Al secretario general de la Unión General de Trabajadores (UGT), Pepe Álvarez (Belmonte de Miranda, Asturias, 70 años), le preocupa el ascenso de la ultraderecha “porque todo el mundo sabe que si llegan al poder recortarán derechos laborales”. Esta alerta es una de las principales proclamas de su sindicato en este Primero de Mayo.

Pregunta. Los sindicatos han decidido dar un enfoque muy global al Primero de Mayo y advertir sobre el auge de la ultraderecha. ¿Teme un retroceso de los derechos laborales si Vox llega al poder?

Respuesta. Eso lo sabe todo el mundo. Solo hay que ver el sentido de sus votaciones en el Congreso en relación con la reforma laboral o la reducción de la jornada. Si llega un Gobierno de coalición de extrema derecha o sencillamente de derechas lo vamos a pagar con un retroceso de los derechos de las personas trabajadoras y de los pensionistas.

P. ¿Cree que la izquierda ha sido ingrata con Yolanda Díaz?

R. Deja un balance extraordinario y eso ya se le reconoce hoy. Cuando pasen algunos años creo que se hablará de ella como los historiadores hablan del periodo de [Francisco] Largo Caballero [histórico dirigente del PSOE y de la UGT que presidió el Consejo de Ministros en la Segunda República]. Quizás el lado más partidario de su actividad no lo trabajó tanto y es lo que ha llevado a la actual situación. En cualquier caso, la izquierda haría muy bien en recoger el legado de Yolanda Díaz.

P. ¿Quién cree que es el más indicado para recoger ese legado?

R. Aunque lo supiera no lo diría. Pero lo importante es que se recoja colectivamente por la izquierda. Las personas trabajadoras, las clases populares y el propio sistema democrático se juegan mucho. Algún tipo de estrategia electoral como plantean algunos tampoco iría mal. Pongo como ejemplo a CC OO y UGT. No siempre estamos de acuerdo con Comisiones ni ellos con nosotros, pero en la inmensa mayoría de los casos pensamos por encima de eso, en la gente a la que representamos.

P. La evolución de los salarios en los últimos años, más allá, de las sucesivas subidas del salario mínimo, está por debajo de la de los márgenes empresariales. ¿Deberían haber sido más agresivos en la negociación salarial?

R. Es verdad que la gente tiene la sensación de que el salario no le llega, pero eso tiene que ver no solo con las subidas salariales negociadas en los convenios, que en muchos casos han sido sustanciales y sí han mejorado el poder adquisitivo, sino también con el precio de la vivienda y con el salario diferido que se recibe a través de los servicios públicos. No les llega y tienen que pagar 120 euros como mínimo en una póliza de salud privada o una FP o una universidad privada. La bajada de impuestos a los ricos que se proclama en España tendría consecuencias negativas sobre el poder adquisitivo de los trabajadores.

Otra causa que ha limitado el avance de los salarios se produce en los sectores donde la presencia de los sindicatos es muy baja y hay poca capacidad de movilización. Ahí es muy difícil que se repartan los dividendos que genera la empresa. Por eso en la última propuesta salarial para negociar con CEOE decimos que tenemos que ver qué pasa con los salarios medios, cuyo avance se come en muchos casos el alza del salario mínimo.

P. ¿La negociación del próximo Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) con la patronal se está retrasando por la incertidumbre política y económica?

R. Hay conversaciones con CEOE, aunque la situación de guerra genera un cierto parón en esta y otras materias. Más allá de eso, no va a ser fácil introducir en los convenios algunas de las cosas que venimos reivindicando. Por ejemplo, la reducción de la jornada a 37,5 horas, a pesar de que la patronal exigía que se hiciera en la negociación colectiva. Y luego otras cuestiones que demanda la patronal que tampoco se van a meter porque son ilegales, como cualquier penalización de las bajas médicas laborales.

P. ¿Qué podría negociarse en los convenios para mejorar la gestión de estas bajas laborales, cuyo aumento supone un problema admitido por todos?

R. Lo primero es que la Seguridad Social reconozca bien las enfermedades profesionales y las mutuas asuman sus responsabilidades. ¿Alguien se cree que en Alemania los cánceres derivados del puesto de trabajo sean el 15% y en España solo el 4%? ¿Alguien se cree que en España no haya enfermedades mentales que sean consecuencia del puesto de trabajo, cuando todo el mundo sabe que sí hay pero no se reconocen?

P. ¿Cree que el clima de abierta hostilidad entre el presidente de CEOE, Antonio Garamendi, y la vicepresidenta Díaz está dificultando el diálogo social?

R. En realidad tampoco veo tanto esa crispación cuando nos sentamos en la mesa. No tengo la sensación de que las relaciones personales entre todos nosotros hayan empeorado, y tampoco mejorado.

P. ¿Qué se dejaron los sindicatos en la gatera durante la negociación de la reforma laboral e intentarán sacar en lo que reste de legislatura?

R. Lo más evidente es la reforma del despido. Es un tema que tarde o tempano se va a aprobar en España. El Tribunal Supremo puede hacer todas las historias que estime para responder a unos intereses determinados, pero legalmente España tendrá que cumplir con sus compromisos internacionales. Nosotros lo vamos a llevar hasta los tribunales internacionales también.

El otro agujero en la norma que ha quedado tras la reforma laboral es todo lo relacionado con el contrato a tiempo parcial. Hay un abuso absolutamente insoportable de este tipo de contratación, sobre todo en los sectores de servicios y, en particular, en el comercio. Parece mentira que en las grandes firmas de nuestro país, en las multinacionales más potentes del mundo, con unos beneficios brutales, una parte de sus grandes beneficios salgan del abuso de los contratos a tiempo parcial.

P. ¿Ha costado internamente el respaldo sindical a la regularización de inmigrantes?

R. Cero, y cuando digo cero es cero. El discurso de la posible inconveniencia del proceso es algo que los sindicatos en España no visualizamos en nuestras organizaciones. Negar que en la sociedad sí existe sería negar una evidencia. Es decir, hay gente que no es de extrema derecha y que te aborda con dudas al respecto, pero también es verdad que España es un país en el que la mano de obra extranjera viene a cubrir muchas necesidades que no cubren los españoles y eso hace que menos personas digan: “Me quitan el puesto de trabajo”.

Hay que trabajar el tema de los cupos porque ir a buscar a alguien a otro país para ofrecerle un puesto que en realidad no se cubre porque los salarios son muy bajos o porque la vivienda tiene un precio imposible o las jornadas no tienen límite… Tenemos que formar a las personas que tenemos en el país y ponerlas a trabajar para que puedan asumir uno de estos puestos.

P. Su tercer mandato al frente de UGT termina en dos años. ¿Está animando a alguien para que le suceda?

R. No, y si lo estuviera haciendo, tampoco lo diría. Mantengo mi compromiso de llegar al 2028. Tengo 70 años y los estatutos dicen que son tres mandatos como máximo. He estirado mi vida laboral dirigiendo el sindicato bastante más de lo razonable.



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