Amancio López (Chantada, Lugo, 71 años) es un verso suelto entre la clase empresarial española. Sus humildes comienzos en esa aldea lucense y su traslado a Barcelona, donde compatibilizó sus estudios con todo tipo de trabajos (buzoneo, camarero en bares y discotecas o recepcionista de hotel) forjaron un discurso que se encuentra a miles de kilómetros de las lecciones que reciben los directivos en las escuelas de negocios. “El dinero no puede ser un fin. El dinero tiene que ser entendido como un medio maravilloso con el que poder hacer proyectos que afectan positivamente tanto a los trabajadores como a los residentes en el territorio donde vas a operar”, recalca el presidente de Hotusa.

La compañía, que cumple el año próximo los 50 años, superó en marzo los 300 hoteles en 24 países de todo el mundo con las marcas Eurostars, Áurea o Dorma, entre otras. El año pasado facturó 1.650 millones de euros, un 8% más. López constata que todavía se siente con fuerza para seguir al frente de Hotusa. Pero está muy tranquilo sobre el relevo generacional, porque sus dos hijas, Marina y Clara, ocupan ya puestos directivos en el grupo. Son directora corporativa y directora de expansión y de financiero, respectivamente. López es además el promotor del Foro La Toja, en la isla de Pontevedra, que cada año reúne a voces autorizadas para reivindicar la centralidad del espacio político frente a los populismos.

Pregunta. ¿Van a seguir mejorando los resultados este año o la guerra en Irán está pasando factura a la ocupación y a las reservas?

Respuesta. Prevemos cerrar con un crecimiento del 10%, en gran medida por la incorporación completa de 28 nuevos hoteles. Para este año mantenemos la previsión de sumar 20 activos. Ese un tema que nos ocupa, pero no nos preocupa. El foco está puesto en otro lado. Cuando una empresa tiene un claro componente familiar y no está orientada al corto plazo, sino al medio y al largo, las preocupaciones no se centran exclusivamente en cómo vamos a acabar el año. Incrementar las ocupaciones ahora no es sencillo. Estamos inmersos en un proceso en el que se ha iniciado una ralentización en algunos destinos e incluso un estancamiento en otros. Pero forma parte de lo lógico. No se puede estar creciendo siempre y de esa forma tan acelerada.

P. El conflicto bélico en Oriente Próximo ha ocultado el debate sobre la llamada turismofobia, el rechazo a los turistas en los destinos más masificados como España. ¿Cómo valora este fenómeno y qué cree que lo ha provocado? ¿Debe aspirar España a alcanzar la icónica cifra de los 100 millones de turistas?

R. El turismo en España no puede ser infinito. La pregunta es si podemos elegir ahora el turismo que queremos. Y la respuesta es que sí. El modelo de bajo coste que permitió la modernización y la reindustrialización de la España de los años sesenta ya no vale. Era una sociedad muy distinta a la actual. Ahora tenemos seguridad, buenas infraestructuras que hay que actualizar y mejorar, una cultura y un estilo de vida que debemos explotar. No sé si 100 millones de turistas extranjeros son muchos o pocos. Lo que sí que creo es que se puede subir el nivel y apostar por turistas con un mayor poder adquisitivo y un mayor gasto durante sus estancias. No creo que exista oposición a los clientes de los hoteles de cinco estrellas. Lo que a la gente le molesta es que estén en el piso de al lado o que generen ruidos o problemas de convivencia.

Yo no me dedico a especular. No formamos parte de esa economía de comprar y vender o hacer operaciones financieras

P. Su empresa sigue siendo 100% propiedad familiar. ¿Baraja sacarla a Bolsa o dar entrada a algún fondo en su capital como hicieron NH o Meliá?

R. Hasta ahora no nos lo hemos planteado y no parece que vayamos a hacerlo en el futuro. Nos consideramos parte de la economía productiva, que es aquella que además de generar beneficio, tiene un sentido de pertenencia, de permanencia en el tiempo y de arraigo con el territorio. Solo en Chantada, con una población de 4.000 personas, tenemos un centro donde trabajan 250 personas. Hotusa no forma parte de esa economía de comprar y vender o hacer operaciones financieras. No soy un hombre de negocios, pero tengo negocios. No soy un inversor, pero tengo inversiones. No soy financiero, pero me tengo que financiar. La gran diferencia es que yo no me dedico a especular. ¿Qué tiene que ver un ganadero con un tratante de mulas?

