La guerra de Ucrania llevó la amenaza bélica hasta la misma orilla de la Unión Europea a principios de 2022 y, desde entonces, se extendió la urgencia y la necesidad de invertir a fondo en defensa por parte de los socios comunitarios. Algo que Estados Unidos, desde su trono en la OTAN, llevaba años exigiendo a los socios, instando y obligando de facto a compromisos cada vez mayores de gasto respecto al PIB de cada país. Cuatro años después, la amenaza rusa todavía se mantiene en el flanco oriental y, más hacia el este, conflictos como los de Israel sobre Gaza o más recientemente el de Irán han constatado que estamos en una nueva era para la industria armamentística. Una era con mucho recorrido empresarial, casi de la noche a la mañana.

Las cifras avalan la euforia con el negocio armamentístico. Con Donald Trump de vuelta a la Casa Blanca, el nuevo objetivo de gasto público se elevó oficialmente al 5% del PIB para el año 2035. En la última actualización de la propia OTAN publicada hace un año, la media general se quedaba en apenas un 2,76%, con grandes naciones europeas como Alemania, Francia, Italia o la propia España alcanzando el 2% raspado. En el mejor de los casos, cada país debería duplicar su esfuerzo actual.

Así que la necesidad y la virtud fueron de la mano para la industria europea de defensa, que ha vivido en los últimos años un rally en las Bolsas que solo aguanta comparación con los gigantes tecnológicos de la inteligencia artificial. Por poner un ejemplo cercano: la española Indra terminó el pasado ejercicio como la empresa del Ibex con mejor desempeño en el parqué: se anotó un 186% de subida, muy por encima del conjunto de bancos, que rondaron como máximo el 130% de mejora.

Sin embargo, el idilio bursátil atraviesa un bache desde comienzos de año, con los analistas todavía dilucidando si es una corrección o un problema de fondo. Hay alguna señal de sobrecarga, con grandes proyectos prometidos que se cancelan, como el del caza europeo o la compra de fragatas por parte de Alemania. En España, Indra busca cómo ganar músculo fabril, para lo que ahora busca una alianza con Santa Bárbara, para completar todos los encargos que le llegan, mientras el Ministerio de Defensa lamenta regularmente retrasos en sus pedidos.

La industria de defensa es especialmente compleja en todos sus flancos: desde la geopolítica a la innovación, la mano de obra o el diseño. Las grandes compañías aceleran en sus alianzas para responder a la exigencia y a las expectativas, públicas y del mercado. Pero el ritmo productor y el empresarial también tienen sus límites.



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