
Hay una afirmación que los think thanks nunca se cansan de repetir: las ideas importan. La premisa es lisonjera, y completamente falsa. Las ideas no viajan solas. No llegan al despacho de un consejero delegado o de un ministro por ninguna ley de la gravedad intelectual. No se convierten en decisiones o políticas públicas por su coherencia. Una idea, por brillante que sea, necesita un emisor. Y ese emisor es, según la mejor evidencia experimental disponible, la variable que determina si la idea tiene algún efecto o pasa a categoría de ocurrencia.
Un grupo de economistas españoles acaban de ver aceptado su artículo en American Economic Review —algo que, créanme, no está al alcance de muchos— en el que argumentan y prueban empíricamente lo que acabamos de decir. Mediante un experimento de campo que cubre a 5.678 municipios españoles, revelan que el mismo mensaje, con el mismo contenido, la misma evidencia y el mismo formato, producía efectos radicalmente distintos según quién lo enviaba. Cuando el emisor era una institución ideológicamente alineada con el receptor, la probabilidad de adopción de la política recomendada aumentaba más de un 65% respecto al grupo de control. Cuando el emisor era ideológicamente opuesto, el efecto era estadísticamente indistinguible de cero. Solo seguía el silencio. La conclusión no es sutil: la identidad institucional del emisor es una variable causal en el proceso de adopción de políticas. El mensajero importa tanto como el mensaje.
Esta evidencia debería sacudir la autocomplacencia del mundo de los think thanks europeos. Porque si la influencia en políticas depende de quién comunica, a quién, con qué reputación percibida y con qué alineación ideológica, entonces el ecosistema europeo de think thanks tiene un problema estructural que va más allá de la calidad de sus publicaciones. El mercado europeo de ideas sobre política exterior y autonomía estratégica es, técnicamente, un mercado imperfecto. No en el sentido trivial de que produce cosas malas —produce, en conjunto, trabajo de alta calidad—. Sino en un sentido más preciso y más grave: está descoordinado, carece de agenda común, no tiene objetivos compartidos, no mide su impacto agregado, y no sabe qué produce en relación con lo que la demanda institucional real requiere.
Un análisis reciente del Real Instituto Elcano del ecosistema europeo —que cubre diez instituciones líderes, más de 5.500 publicaciones en dos años— ofrece el primer retrato cuantitativo de este desajuste. La fragmentación temática es real: instituciones con mandatos similares se pisan en los mismos ejes —Futuro de Europa, Seguridad y Defensa—, mientras quedan huecos analíticos significativos en geopolítica de grandes potencias y gobernanza económica global, precisamente los dominios donde se juega la autonomía estratégica europea. Y la demanda del Consejo de la UE muestra discontinuidades brutales: la referencia al eje Seguridad y Defensa pasó de 27 entradas en 2023 a 402 en 2024. El ecosistema, en su conjunto, tardó dos años en absorber la señal que Moscú envió en febrero de 2022.
El resultado agregado es una pérdida sistemática de eficiencia e impacto. No porque los think thanks europeos sean malos. Sino porque un mercado sin información compartida, sin taxonomía común, sin mecanismo de coordinación y sin inteligencia colectiva sobre la brecha entre oferta y demanda produce inevitablemente duplicidad donde debería haber especialización, silencio donde debería haber cobertura, y ruido donde debería haber señal.
Europa está intentando construir autonomía estratégica en un entorno de rivalidad creciente, erosión multilateral y fragmentación política interna. Esa autonomía no se construye solo con presupuestos de defensa o con políticas industriales. Se construye también con capacidad analítica independiente: con la habilidad para generar, articular y comunicar ideas propias sobre el orden mundial. Esa capacidad existe en Europa. La pregunta es si se puede organizar para que su impacto sea proporcionado a su calidad. Las ideas importan. Pero solo si llegan. Y para llegar, necesitan viajar bien.































