
La vocación es hereditaria; el prestigio del banco pasa de padres a hijos: esta riqueza heredada pronto trae consigo un refinamiento heredado. La banca es un oficio que exige vigilancia, pero no es laborioso”. Así describió Walter Bagehot la práctica de la banca privada durante la época victoriana. El escritor británico no creía que los banqueros privados pudieran sobrevivir a la llegada de los grandes bancos por acciones. Tenía razón, con una única excepción.































