
En un esfuerzo por contener la volatilidad de los mercados energéticos globales, siete de los principales productores de la Organización de Países Exportadores de Petróleo(OPEP) han acordado este domingo un incremento en la producción de crudo de 188.000 barriles diarios a partir del próximo mes de junio. La decisión, alcanzada mediante una reunión telemática, representa el tercer aumento consecutivo de la oferta en lo que va de año, sumándose al alza de 206.000 barriles pactada el pasado mes de abril. Liderados por Arabia Saudí y Rusia, este grupo de naciones —que incluye también a Irak, Kuwait, Argelia, Omán y Kazajistán— busca con este “ajuste voluntario” reafirmar su compromiso con la estabilidad de un mercado que se encuentra bajo una presión extrema. Sin embargo, la efectividad real de este movimiento es puesta en duda por analistas que consideran el incremento como algo meramente teórico, dada la parálisis física que sufren los suministros por la guerra en Oriente Próximo.
El gran obstáculo para que este crudo adicional llegue a las refinerías globales es el bloqueo del estrecho de Ormuz, una arteria vital por la que transita aproximadamente el 20% del petróleo exportado en el mundo. La guerra no resuelta entre Irán y Estados Unidos ha estrangulado el paso de buques, provocando que la producción acumulada de los países de la OPEP descendiera un 27,5% solo en el mes de marzo. Ante la falta de un acuerdo diplomático entre Teherán y Washington, los precios del crudo escalaron la semana pasada hasta alcanzar máximos no vistos en cuatro años, alimentando los temores de una crisis de suministro que afecte no solo al petróleo, sino también a productos refinados esenciales como el queroseno. Esta escasez amenaza con desatar una nueva ola de presión inflacionaria sobre las economías industrializadas, que observan con ansiedad la incapacidad de los productores del Golfo para exportar su mercancía.
La cohesión interna de la alianza también se ha visto sometida a duras pruebas, evidenciadas por la reciente salida de los Emiratos Árabes Unidos de la alianza y de su coalición extendida, anunciada a escasos días de este último acuerdo. Los EAU, tras años de disputas con Riad por las cuotas de producción, han manifestado su intención de aumentar su bombeo desde los 3,4 millones habituales hasta los cinco millones de barriles diarios, una meta que solo podrá materializarse una vez que la situación geopolítica en el Golfo se estabilice. Por ahora, la carga de ajustar el mercado recae principalmente en Arabia Saudí, que mantiene la mayor parte de la capacidad ociosa del bloque. Con la mirada puesta en la próxima reunión del 7 de junio, el Comité Ministerial de Monitoreo Conjunto deberá evaluar si estos incrementos marginales son suficientes para calmar un mercado que parece más atento a los movimientos militares en Ormuz que a las cuotas de producción decididas en Viena.































