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Aprovechamos la histórica cita entre Donal Trump y Xi Jinping para repasar el salto de gigante que ha dado China hasta ponerse al nivel de EEUU y poner en aprietos al corazón industrial de Europa. Utilizar la fuerza del contrario a favor, como en las artes marciales, es la única salida para no ceder soberanía.

Qué hay detrás

🐉 El primer shock que China indujo a la economía global comenzó poco después de su entrada en la Organización Mundial del Comercio (OMC) en la década de los noventa y tuvo su cénit a principios de la segunda década de este siglo. Su explosiva exportación de manufacturas baratas al mundo desplazó industrias y cambió sectores, convirtiendo la globalización en un fenómeno con acento asiático. Ese shock destruyó empleo de poco valor añadido en los países desarrollados, con especial incidencia en los países del Sur de Europa —como España con el calzado, el textil o los muebles— y también en algunas zonas muy concretas de EEUU.

⚖️ Aunque hubo perdedores innegables del fenómeno, el saldo neto para Occidente fue positivo. China exportó desinflación, abarató los precios de prácticamente todos los insumos reseñables y abrió espacios para la industria tecnológica y de valor añadido al no tener sentido emplear recursos en procesos que el gigante asiático podía hacer más baratos. La economía se volvió especializada y se centró en los servicios.

💚 Pero si por algo destaca la fábrica del mundo es por su visión anticipatoria y su preparación para lo que viene. Hace una década percibió el agotamiento de su modelo que además tenía externalidades negativas en sus ciudadanos por la contaminación. La búsqueda de energías limpias que hicieran al país autónomo y a la vez más vivible para sus ciudadanos, generó una de las primeras industrias tecnológicas de alto valor añadido: la verde. De forma casi subsidiaria también se lanzó la producción masiva de los coches eléctricos, que primero tenían el objetivo de aclarar el irrespirable humo de las grandes ciudades para luego convertirse en una imbatible industria global.

En este interesante podcast del Financial Times, el experto Kyle Chan explica que la virtud de China no es solo decir: voy a desplegar una industria. Es en detectar los cuellos de botella y los puntos débiles de su plan y anticiparse. Por ejemplo, hace más de una década tuvo claro que si quería una industria intensiva tecnológicamente necesitaba una red eléctrica y unas infraestructuras acordes. Y toda la maquinaria del Estado se puso a resolver ese problema. España y EEUU están ahora a vueltas con los cables, muy pocos para las necesidades del tipo de economía que quieren construir. Pero esta deficiencia ha emergido a posteriori, cuando es mucho más difícil de resolver.

🪫 Otro ejemplo de anticipación del cuello de botella fue ver que las baterías iban a ser la base de la nueva industria. Y el país construyó una cadena de valor, desde las materias críticas y su refino, para que llegado el momento una batería fuera una ventaja competitiva, no una debilidad (como en Occidente).

Sin prisa pero sin pausa, durante esa segunda década del siglo, cuando además Europa y EEUU estaban muy ocupadas en reponerse de la crisis financiera y en comenzar a lidiar con sus fenómenos populistas internos, China transicionó de su modelo de factoría barata a una política industrial de valor añadido. No se puede decir que lo hiciera de forma inadvertida. Lo hizo a través de un plan estratégico que presentó en 2015 y que bautizó Made in China 2025, poniendo objetivos claros alcanzables una década después.

Ya entonces los expertos advirtieron de lo que supondría cumplir la hoja de ruta. Un auténtico terremoto para los países con industrias de alto valor añadido que se verían amenazadas por la potencia de fuego del dragón asiático.

China parte con ventaja a la hora de lanzar cualquier política industrial. Tiene un tamaño que facilita alcanzar rápidamente economías de escala; no tiene que respetar las reglas de competencia así que puede subsidiar a discreción los sectores o empresas que considere oportunos aunque al mismo tiempo fomenta rabiosamente la competitividad interna de forma que sean las propias empresas las que bajen los precios para sobrevivir con unos márgenes muy estrechos que les obliga a buscar otros mercados fuera de China para subsistir. También, y esto es muy importante, puede tomar decisiones antidemocráticas sin coste y no depende del ciclo político para culminar sus planes a largo plazo.

