
El estrecho de Ormuz está abierto. Lo único –pequeño detalle– es que es posible que usted reciba el impacto de un misil al cruzar. Ese es el mensaje que lanzó el secretario del departamento de Guerra de Estados Unidos (antes llamado de Defensa, ahora más coherente), Peter Hegseth, la semana pasada. El también expresentador de la Fox, a pesar de los chascarillos que levantó, no hizo más que seguir una retórica por la que Washington parece entender que esta línea de agua tiene alguna compuerta que se cierra al antojo del Ayatolá. Por lo que sea, a los mercados no les convenció.
La cuestión es que los petroleros no atraviesan el estrecho, o al menos no los que a Estados Unidos le gustaría, y los precios del crudo están altos, por muchos esfuerzos de liberación de reservas que se estén haciendo. Mientras, por Ormuz y bien pegados a la costa iraní, pasan con su cargamento sin problemas cargueros a cuentagotas, con lo que parece es el beneplácito de Teherán. El estrecho está abierto, esto último confirma las palabras de Hegset, y para todos, lo único que a algunos hay un cierto peligro de saltar por los aires.
Si el mercado estadounidense estornuda, el español se coge una neumonía
El mercado español, al contrario de lo que pueda parecer, está muy internacionalizado. Tanto que si un gestor en Nueva York estornuda, otro en Madrid se coge una neumonía. En los últimos días, con el mercado agitado, se han multiplicado las retiradas de efectivo en numerosos fondos de deuda privada al otro lado del charco, lo que ha llevado a gestoras como BlackRock a limitar las salidas de capital. Así las cosas, ante el miedo a una angina de pecho, España activará mecanismos para mantener bajo control los fondos para minoristas de deuda privada, y obligará a las gestoras a efectuar tests de estrés anuales.
Ni esto es 2022, ni nosotros somos los mismos
Que la potencial crisis de precios está lejos de parecerse a la de 2022 es, de momento, un hecho. Que España y su sistema energético está lejos de parecerse al que era por entonces, también. Hoy, por ejemplo, habrá una serie de horas en el que el precio de generación de electricidad sea de cero euros, gracias al tremendo despliegue de las renovables. Y en los últimos días se ha podido ver cómo los precios de la luz están controlados no solo por estas, sino también por la nuclear. No hay mejor argumento para fomentar el despliegue renovable y, de paso, alargar la vida útil de la nuclear. Y, ya puestos, para invertir en la electrificación de la economía. Petróleo, de momento, no parece que se vaya a encontrar.
La frase
Preveo que cerraremos más operaciones corporativas en el ámbito de la inteligencia artificial. El entorno regulatorio es, sin duda, más favorable. Hace unos años, el proceso solía llevar mucho más tiempo
Arvind Krishna, CEO de IBM
Después de los dibujos animados o de Pixar, ahora es la IA la que acecha al cine
La del actor y director de cine Ben Affleck es una de las voces más interesantes de Hollywood en lo relativo a la inteligencia artificial, y ahora ha materializado sus conocimientos con la venta de su start-up de IA InterPositive a Netflix por 600 millones de dólares. Affleck asegura que su empresa se centra en pulir el trabajo ya hecho antes a la manera clásica, y que no sustituye al personal de toda la vida. En el fondo, escandalizarse de que la IA sustituya a los humanos sería como hacerlo de que los dibujos animados en su momento, o la tecnología de Pixar, reemplazaran el físico de los actores (aunque no sus voces). Al final, seguirán haciendo falta personas, aunque sean las que diseñen y manejen las IA que hagan el resto del trabajo. Y, sobre todo, hará falta alguien que aporte el alma a la mecánica.






























