El Consejo Nacional Electoral (CNE), que acaba de cambiar a sus directivos, ha sido una de las instituciones peor evaluadas del país, según sondeos realizados en los últimos meses.

El pasado jueves, 11 de junio del 2026, José Cabrera y Esthela Acero asumieron la presidencia y la vicepresidencia del organismos electoral en reemplazo de Diana Atamaint y Enrique Pita, que estuvieron en esos cargos un poco más de siete años. El recambio se dio en medio de la organización de los comicios seccionales que se desarrollarán el 29 de noviembre del presente año.

Según la encuestadora Click Research, en enero pasado, un 70,31 % de los entrevistados no confiaba en el CNE, mientas que un 29,69 % dijo que sí confiaba.

Al preguntarles si el Consejo respondía a intereses particulares o a intereses ciudadanos, el 66,25 % se inclinó por la primera opción y el 34,84 % por la segunda.

En tanto que el 75 % aseguró que estaba a favor de la renovación del CNE y el 25 %, en contra.

El universo de ese sondeo fue de 1.520 consultados en Pichincha, Guayas, Manabí y Azuay.

Apenas unos meses antes, en octubre del 2025, Click Report reseñó que el 64,79 % de los encuestados desaprobaba la gestión del CNE; el 31,78 % la aprobaba; y el resto no contestó la pregunta.

El universo de este otro sondeo fue de 2.280 encuestas en provincias de la Costa y de la Sierra.

¿Podrán las nuevas autoridades revertir esta mala percepción de la ciudadanía?

Según el analista electoral Alfredo Espinosa, la crisis institucional del CNE y su falta de independencia no empezaron ni acabaron con Diana Atamaint; es un problema estructural constitucional y reglamentario que condensa las responsabilidades adminsitrativas en una sola persona, que es el presidente del organismo.

“Es un modelo de gestión hiperpresidencialsita que se sostiene en las negociaciones políticas entre los consejeros bajo la lógica del reparto de delegaciones, puestos administrativos, áreas técnicas, etcétera; y con las autoridades de turno en la Asamblea o en el Ejecutivo. No creo que la crisis del CNE sea solo reputacional y no se soluciona con la salida de Atamaint porque Cabrera y Acero la sostuvieron votando con ella en momentos muy ágidos de su gestión, incluyendo el juicio político en la Asamblea en 2020 en el que sus partidos, el PSC y el correísmo, la salvaron con sus votos, y no haciendo fiscalización”, explica.

Éspinosa cita un estudio del Latimobarómetro del 2024 en el que se menciona que el CNE tiene apenas un 20 % de confianza en los ecuatorianos. Solo se supera al CNE de Venezuela por un turno. “Es una señal de alerta”, dice.

“Yo no veo que haya un proceso de oxigenación en el CNE. Hay un cambio de administración partidaria, pero eso no significa que los problemas de fondo se solucionen. Y no creo que se solucionen pronto. Ellos pueden decir que se cambiará la institución para bien cuando hace dos años a la consejera Acero la acusaron de un caso de diezmos”, señala el analista.

Para la politóloga Tatiana Quinga, la imagen de una institución no necesariamente mejora por el cambio de autoridades.

“La valoración de la institución tiene otros factores, como la propia gestión, las coyunturas electorales, etcétera. El problema con el CNE es que estamos a las puertas de un proceso electoral en el que se han visto acciones de la extitular Diana Atamaint que fueron cuestionadas relacioandas con organizaciones políticas y hasta se ha hablado de una vinculación directa con la Función Ejecutiva”, reflexiona la analista.

Opina que la designación de ambas autoridades en sí misma no hará que de la imagen del CNE mejore necesariamente pero sí hay “una especie de aire fresco que deja abiertas las expectativas a la ciudadanía respecto a la actuación del CNE” e invita a mirar el liderazgo que ejerza Cabrera en adelante.

En los próximos día se conocerán los cambios internos que realizará Cabrera, luego de que varios de los delegados provinciales y directores de áreas que laboraron con Atamaint pusieron sus renuncias. (I)



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