“Las señales estaban pero no se quiere ver lo que no interesa”, dice Elena Pisonero que fue secretaria de Estado de Comercio y ahora es consejera de empresas del sector de la Defensa y aeroespacial. “Pensábamos que los problemas internos brutales que iba generando —como las empresas estatales en pérdidas— acabaría implosionando, pero no ha sido así”.

Para deleite de los medios, los economistas califican a la nueva situación como shock 2.0 del que se lleva meses escribiendo ríos de tinta en la búsqueda de cómo frenarlo. China ya ha alcanzado un desarrollo tecnológico superior a Europa en muchas industrias, pero una especialmente duele, y mucho. La del automóvil, auténtico orgullo del continente.

“La ventana que tenemos ahora para que las dependencias no sean irreversibles es mucho más corta”, dice Pisonero.

Hace casi un año conocí a un ingeniero que se dedicaba a destripar los nuevos modelos de coches eléctricos chinos en un laboratorio para “copiar” los avances tecnológicos. Estaba muy impresionado porque acababa de analizar un motor tecnológicamente inasequible para Europa. Era imposible de copiar porque no entendían nada de su funcionamiento.

Europa sabe que ha perdido la batalla de los coches y lleva ya al menos dos años imponiendo aranceles a su importación, justificados por los subsidios que recibe la cadena de valor en China. Pekín responde con aranceles de vuelta y Europa trata de encontrar la fórmula para contener el shock sin pasarse de frenada.

🇪🇸 “El proteccionismo no es sostenible, la base de nuestro progreso es la apertura”, recuerda Pisonero que cree que siempre que España se ha cerrado se ha empobrecido. La ex presidenta de Hispasat está de acuerdo en cuidar los sectores irrenunciables para Europa pero aboga también por aumentar la cooperación con las denominadas “potencias medianas”, esas que ahora luchan por escapar de la pinza de la política de bloques entre China y EEUU y que tienen mucho que ofrecer. “España no es un país menor, tiene una cuota de influencia y de poder que ejercer”, sentencia.

La reacción a ambos lados del Atlántico ha sido la de recurrir al proteccionismo. De forma virulenta, en el caso de Washington. De forma porosa por parte de Bruselas. Y en eso estábamos cuando Trump y Xi se dieron el apretón de manos.

Qué va a pasar

Después de un año de golpearse contra un muro, Donald Trump se presenta en la ciudad prohibida como un auténtico loooooser, de la guerra comercial, y de la otra también. Su situación de extrema debilidad, combinada con su acuciante necesidad de llevar a casa una victoria antes de las elecciones de medio mandato, es una receta explosiva. En esta columna de EL PAÍS de Alicia García-Herrero explica lo que se juega en Pekín: la supervivencia de Taiwán que no es solo una isla díscola de la China continental. Es el productor del 90% de los chips que necesita el mundo para funcionar.

García-Herrero es una de las expertas en China más reputadas de España (y del mundo) con una postura que de forma simplificada podríamos calificar de halcón. Eso es, de prevención frente al despliegue del poderío chino. Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano y también un experto incontestable en la materia, sería más paloma, y apoya la aproximación pragmática que el Ejecutivo de Pedro Sánchez está haciendo con Pekín al tratar de atraer inversiones con condiciones.

De alguna forma, sus visiones representan las dos almas que conviven en Europa y que se han tratado de plasmar en la Ley de Aceleración Industrial (que adelantó EL PAÍS en febrero) y que da a China una pequeña dosis de su propia medicina al forzar a las empresas que quieran invertir en territorio europeo a transferir valor añadido.

