La Reserva Federal, el mayor banco central del mundo, vive estos días un cambio de guardia. Jerome Powell, quien ha ocupado la presidencia durante los últimos ocho años, se dispone a dejar paso a Kevin Warsh, un economista, financiero y abogado, propuesto por Donald Trump.

La Fed comunicó este viernes que Powell seguirá pro tempore de forma interina hasta que Warsh jure su cargo. Se espera que lo haga en los próximos días.

Warsh, nacido en Albany (Nueva York) hace 56 años, tendrá su primera prueba de fuego en apenas dos semanas. Está previsto que el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), el organismo que decide sobre el destino del dólar, la moneda de referencia mundial, se reúna el 16 y 17 de junio. La cita será el primer examen del nuevo presidente de la Reserva Federal. Se produce en un momento complicado, en medio de la escalada de precios por el cierre del Estrecho de Ormuz como consecuencia de la guerra en Irán, con la inflación encaramada en el 3,8%, la más alta en tres años y con una creciente división interna sobre el rumbo a tomar.

El mercado escrutará con interés los primeros pasos de Warsh, que ha llegado al puesto cumbre de la Fed esgrimiendo argumentos a favor de una rebaja de tipos. El presidente estadounidense confía en que su elegido cumpla con las expectativas de rebajar las tasas para abaratar la financiación antes de las elecciones de mitad de mandato, donde los republicanos se juegan buena parte de su poder.

Es el presidente de la Fed más rico de la historia, se estima que tiene un patrimonio cercano a los 200 millones de dólares; además, está casado con Jane Lauder, una de las herederas del imperio de la cosmética Estée Lauder, con una fortuna estimada en 10 veces más. Se sentará en el renovado despacho situado en el edificio Marriner S. Eccles en Washington, a escasas manzanas de la Casa Blanca, con tres carpetas sobre la mesa para afrontar los principales retos por los que el mercado le valorará.

Tipos de interés

Durante buena parte de su carrera como economista, Warsh ha defendido que no hay que ser tibio con los tipos de interés para hacer frente a una espiral alcista de precios. “La inflación es una elección”, suele repetir. Pero durante el último año ha moderado su mensaje para hacerlo encajar con los requisitos que exigía Trump para ocupar el puesto.

El decimoséptimo presidente de la Fed defiende ahora que los tipos de interés deben estar más bajos para responder al aumento de productividad que está provocando la inteligencia artificial. Sostiene que estamos ante un profundo cambio tecnológico que permitirá hacer más con menos, lo que conducirá a un crecimiento económico prolongado y sostenido con poca tensión en los precios.

Otros funcionarios de la Reserva Federal piensan, por el contrario, que el impacto actual de la IA se sustenta por el auge en la construcción de centros de datos, aumentos en los precios de la electricidad y cierta exuberancia bursátil, factores que puede alimentar la demanda a corto plazo y ayudar a inflar los precios.

Más allá de la teoría, la realidad es que la primera reunión se produce en un contexto en que hay un repunte de precios. La inflación escaló al 3,8%. Y aunque él defiende la necesidad de emplear otras fuentes de datos para analizar los precios (como la mediana de la inflación subyacente) para excluir los elementos más volátiles y los que distorsionen la medida, las consecuencias del cierre del Estrecho de Ormuz se están contagiando poco a poco a más elementos de la cesta de la compra.

“La perspectiva de una inflación general superior al 4% este verano y la reciente mejora en las cifras de empleo sugieren una pausa prolongada por parte de la Reserva Federal”, explica James Knightley, economista de ING Research para Estados Unidos. En esa línea se manifiestan los mercados de futuros. “Sin embargo, no esperamos ver una inflación generalizada y persistente, dada la falta de impulso de la demanda y la debilidad del crecimiento salarial”.

Los últimos datos de inflación revelan que los salarios están perdiendo poder adquisitivo al crecer menos que los precios. Es uno de los síntomas en los que se fijarán los mercados. “Es posible que Warsh no pueda implementar recortes significativos en las tasas de manera inmediata, por lo que es probable que la presión de Trump sobre la Fed persista, aunque tal vez reorientada hacia los gobernadores o los presidentes de los bancos de la Reserva Federal”, explica Claudia Sahm, exjefa de sección de la Fed y analista para Jefferies.

Reducción de balance

Otra de las preocupaciones de los inversores tiene que ver con el plan de Warsh de reducir el balance de la Fed. Se trata de una de sus obsesiones que lo acompañan desde que fue miembro de la junta de gobernadores de la Fed entre 2006 y 2011, cuando tuvo serias diferencias con el presidente de la institución de aquella época, Ben Bernanke.

El balance actual de la Reserva Federal asciende a unos 6,7 billones de dólares, cerca del 21% del PIB, después de haber alcanzado el récord de nueve billones de dólares durante la pandemia. Warsh está convencido de que esta herramienta de política monetaria, que básicamente consiste en la compra de bonos, deuda e hipotecas, en realidad es una medida de política fiscal que sobrepasa las competencias de la Fed. Cree que termina beneficiando a aquellos que tienen activos financieros respecto al resto de agentes del mercado.

Sin embargo, los analistas creen que no será fácil abordar ese reto a corto plazo. “El nuevo presidente de la Reserva Federal quiere reducir el balance, pero se enfrentará a obstáculos. Suponiendo que pueda construir un consenso entre los miembros FOMC, el proceso probablemente tomaría años y podría ocurrir solo de manera intermitente, dependiendo de las condiciones de los mercados financieros”, explica John Canavan, economista principal de Oxford Economics.

