La IA estaría ahorrando a los empleados más de dos horas de trabajo al día. Sin embargo, parapetada tras rutilante estadística hay toda una plétora de matices que terminan restándole fulgor. Y es que, aunque con la IA a su vera los trabajadores son más rápidos, están también más prestos a desconfiar de sus propias capacidades. Esta tensión se está convirtiendo en un desafío de primer orden para las organizaciones y lo cierto es que la mayor parte de ellas no están preparadas para afrontar adecuadamente ese reto.
De acuerdo con un reciente estudio global de GoTo y Workplace Intelligence, el 50% de los 2.500 empleados entrevistados en el marco de la investigación confiesan que confían en exceso en la IA en el desempeño de su trabajo. Es más, el 30% admite que no puede prescindir de esta tecnología para sacar adelante las tareas solapadas a su puesto de trabajo. Y el 39% considera que su sobredependencia de la IA está erosionando sus capacidades y haciéndoles a la postre menos inteligentes. Esta proporción escala hasta el 46% en el caso de los trabajadores adscritos a la Generación Z.
Parece, por lo tanto, que la adopción de la IA en los entornos laborales ha sido extraordinariamente rápida y que ahora están claramente emergiendo a la superficie las consecuencias (que no son necesariamente positivas).
Conviene asimismo hacer notar que el 60% de los empleados se sienten presionados a la hora de utilizar herramientas de IA para dar alas a la productividad independientemente de si la tarea en la que están enfrascados lo requiere o no. Ni que decir tiene que esta presión, si no va acompañada de la formación adecuada y de políticas claras sobre el uso de la IA, aboca a los trabajadores a hacer un mal uso de esta tecnología. Y así lo evidencia en efecto los números.
En los entornos laborales se hace habitualmente un mal uso de la IA
El 70% de los empleados reconocen haber empleado la IA para tareas de naturaleza sensible, para tomar decisiones que habrían requerido inteligencia emocional y para ejecutar acciones que involucraban necesariamente información confidencial. Y son precisamente en estas áreas donde el juicio humano se torna absolutamente irremplazable y también los errores pueden salir potencialmente más caros. Además, parece que el problema está agravándose con el paso del tiempo, pues hace un año el porcentaje de trabajadores que declaraba haber hecho un mal uso de la IA era de sólo el 54%.
De la misma forma en que el «AI slop» o basura digital está contaminando severamente la red de redes, el denominado «AI workslop» está causando también estragos en los entornos laborales. El 43% de los trabajadores dicen haber utilizado con fines profesionales contenido generado con IA aun sospechando que éste era de baja calidad o contenía errores. A tenor de esta cifra no sorprende tampoco en modo alguno que el 77% de los empleados confiese que revisar el trabajo generado con IA lleva más tiempo que revisar el trabajo que lleva la rúbrica de personas de carne y hueso. Además, el 66% de los trabajadores se lamenta igualmente que tener que trabajar sobre el contenido generado con IA de sus colegas se traduce en último término en tareas extra.
En este sentido, aun cuando la eficiencia emanada de la IA es real, esa eficiencia termina diluyéndose también en buena medida por el flujo masivo de tareas ejecutadas con el soporte de esta tecnología que necesitan ser revisadas.
Del informe de GoTo y Workplace Intelligence se colige, por otra parte, que existe una fuerte desconexión entre los empleados y los líderes a la hora de utilizar la IA. El 84% de los empleados señala que su empleador podría hacer mucho más para promover un uso responsable de la IA. Sin embargo, sólo el 48% de los líderes del área IT da cuenta de idéntico parecer.
Los líderes deberían predicar con el ejemplo a la hora de hacer un buen uso de la IA
Resulta igualmente preocupante que sólo el 44% de los líderes IT confirmen que la empresa en la que están en nómina dispone de una política clara en lo referente al uso de la IA. Y entre aquellas empresas que cuentan efectivamente con una política en este asunto en particular, el 77% de los empleados subraya la necesidad de mejoras en esa política. En esta misma línea, el 80% de los trabajadores y el 60% de los líderes IA admiten que la mayor parte de los trabajadores no están adecuadamente entrenados para hacer un uso pertinente de la IA.
El uso inapropiado de la IA no es un problema tecnológico ni generacional ni tampoco un reto que pueda autocorregirse a medida que evolucione esta tecnología. Y es que, si lo empleados utilizan mal la IA no es por pereza ni falta de fe en esta tecnología, sino porque les ha sido entregada una herramienta muy potente sin el contexto ni la capacitación necesaria para hacer un buen uso de ella y de manera explícita o implícita se les está exigiendo además que generen resultados.
Para solventar el problema, se necesitan en primer lugar, según la investigación, políticas con el foco puesto en la IA que verdaderamente funcionen y que deben ir necesariamente acompañadas de la formación adecuada. La segunda prioridad sería la inversión de las empresas en el desarrollo de habilidades 100% humanas como el pensamiento creativo y la inteligencia emocional. Y en tercer lugar, los líderes deberían convertirse en «role models» en el uso responsable de la IA dentro de las empresas.































