinámico y rápido, pero tampoco siento que sea algo tan disruptivo”, señala Julia Escapa, alumna de Bachillerato en el mismo centro.

Mesa redonda con Raúl Ordóñez, Jaspeante, y varios alumnos, durante la jornada 'Aprender en la era de la IA' organizada recientemente por Google en Madrid.

Entre la personalización y la brecha digital

Buena parte del interés que ha despertado la IA en educación tiene que ver con su capacidad para adaptar contenidos y ritmos de aprendizaje a las necesidades de cada estudiante. La posibilidad de simplificar explicaciones, generar materiales personalizados o ajustar ejercicios para los estudiantes con más dificultades aparece de forma recurrente entre docentes y expertos.

“Tengo muchísimos niños con necesidades diferentes dentro del aula y disponer de asistentes que ayuden a adaptar materiales o explicaciones puede facilitarme muchísimo el trabajo”, señala Azahara Zain, maestra del CEIP Castillo de Doña Blanca, en El Puerto de Santa María (Cádiz). Y Carolina Rodríguez, directora del CEIP Francisco Ayala, en Iznalloz (Granada), defiende una idea similar: “La inteligencia artificial nos puede ayudar muchísimo a atender mejor la diversidad dentro del aula. Hay alumnado con necesidades muy diferentes y herramientas así permiten adaptar materiales, explicaciones o actividades de una manera mucho más personalizada, pero siempre tiene que haber supervisión y acompañamiento por parte del docente”.

En Baio, parte de esa idea de personalización se traduce también en proyectos vinculados a la accesibilidad. Rey y Paulos explican que algunos alumnos han trabajado con IA para desarrollar comunicadores dirigidos a personas con parálisis cerebral, adaptando sistemas capaces de facilitar determinadas formas de interacción y comunicación. “Cuando el alumnado entiende que lo que está haciendo puede servirle de verdad a alguien, la implicación cambia completamente”, resume Rey.

Muchos de los instrumentos presentados por Google durante la jornada se orientan precisamente a ese tipo de usos: adaptar materiales, resumir contenidos o generar recursos ajustados a distintos niveles de aprendizaje. La compañía mostró aplicaciones educativas de Gemini y NotebookLM pensadas para organizar información, preparar actividades o simplificar explicaciones dentro del aula. Las AI Quests, por otro lado, son una serie de experiencias para estudiantes de entre 11 y 14 años en las que el alumnado utiliza la IA para resolver retos relacionados con inundaciones o detección de enfermedades.

@jaspeante

Llevábamos meses pidiendo esto para Gemini y por fin ha llegado. Google acaba de lanzar los Cuadernos: su versión de los proyectos que ya conocíamos en Claude y ChatGPT. Pero atento, porque lo han hecho de una forma muy ingeniosa 👇 Cada cuaderno está enlazado con NotebookLM, así que todo lo que añades se sincroniza entre las dos apps. Subes tus fuentes una vez (PDFs, archivos de Drive, webs, notas…) y puedes trabajarlas desde donde quieras. Además puedes darle instrucciones personalizadas para que Gemini responda con el tono y el enfoque que tú decidas dentro de ese proyecto #gemini #cuadernos #notebooklm

♬ Special Paradise – Rafael P.

El entusiasmo por estas posibilidades convive, sin embargo, con desigualdades todavía muy presentes. El informe presentado por EsadeEcPol advierte de que el 27% del alumnado español de 15 años estudia en centros con recursos digitales insuficientes, mientas que el 23% de los hogares con menores ingresos y con hijos de entre 6 y 17 años asegura no disponer de un ordenador en casa.

El caso del instituto de Baio funciona, en cierto modo, como una pequeña paradoja dentro de ese contexto. Aunque la escuela rural suele asociarse a más dificultades de acceso tecnológico, Paulos y Rey defienden que precisamente las limitaciones del entorno han obligado muchas veces al centro a trabajar desde la creatividad y la colaboración. “Aquí todo el mundo se implica mucho más”, explicaba Paulos. “Los proyectos terminan conectando a profesores, alumnado y familias de una manera muy difícil de conseguir cuando todo se queda solo dentro del aula”.

La IA también entra en la evaluación

La expansión de la inteligencia artificial en las aulas está obligando también a replantear cómo se evalúa al alumnado. “Tenemos que cambiar también la manera de evaluar”, sostiene Rey. En el instituto de Baio cada vez intentan dar más peso a las exposiciones orales, los procesos desarrollados dentro del aula o los proyectos trabajados paso a paso junto al profesorado. “Si tú mandas un trabajo para casa y el alumno puede hacerlo entero con IA, el problema no es solo la herramienta; también es qué tipo de actividad estamos planteando”.

Muchos estudiantes utilizan ya estas plataformas para resumir apuntes, preparar ejercicios o redactar textos, mientras que numerosos docentes admiten que detectar el uso de IA resulta cada vez más difícil. Pero el debate va más allá de identificar contenidos generados automáticamente. El informe de EsadeEcPol plantea que estos recursos obligan también a revisar modelos de evaluación todavía muy centrados en tareas mecánicas o repetitivas y recomienda avanzar hacia actividades más orientadas al razonamiento, la creatividad o la resolución de problemas.

En Baio, ese cambio se traduce muchas veces en proyectos vinculados al entorno o actividades colaborativas en las que el proceso importa tanto como el resultado final. “Cuando el alumnado trabaja sobre algo que siente cercano, es mucho más fácil detectar si realmente ha entendido lo que está haciendo”, resume Paulos.

La formación del profesorado, otro de los grandes retos

Aunque el uso de estos asistentes empieza a extenderse entre el profesorado, solo un 35% de los docentes españoles asegura utilizar actualmente aplicaciones de IA en su trabajo, mientras que tres de cada cuatro atribuyen esa falta de uso a la ausencia de formación específica, según los datos recogidos por EsadeEcPol. La sensación de ir siempre un paso por detrás aparece con frecuencia entre quienes intentan incorporar estas plataformas sin tener todavía claro cómo utilizarlas de manera pedagógica o cuáles son realmente sus límites dentro del aula.

La cuestión va más allá del aprendizaje técnico, y el informe advierte de que la formación del profesorado será clave para evitar que la IA termine ampliando desigualdades ya existentes entre centros educativos o entre estudiantes con distintos niveles de acceso digital. En ese contexto, Google anunció una subvención de un millón de dólares destinada a impulsar la formación docente en inteligencia artificial en España.

Pero la expansión de estas herramientas también está empezando a modificar algunas de las tareas cotidianas del profesorado, desde la preparación de materiales hasta la organización de contenidos o la adaptación de ejercicios para distintos niveles dentro del aula. Los docentes españoles dedican una media de 18 horas semanales a tareas no lectivas, dos más que la media europea, aunque el uso de determinadas aplicaciones de IA podría ahorrar hasta 5,9 horas semanales en tareas administrativas o de preparación de materiales, según una encuesta realizada a docentes de primaria y secundaria en Estados Unidos. Parte de las funciones presentadas por Google para Gemini o NotebookLM se orientan precisamente a ese tipo de usos: resumir documentos, generar recursos educativos o ayudar a estructurar programaciones y actividades.

En el instituto de Baio, las aplicaciones cambian casi tan rápido como las conversaciones sobre inteligencia artificial en educación. Pero entre recreaciones digitales, proyectos audiovisuales y ejercicios con IA, Paulos y Rey insisten en una idea mucho más sencilla: la tecnología solo tiene sentido cuando consigue que el aprendizaje salga del aula y vuelva a conectar a los alumnos con las personas y el mundo que les rodea.





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