Durante muchos años, Amper fue un chicharro, lo que para un pescadero es un jurel y para un inversor, una empresa con baja capitalización bursátil y escasa liquidez. Años de estrategias erráticas, cambios en la dirección y búsqueda de caballeros blancos que nunca llegaban (o que llegaban, como el empresario Enrique Bañuelos, sin plan de salvación bajo el brazo) dejaron a la empresa al borde del concurso de acreedores en 2014. Fundada en 1956 por Antonio Peral, un ingeniero de telecomunicaciones que instaló los primeros telefonillos en España, su último amanecer es relativamente reciente. En 2020 Pedro Morenés, exministro de Defensa, fue nombrado presidente y en 2022 la empresa de servicios tecnológicos Zelenza, del empresario José Fernández, se colocaba como primer accionista (ahora tiene un 8,5%) y socio industrial de referencia. El consejo decidió entonces darle el mando ejecutivo a Enrique López, procedente de Zelenza y exdirectivo de Thales; y el grupo se armó alrededor de los paquetes accionariales de varios empresarios que habían recibido participaciones al integrar en él sus empresas (como Elinsa o Navacel).






























