A los eurodiputados se les queda muy corto el presupuesto plurianual de la UE (2028-2034) que la Comisión Europea planteó hace unos meses. El proyecto elaborado por el Ejecutivo de Bruselas se acerca a los 1,8 billones de euros, una cantidad que equivale al 1,26% de la renta nacional bruta de la Unión. Los parlamentarios reclaman que sea un 10% mayor para evitar que las nuevas prioridades señaladas por los 27 (defensa y competitividad), así como la amortización de los créditos con los que se ha financiado el Fondo de Recuperación, se coman los recursos de las políticas más tradicionales de la UE: cohesión y agricultura. Y eso es lo que han votado este martes en Estrasburgo por 370 votos a favor, 201 en contra y 84 abstenciones.

Con esta votación, el Parlamento Europeo ya está listo para sentarse a negociar con los Estados miembros las cuentas definitivas del próximo periodo presupuestario. No será fácil que lleguen a un acuerdo por varios motivos. Lo primero es que entre los Estados todavía no hay un punto de encuentro. Y lo segundo, en realidad, es una continuación de eso: hay países que rechazan de plano cualquier incremento del presupuesto de la UE, algo que se pudo ver con nitidez la semana pasada en el Consejo Europeo informal que se celebró en Chipre. En esa cita, el canciller de Alemania, Friedrich Merz, y el primer ministro de Países Bajos, Rob Jetten, fueron contundentes.

La cantidad propuesta por la Comisión Europea no es muy diferente de la acordada en otros presupuestos anteriores. Suele rondar el 1% de la renta nacional bruta de la UE cada año. En este caso es incluso superior, un 1,26%, más que el 1,13% del actual periodo plurianual (2021-2027). Pero a esta cantidad hay que restarle el dinero que se destinará a devolver los créditos contraídos para pagar el Fondo de Recuperación que se puso en marcha con la pandemia y que fue una herramienta financiera que se financió con recursos prestados que no se incluían en el presupuesto ordinario.

Esa cantidad a restar del presupuesto total implica una reducción hasta el 1,15%, es decir, algo más de 1,6 billones de euros. A esto hay que añadir un crecimiento muy sustantivo del gasto en defensa, que se multiplica por cuatro respecto a la cifra actual, unos 130.000 millones. La defensa se incluye en un capítulo más amplio de competitividad, el gran objetivo de la UE para relanzar una economía que pierde fuelle frente a la de Estados Unidos y China, que crece un 140%.

Estos incrementos y las nuevas necesidades obligan a hacer recortes en partidas tradicionales de la UE, como la de agricultura y la de cohesión. Por eso el Parlamento Europeo plantea “un modesto incremento del 10%”, según ha declarado el eurodiputado rumano del PPE Siegfried Muresan, uno de los ponentes parlamentarios que tendrán la tarea de negociar con el Consejo de la UE.

“La ambición sin recursos es vacía, por lo que hemos adoptado una posición firme sobre el próximo presupuesto, equilibrando las prioridades nuevas y tradicionales con un aumento moderado y nuevos recursos propios genuinos”, ha apuntado la otra ponente parlamentaria en este proyecto legal, la socialista portuguesa Carla Tavares.

Ante esta reclamación, los parlamentarios también ponen énfasis en la creación de nuevas fuentes de ingresos para el presupuesto europeo. En su propuesta de “recursos propios”, como se llama en el argot comunitario a estos impuestos comunes, ya se planteaban nuevas vías de recaudación, que deben suponer “alrededor de 60.000 millones de euros al año”. “En caso de que se descarten algunas propuestas”, señalan los parlamentarios, en referencia a planteamientos como el gravamen para las empresas que ingresen más de 100 millones de euros al año, muy mal visto por Alemania, piden “que se estudien alternativas, como un impuesto sobre los servicios digitales, un impuesto sobre los juegos de azar en línea, una ampliación [de los ingresos] por el mecanismo de ajuste en frontera por emisiones de carbono (CBAM) o un impuesto sobre las ganancias de capital de los criptoactivos”.

Precisamente este punto será uno de los más espinosos de la negociación si no se quieren aplicar ajustes presupuestarios significativos a las partidas tradicionales. La creación de nuevas fuentes de ingresos es un elemento que provoca fricciones en varios Estados miembros y con posturas, en ocasiones, erráticas. Por ejemplo, Alemania, que el año pasado envió un documento a la Comisión Europea cuando se estaban ultimando los detalles de la propuesta presupuestaria en el que mostraba su disconformidad con aumentar las transferencias nacionales, por que lo apostaba por nuevos recursos propios. Posteriormente, cuando se conocieron los planes de Bruselas, Berlín los rechazó.

Sobre las ideas lanzadas por el Parlamento sobre nuevos impuestos, fuentes diplomáticas explicaban este mismo martes que, dados los plazos, se antoja muy difícil que haya margen para ampliar este debate. El tiempo también será importante porque los planes pasan por dejar todo listo este mismo año, aunque el presupuesto vaya a entrar en vigor en 2028, por dos cosas: hay que desarrollar los trabajos técnicos para aplicarlos y hay elecciones en Francia en 2027, lo que puede paralizar muchas decisiones capitales en la UE.

“Instamos al Consejo Europeo a que dé un paso al frente, impulse nuestras propuestas y acuerde un presupuesto sólido y oportuno. Estamos dispuestos a comprometernos”, ha señalado Muresan, el diputado rumano del PPE.



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