Toda rentabilidad extraordinaria nace de una prima. Durante décadas hemos hablado de la prima de riesgo, de la prima por plazo, de la prima de crédito o de la prima de liquidez. En el fondo, todas responden a la misma idea: quien asume una restricción o una incertidumbre merece una compensación. Mi impresión es que el nuevo orden mundial está dando valor a una prima diferente. La prima de la flexibilidad. No porque la incertidumbre haya aumentado —eso siempre ocurre— sino porque la velocidad a la que cambian los escenarios económicos y geopolíticos ha alcanzado un nivel desconocido en décadas.

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