Un preso de la carcel de Zuera que está preparando el acceso a la universidad para mayores de 25 años, en una zona al aire libre del recinto del centro penitenciario.

Cientos de vidas puestas en pausa. Esa es la sensación que empieza a permear al traspasar los muros del centro penitenciario de Zuera, en Zaragoza. Allí pagan por los delitos cometidos y buscan una forma de enderezar sus vidas. Un propósito que no es fácil, porque las circunstancias que los empujaron a delinquir (las vidas interrumpidas, la falta de esperanza o el consumo de drogas) siguen muy presentes entre rejas. El esfuerzo es notorio, pero no imposible, y muchas veces se articula desde el mismo espacio donde un día comenzó a torcerse: el aula de una clase.

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Un recluso de la carcel de Zuera (Zaragoza) que está preparando el acceso a la universidad para mayores de 25 años, en un aula del centro penitenciario.Antonio, un preso del centro penitenciario de Zuera (Zaragoza) que está cursando Educación Social en la UNED, en la biblioteca del centro .Dos presos del centro Penitenciario de Zuera (Zaragoza) que están estudiando, caminan en una zona al aire libre.Ibrahim y Marcos pasean por el patio del Centro de Integración Social Las Trece Rosas, en Zaragoza.



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