El modelo económico dominante en los países occidentales, del que no escapa el nuestro, conduce a una acelerada concentración de la riqueza en manos de muy pocas personas. Se ha consolidado una nueva categoría social, los ultrarricos o milmillonarios, que además han conseguido eludir el pago de una parte de sus impuestos mediante infinidad de mecanismos, en muchos casos legales. Los sistemas fiscales han quedado anacrónicos y los Estados son cada vez más impotentes para satisfacer los servicios esenciales, como sanidad, educación, pensiones, investigación y la atención de nuevas emergencias.

Un estudio de Oxfam Intermón, Un impuesto al patrimonio para el siglo XXI, elaborado por el investigador Íñigo Macías, ofrece una radiografía de la desigualdad elocuente. “Actualmente, el 1% más rico posee más riqueza que el 95% de la población mundial. En España, las 200 principales fortunas acumulan una riqueza equivalente al 17,5% del PIB y su patrimonio conjunto ha aumentado un 188% en los últimos quince años”.

Antes de tratar los aspectos fiscales conviene abordar los motores que conducen a esta acelerada concentración de riqueza. Un trabajo de Carlos Martín Urriza, diputado de Sumar, El infierno patronal. Como los beneficios canibalizan los salarios, apunta datos relevantes sobre el fuerte aumento de los márgenes empresariales entre 2022 y 2025. El análisis señala como la crisis energética “no fue un paréntesis, sino una plataforma de beneficios extraordinarios” para eléctricas, gasistas, bancos y supermercados. “Las grandes energéticas” precisa, “siguieron instaladas en beneficios multimillonarios, mientras los hogares arrastraban facturas infladas y pérdida de poder adquisitivo”. En el caso de los bancos, los márgenes alcanzaron cifras récord superiores al 30%. Este escenario se completa con una raquítica evolución de los sueldos. Los salarios pactados en convenio han perdido un 2,8% de poder adquisitivo desde 2019.

El trabajo distingue entre dos modelos muy diferenciados de comportamiento empresarial. Por una parte, el que sigue el viejo ideario patronal, (abaratar el trabajo, capturar la subvención, blindar la concesión pública o combatir cualquier impuesto sobre beneficios, como el que se ha tumbado sobre las energéticas). Por otra, el empresario que innova, (que crea valor, abre mercados y empuja el país hacia adelante).

Concluye que el modelo patronal ha conducido a una mayor desigualdad. Comparando la evolución de los salarios con la productividad resulta que, “cada asalariado debería percibir un 14% más para participar proporcionalmente de la riqueza adicional que ha generado. Esto equivale a unos 3.769 euros anuales por trabajador que no han llegado a la nómina y que han sido apropiados en forma de márgenes, beneficios y rentas empresariales”.

Este modelo generador de desigualdad se agrava por la debilidad de nuestro sistema fiscal. Macías, asegura que en España el impuesto sobre el patrimonio, tiene “un diseño muy débil e insuficiente”. Estima que en el impuesto de patrimonio se pierden 8 de cada 10 euros de su recaudación potencial debido a los agujeros y mecanismos de erosión. Los ultrarricos son el resultado de un sistema que es insostenible para proporcionar los recursos necesarios para atender las demandas sociales.



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