
Europa tratar de paliar el efecto en la factura de la luz, el gas y el combustible de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán y del cierre del crucial estrecho de Ormuz, por donde hasta hace poco transitaba el 20% del petróleo y gas licuado para el comercio mundial. El conflicto desatado por Donald Trump y Benjamín Netanyahu ha costado más de 22.000 millones de euros adicionales a los europeos en importaciones fósiles, según datos de la Comisión Europea. Para atajar el impacto del conflicto en la ciudadanía, el Ejecutivo comunitario plantea a los Estados miembros que pongan en marcha medidas de apoyo inmediato a los hogares, sectores e industrias vulnerables. Bruselas propone fórmulas urgentes, como imponer al menos un día de teletrabajo obligatorio a la semana en las empresas, cerrar los edificios públicos siempre que sea posible y reducir los precios del transporte publico o, incluso, hacerlo gratuito para determinados colectivos, según el borrador con el paquete de medidas que ultima la Comisión y al que ha tenido acceso EL PAÍS.
Si bien el aumento de precios es la consecuencia directa del conflicto, no existe una amenaza inmediata para la seguridad del suministro, aunque la situación es tensa para algunos combustibles, señala el Ejecutivo comunitario. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, presentará su batería de medidas la próxima semana a los líderes de los 27 Estados miembros. Entre las más pegadas al ciudadano figuran dos: instar a las empresas a que, cuando sea posible, establezcan “al menos un día de teletrabajo obligatorio a la semana” y cerrar edificios públicos también “cuando sea posible”, según ese documento.
Algunas de esas recetas pueden empezar a ponerse en marcha casi inmediatamente en viviendas y edificios, en la industria y en el sector del transporte. Otras son más a medio plazo, como la flexibilización de las ayudas de Estado.
Ahí, Bruselas abre la mano para que se pueda compensar con ayudas públicas al sector agrícola y al de la distribución, con un apoyo de hasta un 50% del precio adicional del combustible y los fertilizantes hasta final de año, según el borrador comunitario, todavía sujeto a cambios.
Bruselas llama la atención sobre el hecho de que el gas y el petróleo siguen dominando la calefacción, la industria y el transporte, lo que deja a los hogares y las empresas europeas —en particular a las pymes y las industrias de alto consumo energético— expuestos a fuertes fluctuaciones de precios a nivel mundial. De ahí que los precios de la energía en la UE hayan aumentado a raíz de la guerra, mientras que las interrupciones comerciales están ralentizando las cadenas de suministro, advierten los técnicos del Ejecutivo comunitario.
Entre el 27 de febrero de 2026 —justo un día antes de que Trump y el Netanyahu atacaran Irán— y el 20 de marzo de 2026, los precios del petróleo crudo aumentaron un 51% y los precios del gas natural, un 85%. Los mercados se han resentido mucho por el cierre del estrecho de Ormuz. También se ha notado la pérdida de flujo desde la instalación de Ras Laffan de Qatar (la terminal de gas natural licuado más grande del mundo), dañada por un ataque iraní.
Precios regulados
En cuanto a medidas más tangibles rápidamente para el consumidor, Bruselas propone una serie de recetas a los Estados miembros, como que emitan vales de energía específicos para hogares vulnerables. O que introduzcan (o prorroguen) precios regulados temporales para hogares con bajos ingresos energéticos o vulnerables. También, que apliquen reducciones totales o parciales de los impuestos especiales sobre la electricidad para los hogares vulnerables y con bajos recursos energéticos, según remarca el borrador.
Hay más, como que, para prevenir la desconexión del consumidor, se implemente una prohibición temporal de los cortes de suministro eléctrico (España lo ha hecho en su decreto anticrisis aprobado en marzo). También, que las autoridades nacionales o locales se aseguren de que los proveedores de energía ofrezcan a sus clientes asesoramiento sobre la “mejor tarifa” y “alertas tempranas” cuando se produzcan picos de consumo o riesgos de impago. O que se garantice que los consumidores puedan cambiar fácilmente a contratos más económicos y tener acceso a herramientas de comparación “neutrales y transparentes”, y se eliminen las barreras para las empresas que recompensan a los clientes por trasladar su consumo de electricidad de las horas punta a las horas valle.
Energías renovables
Después de meses con la agenda verde aparcada por las presiones de la derecha y de parte de la industria, que afirman que puede lastrar la competitividad, la Comisión Europea vuelve a poner el foco en las renovables como solución a la crisis y transitar hacia la seguridad energética. “La transición hacia un sistema energético limpio, abundante, de producción nacional, seguro y asequible no es solo una necesidad medioambiental, sino un imperativo económico, de competitividad y de seguridad. Las medidas de alivio a corto plazo deben reforzar la estrategia a largo plazo, y no desviarse de ella, hacia un sistema energético de la UE descarbonizado y resiliente», dice la Comisión.
Así, varias de sus medidas urgentes van en esa línea. Bruselas propone a los Estados miembros que introduzcan incentivos fiscales y apoyo financiero —incluido el arrendamiento social para hogares vulnerables— para la rápida implementación de bombas de calor, baterías recargables, paneles fotovoltaicos y ventanas de alto rendimiento. También, que se pongan en marcha tarifas sociales y subvenciones adicionales para reemplazar rápidamente las calderas que funcionan con combustibles fósiles.
“Los Estados miembros que han alcanzado una alta proporción de energías renovables y nuclear suelen tener precios de la electricidad inferiores a la media de la UE”, destacan los técnicos de la Comisión Europea. “Las decisiones que se tomen hoy determinarán si la próxima crisis se afrontará con fragilidad o con fortaleza”, advierten.































