Las vidas de Pastora Silva (Sevilla, 46 años) y de Melisa Calvo (Córdoba, 32 años) tienen varias cosas en común, a pesar de que no se conocen de nada. Desde pequeñas han soñado con ser psicólogas, pero no han podido dedicarse a esta profesión. Las unen también las dificultades que han tenido que enfrentar para encontrar un empleo por pertenecer al pueblo gitano, según relatan. Silva, que trabaja limpiando casas, señala con ironía que, “por el aspecto tan bonito que tienen las personas romaníes”, a veces las empresas no las contratan. Calvo, profesional del sector de la informática, añade que, a la hora de buscar empleo, ha tenido que enfrentar “no solo los muchos prejuicios por pertenecer a esta comunidad, sino también por ser mujer”. Este mismo diagnóstico lo comparten los diferentes expertos consultados. Todos destacan que los principales indicadores muestran que los gitanos afrontan dificultades laborales muy superiores a la media en España.
El colectivo soporta una tasa de paro del 52%, frente al 10,8% en el conjunto de España. Y la proporción de ocupados respecto al total de la población en edad y disposición de trabajar asciende al 29,9%, 20 puntos menos que la de toda la población. Con el objetivo de aliviar el problema, el Gobierno aprobó este mes de junio el Plan de actuación para la mejora de la empleabilidad de la población gitana 2025-2028. Este programa, dotado con 93 millones de euros, cuenta con 12 medidas, entre las que figura impulsar el acceso prioritario a los programas públicos de empleo o dar incentivos a las empresas para que contraten a personas de esta comunidad. Para Mercedes Fernández, directora del Instituto de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas, el plan necesita mejoras. Por ejemplo, considera que se debe “pasar del modelo de estrategias a uno de obligaciones exigibles” y “vincular los fondos a incentivos directos por contratación estable y medidas de retención”.
Beatriz Carrillo, directora general para la Igualdad de Trato y No Discriminación y contra el Racismo en España, del Ministerio de Igualdad, y la primera mujer gitana en presidir una comisión parlamentaria desde la restauración de la democracia —la de violencia de género—, asegura que estos datos “demuestran que la comunidad romaní sufre una gran falta de igualdad de oportunidades” y que “enfrenta peores condiciones laborales”. Según figura en el programa aprobado por el Ejecutivo, la tasa de temporalidad del empleo de las personas gitanas es del 73%, 46 puntos más que la del conjunto de la población. Para Carrillo, estas cifras implican que “España está perdiendo capital humano y el pueblo gitano, generaciones enteras”.

Más allá de las dificultades del colectivo, las mujeres gitanas tienen que escalar una montaña más alta si quieren encontrar un trabajo. Andrea Vega, experta en esta materia de Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas (Fakali), se muestra contundente: “Las mujeres de nuestro pueblo no tenemos que romper techos de cristal, sino muros de hormigón”. Argumenta que se debe a que tienen que enfrentar una “doble discriminación por ser mujeres y gitanas”. Así, una de cada cuatro declara que le “han denegado un empleo o un ascenso por ser romaní”, según una encuesta incluida en el Estudio y acompañamiento a mujeres gitanas ante la discriminación étnico-racial elaborado por esta organización y el Ministerio de Derechos Sociales. Esta realidad se refleja en otras cifras, ya que los datos recopilados por el Ejecutivo muestran que la tasa de paro de las romaníes asciende al 60%, 13 puntos más que la de los hombres.
Nuevas oportunidades
Sin embargo, tal y como señalan todos los expertos, la elevada tasa de abandono escolar es la principal dificultad a la que se enfrentan tanto las mujeres como los hombres gitanos para encontrar nuevas oportunidades laborales. El estudio Situación educativa del alumnado gitano en España, elaborado por la Fundación Secretariado Gitano (FSG), muestra que el 63% de estos jóvenes abandona la educación secundaria obligatoria antes de finalizarla, mientras que el abandono en el conjunto de España es del 12,8%. Sara Giménez, presidenta de esta organización, destaca que los datos “son muy elevados”, lo que se convierte en un factor “estructural que marca mucho la incorporación al mercado de trabajo”. Carrillo incide en que los alumnos romaníes “no abandonan la escuela porque quieren”, sino porque “viven en un entorno personal y familiar de pobreza y desigualdad que causa que estos jóvenes abandonen el sistema educativo”.
Para tratar de resolver este problema y mejorar los indicadores laborales de la población gitana, Vega, la experta de Fakali, asegura que se debe “prevenir” el abandono escolar desde el inicio de la escolarización. Reclama que las medidas que se adopten no se enfoquen solo cuando los estudiantes ya están en el instituto, sino que se “comience desde la etapa de educación infantil”. La directora de la FSG destaca que se debe “implicar a las familias para mostrarles que la llave de la educación es la llave del futuro de la nueva generación de gitanos”.
Giménez asegura que, a pesar de que los datos sean negativos, las personas de la comunidad gitana pueden formarse y lograr nuevas oportunidades en el mercado laboral. Según las cifras del plan de empleabilidad del Ejecutivo, el 47% de los romaníes son autónomos, una “alta proporción” debido a que “la venta en mercadillos y comercio ambulante continúa siendo su principal actividad laboral”. La experta defiende que en sus 25 años de experiencia ayudando a formar a personas gitanas, “las nuevas tecnologías, la instalación de placas solares, el trabajo en grandes superficies o en el comercio” son los sectores en los que pueden encontrar más oportunidades laborales.
Silva y Calvo, las dos mujeres gitanas, no pudieron estudiar cuando eran jóvenes. La primera realiza ahora cursos en diversas organizaciones para tratar de mejorar su posición laboral. La segunda no empezó a estudiar el grado medio de sistemas microinformáticos y redes que le permitió encontrar su empleo hasta hace dos años. Ambas admiten que formarse ha sido una buena opción a pesar de las dificultades que han sufrido para compaginarlo con su vida familiar. Calvo afirma que, a pesar de “estos obstáculos”, las personas romaníes “pueden superar los prejuicios de la sociedad y trabajar dignamente”. Silva aconseja a quienes están en paro que “intenten estudiar cualquier cosa que les guste, así conseguirán un buen empleo”.































