En el verano de 2023 el precio del aceite de oliva virgen extra —el de mayor calidad— se vendía en los lineales de los supermercados a 10 euros por litro. Tres años después, esa misma botella no pasa de los seis euros. Las tensiones entre productores y otros actores de la industria están provocando este hundimiento de los precios. Si hace tres años el argumento que explicaba la fuerte subida era el escenario de sequía que había provocado una drástica caída de la cosecha, ahora los productores culpan a la distribución de esta fuerte espiral bajista por una “estrategia especulativa”, en palabras de varias organizaciones del sector, que pasa por extender la creencia de una próxima campaña oleícola muy generosa. Pero esa es una hipótesis de la que dudan la mayor parte de los productores por las condiciones climáticas de los últimos meses.

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