
Algo se mueve en los flujos globales de capital. Por primera vez, Hong Kong ha superado por la mínima a Suiza como el principal epicentro mundial de gestión de patrimonio transfronterizo, gracias a una oleada de inversiones procedentes de China continental que le ha permitido tomar la delantera al tradicional refugio financiero europeo.
En 2025, la región administrativa especial china logró atraer 2,9 billones de dólares (2,5 billones de euros), un 10,7% más que el año anterior, según un reciente informe de la consultora Boston Consulting Group (BCG), que prevé que la brecha siga ampliándose: para el final de la década, la plaza asiática rebasará en 600.000 millones de dólares (unos 519.000 millones de euros) a Suiza.
El motor del cambio es el empuje de la riqueza financiera de la China continental, que creció un 15% el año pasado, y ha encontrado en Hong Kong un camino hacia los mercados globales: el patrimonio transfronterizo procedente del continente suma casi el 60% de los caudales de inversiones que entraron en el territorio semiautónomo. El resto provienen principalmente de Taiwán (13%) y Japón (7%), lo que consolida a Hong Kong como un nodo de inversiones asiáticas.
El análisis de BCG, publicado a finales de mayo, señala de hecho cómo la fragmentación geopolítica está reforzando el surgimiento de dos centros neurálgicos financieros: uno articulado en torno a Hong Kong y Singapur, que canaliza el capital de China continental, la India y el Sudeste Asiático; y otro centrado en Suiza, Estados Unidos y el Reino Unido, que gestiona el patrimonio de Europa, Oriente Próximo y América Latina.
También asegura que, a pesar de ese escenario global al rojo vivo, surcado de tensiones económicas y guerras arancelarias, la riqueza financiera mundial aumentó un 10,7% hasta alcanzar los 333 billones de dólares en 2025 ―supone la tasa de crecimiento más alta desde 2021― en un contexto en el que los inversores buscan “una mayor demanda de diversificación geográfica”.
Con respecto a Hong Kong, el documento señala que su intensa actividad bursátil, recuperada después de años de atonía, ha contribuido al renovado magnetismo. Y vincula su atractivo con el creciente empuje manufacturero de alta tecnología del gigante asiático.
El parqué hongkonés protagonizó algunos de las mayores estrenos bursátiles de 2025, como el del gigante chino Contemporary Amperex Technology Co Ltd, líder mundial en la fabricación de baterías para coches eléctricos, que logró recaudar 35.700 millones de dólares hongkoneses (unos 4.060 millones de euros) en su debut. Buena parte de los fondos captados iban destinados a la expansión internacional de la compañía, según anunció la empresa.
Después de unos años complicados por la sacudida de la pandemia y la represión de las protestas prodemocráticas de 2019, Hong Kong ocupa ahora el carril que las autoridades de Pekín, tras reafirmar su autoridad, han trazado para la antigua colonia británica.
Dong Shaopeng, investigador principal del Instituto Chaoyang de Estudios Financieros de la Universidad de Renmin, en Pekín, destaca que el incremento de la actividad responde en gran medida a un “entorno de inversión” con “una estructura de estabilidad extraordinaria”, y a “las necesidades de la internacionalización del capital” de las compañías chinas.
El rol de este territorio, agrega, es muy similar al que ha representado tradicionalmente Suiza “como el mayor centro mundial de riqueza offshore gracias a la extraordinaria estabilidad del entorno de inversión europeo”. La plaza asiática es, por su parte, “una plataforma financiera especial de toda China”, en un momento en el que la industria manufacturera de la parte continental de China ya representa aproximadamente un tercio de la mundial y mantiene un fuerte impulso exportador.
Dong también coloca el foco de la plaza asiática como una especie de búnker ante un mundo surcado de tensiones comerciales y no comerciales: el “deterioro de la seguridad económica en Europa y Estados Unidos” ha provocado que “el antiguo mapa mundial de la riqueza offshore se incline hacia Oriente”, concluye.
Una fuente diplomática europea radicada en el territorio, y siempre muy pendiente de sus avatares económicos, resume el proceso: “Las empresas chinas que se quieren expandir en el exterior se alimentan de divisas para esas inversiones saliendo a la bolsa de Hong Kong”. Este proceso, que ya venía siendo así, se ha acelerado por la situación internacional (“las perspectivas de mayor proteccionismo”) y gracias al apoyo de ambos Gobiernos, el de Pekín y el de la región especial. “Lo ven como un paso más en la integración con la China continental, y, ojo, no contradictorio, como afirmación de la vocación global y cosmopolita de Hong Kong”.
Con un renminbi que no es libremente convertible, mientras China mantenga bajo control sus cuentas de capital y limite el potencial como centros financieros internacionales de ciudades como Shanghái o Shenzhen, se “puede augurar una larga vida a un país, dos sistemas”, concluye esta fuente en referencia al principio bajo el que Pekín administra Hong Kong.
El informe de BCG advierte, no obstante, sobre la elevada dependencia de los flujos de la China continental y de la actividad regulatoria del Gobierno comunista: “Esa misma concentración vincula estrechamente su trayectoria a la evolución económica y legislativa del continente”.
De hecho, Pekín, que se encuentra en fase de ralentización económica, afectada por un consumo átono y la digestión de una gigantesca burbuja inmobiliaria, ha comenzado a intensificar en las últimas semanas el escrutinio sobre las salidas de capitales, una actividad estrictamente controlada en la República Popular. El 22 de mayo, el Gobierno chino anunció una ofensiva contra las inversiones transfronterizas y castigó a tres corredores en línea por ayudar ilegalmente a los inversores chinos a comprar acciones en mercados extranjeros, incluido el de Hong Kong.
Algunos analistas alertan de que esto puede suponer una especie de fin de fiesta del burbujeo de los últimos años. Alicia García Herrero, economista jefe para Asia Pacífico y Medio Oriente en Natixis, una entidad financiera francesa, reconoce que han sido tiempos de bonanza gracias a jugosísimas salidas de capital desde China vinculadas a la riqueza en el continente.
García Herrero cree que ese torrente financiero ha tenido bastante que ver con el temor entre inversores y grandes fortunas chinas ante nuevos gravámenes de capitales por parte de Pekín. “Esto hace que la gente quiera sacar el dinero cuanto antes” y que Hong Kong se convierta en “un megacentro” financiero, al canalizar las salidas de capital por medio de “vías legales”. Pero después de las recientes medidas de control del Gobierno chino esta analista augura un segundo semestre que pinta “mucho peor”.