Warsh tendrá que vender resistencias internas. El gobernador Michael S. Barr, dijo esta semana: “Creo que reducir el balance es un objetivo equivocado, y muchas de las propuestas para lograrlo socavarían la resiliencia de los bancos, obstaculizarían el funcionamiento del mercado monetario y, en última instancia, amenazarían la estabilidad financiera”, dijo. Los intentos anteriores de la Fed de reducir su programa de compras de deuda se han ejecutado con un cuidado extremo, y no han estado exentos de sustos.

Tiffany Wilding, economista de PIMCO, expresa sus dudas sobre el tamaño del balance. “Dada la relación entre reservas bancarias y depósitos, es probable que el balance de la Fed continúe expandiéndose gradualmente con el tiempo”. Y apostilla: “Varios responsables y académicos también han expresado su preocupación de que un balance de la Fed en expansión constante pueda difuminar la distinción entre política monetaria y fiscal, lo que podría amenazar la independencia del banco central”.

Orientación prospectiva

Otro de los cambios que ha diseñado Warsh para la Fed consiste en ofrecer menos pistas de sus acciones futuras, para evitar decisiones por inercias. Warsh anticipó que plantearía un “cambio de régimen” para poner fin a la orientación prospectiva, reducir las opiniones de previsiones de los gobernadores y limitar las conferencias de prensa después de cada reunión.

Las orientaciones prospectivas son las declaraciones o pronunciamientos de la Fed que ofrecen pistas sobre sus próximos movimientos. Comenzaron en la época de la crisis financiera, cuando los tipos de interés estaban al borde del 0% y suponían un mensaje para los inversores de que la política monetaria seguiría siendo acomodaticia. “El rechazo de Warsh a la orientación prospectiva (forward guidance) representa un retroceso respecto a 20 años de innovación en materia de política monetaria», sostiene Claudia Sahm.

El nuevo líder de la Fed ha manifestado su intención de reducir las conferencias de prensa posteriores a las reuniones del FOMC. Michael Feroli de JP Morgan cree que ”la junta de gobernadores se mostrará receptiva a reconsiderar su forma de comunicar, aunque no resulta sencillo prever cómo concluirá este debate».

Feroli cree que muchos miembros del FOMC “son partidarios de mantener el gráfico de puntos (las proyecciones sobre el nivel de los tipos a futuro), dado que les permite tener voz y voto en el conjunto global de comunicaciones de la Reserva Federal”. Y sostiene que “es probable que las modalidades de la conferencia de prensa queden a discreción del presidente”. La próxima reunión de junio será la primera prueba en la que demostrará a qué velocidad y profundidad aborda los cambios que ha planteado para el “cambio de régimen”.

Una encuesta realizada por Brookings Institute a varias decenas de analistas inversores concluye que la rueda de prensa posterior a la reunión del presidente es considerada la forma más útil de comunicación de la Fed por casi todos los encuestados, y casi todos dicen que el presidente debería seguir ofreciendo conferencias de prensa tras cada reunión del FOMC.

Consenso

Muchos cambios y poco margen. Warsh desembarca en la Reserva Federal con la mayor división interna en varias décadas. En la última reunión se produjeron tres votos disidentes, el mayor nivel desde principios de la década de los 2000. Además, hay muchas sensibilidades sobre los diferentes cambios que plantea. Tendrá que ejercer de líder y persuadir para buscar complicidades.

Aunque ya ha advertido que le gustan los debates abiertos y menos rígidos. “Tiendo a preferir reuniones más informales que otras, donde la gente no llega con guiones ensayados, pero podemos tener una buena discusión familiar”, sostuvo durante la audiencia de confirmación en el Senado. De esta forma se anticipó a las batallas internas que se librarán durante los próximos meses.

Además, su mandato coincidirá con la permanencia de Jerome Powell en la Junta de Gobernadores. Aunque su mandato como presidente terminó este viernes, su nombramiento como gobernador independiente se extiende hasta 2028. Aunque ha dicho que mantendrá un perfil bajo, para no opacar a Warsh, habrá que ver la influencia que ejerce sobre otros miembros del FOMC.

En definitiva, “Warsh ha prometido defender la independencia de la Fed”, señala Nicolas Jabko, profesor de Ciencia Política en la Universidad Johns Hopkins en un artículo para Project Syndicate. “La cuestión es si podrá hacerlo sin antagonizar a Trump, que considera que los tipos de interés bajos son fundamentales para impulsar la economía y abordar las preocupaciones sobre la asequibilidad antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre ―sin contar las presiones inflacionarias causadas por sus aranceles y la guerra contra Irán―. Si la Fed de Warsh no baja los tipos, y rápido, es poco probable que los ataques de Trump cesen», añade.

Ganadores y perdedores

Lale Akoner, la analista Global de Mercados de eToro, cree que el cambio de régimen en el guardián del dólar dejará ganadores y perdedores: “Mientras que los bonos a corto plazo podrían beneficiarse de posibles recortes una vez superada la crisis energética, los bonos a largo plazo podrían experimentar un menor potencial de crecimiento si la preocupación por la inflación y el endeudamiento público mantienen los rendimientos elevados”.

Sitúa a las empresas financieras, los bancos, las aseguradoras, las gestoras de activos, las acciones de valor como posibles beneficiadas, mientras que las empresas de crecimiento especulativo, las compañías altamente endeudadas y los prestatarios de alto rendimiento más débiles podrían encontrar mercados menos indulgentes.

“En definitiva, una Reserva Federal bajo la presidencia de Warsh no implicaría necesariamente un endurecimiento de la política monetaria, pero sí modificaría la forma en que se valora el riesgo, dejando a los mercados más expuestos a la volatilidad y otorgando mayor importancia a la calidad, la diversificación y el posicionamiento activo”, concluye Akoner.



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