Hace aproximadamente cinco años a los inversores no les dolían prendas allende los mares a la hora de invertir dinero a manos llenas en startups de toda clase y condición (se desenvolvieran o no en la arena de la tecnología). Y muchas de esas startups alcanzaban rápidamente el estatus de «unicornios» (rebasando, por ende, una valoración de 1.000 millones de dólares) antes incluso de ser ungidas con la anhelada rentabilidad.
Sin embargo, desde que ChatGPT irrumpiera como un elefante en una cacharrería a finales de 2022, la fiesta (aparentemente eterna) en la que vivían hasta entonces muchas startups terminó viéndose arruinada para siempre. Más de 220 startups que antes de 2022 llegaron a valer varios miles de millones de dólares son ahora «unicornios» caídos en desgracia. Y su valoración ha caído una media del 68%, de acuerdo con datos compilados por la CNBC. La IA generativa parece amenazar no sólo modelos enteros de negocio, sino también abocar a la extinción a categorías enteras de producto.
La irrupción de la IA generativa ha cambiado por completo la dinámica por la que otrora se regían las valoraciones de las startups. No podía ser de otra manera si tenemos en cuenta que 50 ingenieros pueden hacer hoy lo mismo para lo que se necesitaban 500 ingenieros hace cinco años.
Casi la mitad de 857 startups estadounidenses que en su día alcanzaron el estatus de «unicornios» no ha recibido apenas capital nuevo en tres años (lo cual equivale prácticamente a una prematura sentencia de muerte para este tipo de empresas).
Desde 2021 las startups han sido despojadas de un 68% de su valor y desde 2022 su valoración se ha visto mermada en un 52%. Mientras startups como OpenAI y Anthropic han logrado atraer más de 250.000 millones en inversiones, cientos de startups mucho más veteranas se han visto privadas de esa lluvia de millones (porque resultan demasiado valiosas para nuevas rondas de financiación y también demasiado poco rentables para atraer nuevo capital desembarcando en los parqués bursátiles).
Morir o ser malvendidas, el funesto destino de un buen número de startups
Entre los «unicornios» caídos en desgracia en el transcurso de los últimos años (en buena medida por la voracidad inversora de la IA generativa) están nombres extraordinariamente conocido como Glossier, Rothy’s, Brooklinen y Savage X Fenty (la marca de la mismísima Rihanna). Se han visto igualmente fuertemente zarandeados por el vendaval de la IA generativa pódcast extraordinariamente veteranos como AG1, Betterment y SeatGeek. No obstante, donde la IA generativa ha dado cuenta de un impacto más contundente es en el ramo de los proveedores de software Enterprise SaaS. 75 empresas de software lideran la lista de «unicornios» caídos en desgracia, más del doble que las startups adscritas al ramo «fintech».
Pero, ¿por qué se está mostrando tan implacable la IA con este tipo de empresas? Básicamente porque la IA está engullendo buena parte de las funciones otrora asumidas por los proveedores de software Enterprise SaaS. Y las voces más agoreras auguran incluso que buena parte de este tipo de empresas habrán pasado probablemente a mejor vida en un lapso de apenas una década por el impetuoso auge de los agentes de IA.
Además, la suerte no se muestra necesariamente más generosa con aquellas startups que deciden aventurarse en la industria de la IA. Y los expertos estiman, de hecho, que entre el 85% y el 99% de todas las startups de IA se toparán de bruces con el fracaso en apenas unos años. Aquellas startups que como OpenAI o Anthropic no tienen la vitola de pioneras en el ámbito de la IA necesitan mentores excepcionalmente poderosos a fin de recibir la financiación necesaria para salir adelante (y la mayor parte de ellas no tiene lógicamente a esos mentores).
En un nuevo contexto que es definitivamente adverso para las startups algunas de ellas optan por la venta para salir adelante, pero con precios de venta que están sustancialmente por debajo de lo que era habitual hace unos años. Las valoraciones de las startups se han visto devaluadas hasta seis veces. Y si antes su valor multiplicaba por 50 sus ingresos futuros, ahora ese factor de multiplicación se ha reducido apenas a 8. Una startup con idéntico nivel de ingresos vale hoy un 85% menos que hace cinco años.
Conviene además hacer notar que muchos de los 220 «unicornios» que han tenido la mala fortuna de caer en desgracia en los últimos años jamás volverán a ponerse en pie de nuevo porque su modelo de negocio está anclado en sus asunciones que se han terminado quedándose obsoletas a día de hoy: tipos de interés bajos y captación barata de talento. E incluso sobre aquellas startups que ya son perfectamente rentables (pero no pueden atraer nuevo capital) se proyecta la sombra de la parca y su afilada guadaña.































