Las autoridades europeas han acometido con decisión la tarea de revitalizar el mercado financiero continental, una iniciativa acertada, aunque sea con prisas y apremiada la Unión por la urgencia geopolítica. Está bien estudiar para el examen cuando queda poco, aunque habría sido mejor llevar al día la materia, sea esta la integración financiera, o la autonomía industrial o de defensa.

Una de las piedras angulares se está debatiendo en la Eurocámara: la unión de ahorros e inversiones. Han pasado ya casi dos años desde los informes de Draghi y Letta y el diagnóstico no ha cambiado: Europa sigue destinando gran parte de sus ahorros a depósitos bancarios, cuya traslación a la financiación de actividad productiva tiene sus limitaciones (y más en un contexto de bancos fuertemente regulados), otra gran parte a renta variable estadounidense y una parte insuficiente a la renta variable continental. La falta de demanda redunda, además, en falta de oferta, en una suerte de círculo vicioso: un mercado con poca vitalidad no ayuda a mejorar las valoraciones para unas empresas que, cuando arrancan un proceso de venta o de ampliación de capital, lógicamente quieren el mejor precio posible.

No cabe esperar soluciones mágicas o rápidas: como mucho, las Administraciones pueden sentar las bases, generar incentivos o abonar el terreno. Pero que las empresas salgan a cotizar, que los inversores compren acciones europeas o, idealmente, que sucedan ambas cosas a la vez es algo que depende de decisiones individuales.

La cotización de TSK es un paso positivo, para un mercado, el español, que no es el más pujante de Europa, pero que ha protagonizado varias operaciones en los últimos años, algunas de calado, como la de Digi. La guerra de Irán ha dejado en el camino numerosas operaciones; la Bolsa, a la luz de los índices, no se ha visto tan penalizada por el conflicto como habría cabido esperar. Pero la incertidumbre parece pesar más en un proceso, como la OPV, de difícil vuelta atrás y donde una mala semana puede tumbar un trabajo de meses.

Un mercado de colocaciones en Bolsa activo es positivo para la economía: proporciona opciones de financiación a las compañías sin recurrir a la deuda, es una vía sencilla para acometer procesos de crecimiento (mediante el pago en acciones) y facilitar procesos de transición en empresas familiares con accionariado diverso. TSK ha abierto el camino en 2026; sería bueno que otras la siguieran.



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