Históricamente, el Gobierno chino —en línea con otras dictaduras como la de Cuba o Venezuela— obliga a las empresas occidentales que quieran hacer negocios en el país a buscar un socio local y compartir el conocimiento. No muy diferente a lo que hace EEUU, cuyo sistema obliga a las empresas a constituirse en suelo americano para poder hacer negocios.

Otero es partidario de construir políticas para hacer un “Deng inverso”, esto es, que Europa se abra de forma selectiva y condicionar el compromiso para recuperar el impulso tecnológico en áreas como las baterías revirtiendo la política de Deng Xiaoping que atrajo las inversiones multitudinarias en el pasado. No se trata de aislamiento, sino de “instrumentalizar estratégicamente la interdependencia”, dice Otero, utilizando los insumos chinos baratos para reducir costes de transición mientras se protegen capacidades clave.

“Los intentos de una desconexión brusca impondrían importantes costes económicos, a la vez que ofrecerían beneficios inciertos en materia de autonomía. Al mismo tiempo, una interdependencia no gestionada puede generar vulnerabilidades y asimetrías. Pero el compromiso no es una apertura ingenua; es un esfuerzo calculado para reforzar la influencia en un mundo definido por las relaciones estructurales entre EE. UU. y China”, dice el investigador español. “El objetivo no puede ser aislar a Europa de China, sino instrumentalizar estratégicamente la interdependencia”, concluye.

Europa que destaca por su grado de apertura ha comenzado a practicar estas fórmulas proteccionistas con más o menos soltura. España es por el momento el alumno aventajado al abrazar este sistema de condicionalidad, y los datos muestran que por ahora tiene éxito. En este enlace hay un resumen detallado de las inversiones que recibirá España acogidas por comunidades autónomas de diferente signo político.

El Center for Strategic and International Studies (CSIS) calcula que España ha recibido inversión extranjera directa china por valor de 700 millones de dólares (643 millones de euros) en 2025, el nivel más alto desde 2018, aunque todavía lejos de la magnitud y la consistencia de mediados de la década de 2010. Para el CSIS, España actúa como un “test de estrés para la UE”. El objetivo final debe ser un equilibrio donde la apertura fortalezca la base económica y la autonomía estratégica, evitando que las variaciones nacionales alimenten una estrategia china de “divide y vencerás”.

García-Herrero es muy escéptica en que este modelo resulte en una transferencia de tecnología y en numerosos artículos ha señalado los peligros de que Europa trate de copiar el modelo chino que por definición, para una democracia liberal, es inimitable. El capitalismo de Estado chino da ventajas estructurales a las empresas públicas con acceso preferencial al crédito y la tierra. La economista dice que el éxito chino no se basa en la invención, sino en ser una “máquina de comercialización” que es el talón de Aquiles europeo. Europa no sabe mercadear con su conocimiento.

🔄 En el informe de CSIS también cree que el arsenal de políticas es insuficiente. Los supuestos compromisos de transferencia tecnológica no son vinculantes y Pekín es cada vez más protector de sus sectores estratégicos, como demuestra su ley de control de exportaciones de 2025. La recomendación de CSIS es que la UE concentre recursos donde la capacidad industrial sea innegociable para la seguridad y establezca un marco común que combine la bienvenida a la inversión con una “defensa comercial sólida”.

Para finales de 2027, si ningún otro hecho histórico rompe su curso, España debería comenzar a ver si el modelo ha funcionado. Si las plantas anunciadas que ya deberían estar en marcha, se han quedado en meras ensambladoras o si la tecnología punta a China ha comenzado a permear el tejido industrial.

