Alexandra Lange, en la entrada de la Librería Verbena, de Madrid, donde atendió a EL PAÍS.

Sale del colegio y va directo a Inglés. Después tiene entrenamiento y, más tarde, clases de música. Y cuando por fin llega a casa, apenas le queda tiempo para jugar. Buena parte de su jornada ha transcurrido en espacios diseñados por adultos, siguiendo horarios fijados por adultos y participando en actividades organizadas por adultos. En una época en la que las familias dedican enormes esfuerzos a elegir colegio, actividades extraescolares o métodos educativos, pocas veces se plantean una pregunta distinta: ¿qué aprenden los niños de los espacios que frecuentan cada día?

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La crítica y autora Alexandra Lange, en el interior de la Librería Verbena, en el madrileño barrio de La Latina.



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