El Mundial corona solo a un ganador económico: su organizador, la FIFA. Las ciudades sede buscan cómo empatar el marcador, pero suelen acabar superadas por unos compromisos de gasto principescos. Las metrópolis norteamericanas que acogen la edición de 2026 del torneo masculino disfrutan de repuntes modestos en hostelería, pero, más importante aún, han hecho inversiones más pequeñas y específicas en transporte, seguridad y renovación de estadios. Comparado con anteriores elefantes blancos, ofrece algunas lecciones de cara al futuro, aunque lo máximo a lo que se pueda aspirar sea un empate.

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