Por el camino, el gobierno debe seguir con su papel de vigilante, seleccionando el tipo de inversiones donde Pekín puede seguir penetrando en Europa, porque el uso de las infraestructuras críticas es una preocupación al alza. En Europa hay un escenario de “segunda autoridad portuaria invisible” explica el analista Antonio Legaz. China controla participaciones en más de treinta puertos europeos, con las que se hizo en plena crisis del euro, el equivalente al 10% de la capacidad portuaria total del continente. El Pireo griego está bajo control operativo total y Hamburgo y Róterdam tienen participación china en sus terminales principales. En España, COSCO —la empresa pública china— controla el 51% de CSP Valencia y el 39,5% de CSP Bilbao, con China Merchants como socio minoritario. Legaz dice que el control de los puertos tiene varias capas, como la de las grúas de origen chino ZPMC y que son auténticos sensores recolectores de datos. Para Legaz, esta red de uso dual combina inversiones comerciales con capacidad de proyección de poder, donde la eficacia de la estrategia radica en “estar presente, operar con normalidad y esperar a que la geopolítica genere una situación en la que esa presencia tenga valor de palanca”.

La capacidad de China de recolectar datos a través de su infinidad de dispositivos electrónicos y conectados —y que debe compartir con el Estado de acuerdo con una Ley de Seguridad Nacional de 2021— es otra inquietud habida cuenta de que la siguiente gran economía en crecimiento es la del dato. Otero minimiza este riesgo y recuerda que todos los países espían en mayor o menor grado.

Quién gana y quién pierde

🇪🇺 La Unión Europea

Europa está doblemente amenazada por el rápido crecimiento chino. Por un lado, es un rival sistémico, tal y como lo reconoce el bloque, que con unas reglas de juego totalmente diferentes compite con los actores europeos. Pero, además, la posibilidad de confrontación o alianza con EEUU también la sitúan en una posición vulnerable. Un hipotético recorte de suministros desde China a EEUU pondría en peligro la industria electrónica europea que triangula con el mercado americano al que se compran componentes intermedios con base china. El escenario de una alianza entre las dos nuevas potencias hegemónicas tampoco es tranquilizador. Un entendimiento entre Washington y Pekín polarizaría los extremos y haría aún más sombra al continente.

🌞 Las renovables

China fabrica el 85% de los paneles solares y el 68% de las turbinas eólicas del mundo a precios reducidos gracias a los subsidios lo que actúa como un “bien público global” que acelera la descarbonización, explica García-Herrero. Pero la economista puntualiza que esto crea una paradoja: China está “subsidiando” de facto la transición verde del mundo, haciendo que sea políticamente más aceptable, pero al mismo tiempo presenta un desafío competitivo que fuerza a una reevaluación de las estrategias industriales nacionales. Estamos cambiando la dependencia de las energías fósiles (en 2026 EEUU es el primer importador fósil de Europa) por una dependencia total de la cadena de valor verde china.

🇫🇷🇩🇪 Francia y Alemania

El investigador Federico Bartalucci ha hecho un pormenorizado estudio sobre cómo el shock 2.0 afecta a las distintas regiones europeas con un claro desplazamiento de las amenazas hacia el norte y el corazón industrial de Europa, con Stuttgart, gran parte de Baviera y Sajonia muy expuestas a las importaciones chinas. Lo mismo ocurre con algunas zonas del norte de Italia y el centro de Francia. República Checa, estrechamente integrada en las cadenas de suministro automovilísticas europeas, registra un descenso del empleo en el sector en sus ocho regiones.

No todas las regiones altamente expuestas sufren. Algunas son resilientes: partes de los Países Bajos, Escandinavia y el este de Alemania muestran una alta exposición, pero un empleo industrial estable o en crecimiento, como Madrid, País Vasco o Cataluña. Esto puede reflejar diversificación, demanda interna o, simplemente, un ajuste retrasado, dice Bartalucci.

Mientras tanto, regiones del sur de Italia, partes de España como Castilla y León y gran parte de Rumanía y Bulgaria se enfrentan a un declive industrial a pesar de su baja exposición directa. Sus retos son de carácter estructural —demografía, falta de inversión, escasa capacidad institucional— más que impulsados por el comercio.