P. Una parte sustancial de sus hoteles se encuentra en Europa, aunque últimamente ha hecho una apuesta por crecer en EE UU o el norte de África. ¿seguirá siendo Europa la prioridad?

R. Europa tiene más del 50% del turismo en el mundo. Creemos que Europa va a seguir creciendo porque cuenta con seguridad y conectividad y además dispone de una cultura y una historia que generan experiencias diferenciadoras. Tiene también seguridad jurídica, algo que no está garantizado en otros países en momentos de incertidumbre como los actuales. También nos interesa, aunque menos, Estados Unidos, ya que es un destino en el que cualquier empresa hotelera, tanto española como europea, tiene que estar.

P. Preside y promueve el Foro de La Toja, un espacio de reflexión política y social en el que reivindica desde 2019 la centralidad del espacio político y el diálogo entre los grandes partidos. Se lo ha denominado el foro del bipartidismo. Y lo hace en un momento de fuerte polarización y de auge de los populismos y la ultraderecha.

R. Se intentaba defender la centralidad porque entendíamos que en los tiempos actuales la diferencia entre conservador, liberal y socialdemócrata era pequeña y se veía la amenaza de los populismos, la polarización, la confrontación. Fue más lejos de lo que podíamos esperar. Es un lugar de encuentro que promueve que lo que nos une en la realidad es mucho mayor que lo que nos separa. Y a veces parece que lo que se busca es lo que nos separa.

P. ¿Lamenta la imposibilidad de acuerdos de Estado entre los dos grandes partidos?

R. No soy quién para darles sugerencias a los partidos. Nada importante ni duradero se puede hacer sin grandes consensos y altura de miras. No tengo ninguna duda de que no queda otra vía. Sobre esas bases hemos construido Europa y los actuales valores de Occidente. Creo que nunca ha habido tantas amenazas como en el actual momento. Los populismos vendrán y se irán, como tantas cosas. Esperemos que lo que pasó en Europa después de la Segunda Guerra Mundial no sea un paréntesis.

P. Con un Gobierno en esta situación de debilidad parlamentaria y que enfrenta una serie de casos en los tribunales, ¿debería haber elecciones anticipadas?

R. En ese terreno yo no voy a entrar porque no ganaría nada.

P. La economía española está creciendo con fuerza en mitad del estancamiento o la estanflación [estancamiento más inflación] de Alemania, Francia o Italia, los otros tres grandes motores de la Unión Europea. ¿Es optimista respecto a la evolución económica de España y de Europa en el corto y medio plazo?

R. Un empresario siempre tiene que ser optimista. Más de una vez, siempre en broma, digo que no tenemos derecho a ser pesimistas. Creo que el principal problema que amenaza tanto a España como a Europa es la falta de competitividad. Es un tema muy serio y no tiene una solución fácil. Yo no estoy en contra de regular, pero esa compulsividad para crear normas y más normas generan incertidumbre e inseguridad jurídica. Y ese ese es un problema para atraer inversión. En cualquier caso tengo que ser optimista porque los turistas seguirán viniendo a a los grandes destinos europeos, a pesar de todas las circunstancias.

P. Pero a lo mejor no es suficiente con atraer turistas, también hay que captar industria y talento.

R. España dispone de seguridad física y de una conectividad de primer orden en carreteras, ferrocarril y aeropuertos. Es una gran fortaleza que tiene nuestro país y que debe ser reconocida y no menospreciada como ha sucedido en algunas ocasiones. Ambas son la mejor garantía para que el turismo tenga un efecto tractor sobre el resto de la economía, porque lo que le interesa al turista, le gusta también al residente, a los directivos que hoy se pueden implantar en cualquier ciudad, trayendo centros de decisión u operativos, e incluso a los jóvenes emprendedores.



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