La Comisión Europea pretende que el diálogo abierto con China para corregir el “insostenible” y creciente déficit comercial con el gigante asiático arroje “resultados tangibles” en poco más de tres meses. “En octubre de este año”, ha acotado el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, después de verse con el ministro chino del ramo, Wang Wentao, este lunes. La primera consulta sobre comercio e inversión entre la UE y China, como han llamado ambas partes a este foro, ha acabado con la creación de cuatro grupos de trabajo (comercio, control de exportaciones, reforma de la Organización Mundial del Comercio y propiedad intelectual) que busquen soluciones a las profundas discrepancias que hay entre las dos partes.

Ya antes China y la UE han intentado resolver sus diferencias en foros de este tipo, con muy pocos resultados beneficiosos para el lado europeo. En 2008 se creó el Diálogo Económico y Comercial de Alto Nivel y, tras una quincena de reuniones, en 2023 se abandonó por la escasez de frutos. Con este precedente, en el último Consejo Europeo, los líderes de los Estados miembros consensuaron dar una oportunidad al diálogo para, al menos, detener el crecimiento de la hemorragia comercial que mantiene Europa con China: un déficit de 360.000 millones en 2025. Si estas conversaciones no alumbraban soluciones, la UE tenía que preparar respuestas más contundentes que las dadas hasta ahora. Entre otras iniciativas, en Bruselas se habla de la creación de una herramienta legal para responder frente a la sobrecapacidad industrial instalada por terceros países (un fenómeno que se da en China especialmente).

Bruselas se ha atenido este lunes a ese guion. El comunicado conjunto emitido por el comisario Sefcovic y el ministro Wang habla de esos cuatro grupos de trabajo, de “un mecanismo conjunto de seguimiento para intercambiar datos relevantes y supervisar flujos comerciales” e, incluso, fija un nuevo encuentro entre los dos protagonistas de este lunes para el próximo otoño.

La nota conjunta no habla de la necesidad de “resultados tangibles”. Ha sido Sefcovic quien en su comparecencia ante la prensa ha elevado el tono sobre el texto pactado por ambas partes al señalar que en octubre espera frutos. “Este otoño viajaré a Pekín para evaluar los avances, y nuestros equipos cuentan con un mandato claro y un calendario ambicioso para obtener resultados tangibles antes de octubre de este año”, ha señalado el comisario europeo.

“En octubre, por supuesto, no todo estará resuelto, pero creemos que de aquí a octubre nuestros equipos disponen de tiempo suficiente para presentar resultados tangibles, para que sepamos cuál es la dirección a seguir y, sencillamente, trabajar de forma muy intensiva para resolver el antiguo problema comercial. No podemos permitirnos seguir con el crecimiento sostenible del déficit comercial desde la perspectiva europea”, ha añadido.

Para la UE, buena parte de este déficit creciente (en los últimos 10 años ha aumentado casi el 150%) se debe a prácticas comerciales e industriales que no entran dentro de las normas internacionales. La Comisión acusa a China de tener instalada una sobrecapacidad industrial en muchas ramas de actividad, especialmente en las vinculadas a la transición energética (coches eléctricos, paneles solares, baterías de litio, aerogeneradores); también denuncia su control de las cadenas de valor y el uso abusivo del control de exportaciones (permisos para la venta de productos y materias primas a extranjeros); le reclama, además, que reduzca los subsidios a la industria; y le pide transferencia tecnológica en sus inversiones en Europa.

China se revuelve contra estas acusaciones y advierte de que está dispuesta a asumir un deterioro de las relaciones. Este mismo domingo, justo un día antes de la reunión entre Sefcovic y Wang, se advertía en una red social vinculada a los medios de comunicación estatales chinos de que Pekín no quiere llegar a congelar las relaciones comerciales, pero que “no temen” ese escenario.

Los desencuentros entre las dos partes han crecido en los últimos meses. La misma red social que lanzaba la anterior advertencia este domingo señalaba hace unas semanas que Pekín “responderá sin falta a la herramienta de sobrecapacidad de la UE”. Tampoco ha gustado nada en el gigante asiático la norma que lanzó la Comisión hace unos meses (la ley de aceleración industrial) para obligar a empresas de terceros países a transferir tecnología cuando inviertan en sectores estratégicos.

Ante este escenario de tensión creciente, los 27 tratan de afrontarlo desde una posición común, algo que no es fácil. Francia, junto a otros como Países Bajos, mantiene la posición más dura de los Estados miembros contra China. España, que en los últimos tiempos se ha convertido en destino de inversiones del gigante asiático, está en el otro lado. La incógnita está en Alemania. La primera economía europea encontraba en China el destino de muchas de sus exportaciones de alto valor añadido antes de la pandemia, pero ese escenario cambió cuando desapareció la covid-19 porque el gigante asiático emergió como un exportador de alta tecnología. De hecho, la balanza comercial entre los dos países ya se decanta del lado chino.



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