La debilidad de Francia y Alemania les lleva a ser reacios a las importaciones chinas, especialmente París que en los últimos años ha abrazado el nacionalismo de forma desaforada y tiene una actitud muy beligerante respecto a Pekín. Las empresas europeas se encuentran así en un atolladero porque sus capitales les piden que fomenten el derisking, buscando proveedores alternativos a China, pero Pekín está penalizando a las empresas en las que detecta esa reducción de dependencias en la cadena de valor.

🕵🏻 Privacidad y control de los datos

El miedo a que China esté acumulando datos de los usuarios occidentales que sus empresas enviarían a Pekín va en aumento. Otero cree que estas teorías rozan la paranoia porque no hay evidencias de para qué podría China estar usando esa información, y no la ve muy diferente a la concentración de datos que hacen las grandes tecnológicas americanas como Google.

Para la autoridad de telecomunicaciones estadounidense, este riesgo es muy real y ha ido añadiendo restricciones al listado de aparatos chinos que no se deben utilizar en el país, como routers o drones. La FCC está estudiando si prohibir los módulos celulares chinos, que son los que hacen de nodos para transmitir en el internet de las cosas y cuya prohibición supondría un auténtico quebradero de cabeza. EEUU ha marcado una línea roja en aplicaciones como Tik Tok y operadores como Huawei, pero los posibles casos de espionaje por parte de “bichos” instalados por empresas públicas chinas se multiplica.

El gobierno de Lituania reportó que los móviles de Xiaomi venían con algoritmos censuradores; Reino Unido ha desaconsejado a sus funcionarios que conecten sus móviles a coches eléctricos chinos en línea con los anuncios de nuevas funcionalidades de estos vehículos para monitorear y enviar a Pekín los movimientos; y EEUU reportó haber encontrado posibles intercomunicadores en los inversores de potencia que necesitan los paneles solares para funcionar.

El consumidor europeo mucho más preocupado por el precio que por la seguridad sigue adquiriendo tecnología china sin incorporar el temor al espionaje en la ecuación de la decisión de compra. Pero como apunta Legaz, los datos pueden dormir en los servidores chinos hasta que el contexto los convierta en palanca. La eficacia de la estrategia china “no requiere ninguna acción dramática. No necesita sabotaje, no necesita espionaje activo, no necesita confrontación”, dice el analista.

🌍 África

Desde el 1 de mayo, China ha eliminado el 100% de los aranceles a 53 países africanos. Su aproximación es la opuesta de EEUU y le abrirá aún más la puerta al acceso a los minerales críticos y materias raras que se acumulan bajo el suelo del continente.

⚕️ Servicios, diseño, farmacia y patentes

Aún quedan algunos espacios en los que China no ha hecho el llamado catch-up, esto es, alcanzar o superar en desarrollo a sus competidores. En general, el desarrollo del sector servicios sigue siendo relativamente precario en comparación a la industria y ahí es donde los jugadores europeos y estadounidenses esperan crecer. También china aún tiene que ponerse al día en el diseño; en la arquitectura más puntera de semiconductores; en farmacia; en las telecomunicaciones por satélite; biotecnología y farmacia; aviones y software.

El dato: 68GW

Según datos de Ember recopilados por The Guardian, en el mes de marzo y gracias al impulso de la subida y carestía de los combustibles fósiles por la guerra de Irán, China exportó el equivalente a 68GW de capacidad solar que es todo lo que España tiene instalado.

El concepto: Capitalismo de la vigilancia

El capitalismo de vigilancia o surveillance capitalism es un sistema económico basado en la mercantilización de los datos personales, en el que las empresas tecnológicas supervisan los comportamientos tanto en línea como offline para predecir e influir en acciones futuras con fines lucrativos. El término lo acuñó la economista de Harvard Shoshana Zuboff en este estudio.

La frase

“No importa si el gato es blanco o negro, mientras cace ratones, es un buen gato”, dijo Deng Xiaoping para resumir su pragmatismo político en cuanto al capitalismo. Un clásico aplicable hoy y siempre.

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