
La riqueza financiera de los hogares españoles ha alcanzado un máximo histórico en el primer trimestre del año. Según las Cuentas Financieras publicadas este jueves por el Banco de España, el patrimonio financiero neto de las familias —la diferencia entre sus activos y sus deudas— se ha situado en 2,66 billones de euros, el equivalente al 155,3% del PIB. La cifra supera la media del 149,5% registrada desde 2022 y refleja tanto el aumento del ahorro como, sobre todo, la revalorización de los activos financieros.
El crecimiento del patrimonio ha estado impulsado principalmente por la evolución de los mercados financieros. En los últimos doce meses, los activos de los hogares han aumentado en 261.000 millones de euros, debido en gran medida a la revalorización de las acciones y de los fondos de inversión. Solo en el primer trimestre, el efecto de esa subida en los mercados ha aportado un crecimiento del 9,1% a la riqueza financiera neta, frente al 3,2% explicado por las nuevas operaciones de ahorro e inversión.
La evolución tan favorable en el trimestre se explica gracias a que las Bolsas prolongaron el impulso con el que iniciaron el año pese al estallido de la guerra en Oriente Próximo, que reavivó la volatilidad en el sistema internacional. Aun así, el sobresalto duró poco en los parqués y los principales índices bursátiles acabaron cerrando su mejor semestre desde la pandemia.
De cara a los siguientes trimestres, la evolución del patrimonio dependerá en buena medida del comportamiento de los mercados. Los analistas consideran que la volatilidad se perfila como la gran protagonista, con el estrecho de Ormuz de nuevo en el centro de todas las miradas. Los mercados, que habían recibido con alivio la tregua entre Washington y Teherán y recuperado rápidamente el terreno perdido, han comprobado una vez más que la imprevisibilidad sigue siendo una constante en la era Trump.
Los últimos ataques y las declaraciones de Donald Trump dando por terminado el alto el fuego han reactivado las tensiones, impulsando el petróleo y castigando a las Bolsas. Los bancos centrales observan la situación con cautela: un nuevo encarecimiento de la energía podría complicar el delicado equilibrio entre mantener la inflación bajo control y sostener el crecimiento económico. Tras varios años en los que los depósitos recuperaron atractivo por la subida de los tipos de interés, una parte creciente de la riqueza familiar ahora depende del comportamiento de los activos financieros, lo que hace que estas oscilaciones de los mercados condicionen el patrimonio de los hogares.
Por otra parte, las familias han mantenido un elevado ritmo de inversión. Durante el último año han destinado cerca de 100.000 millones de euros a la adquisición de activos financieros, una cifra equivalente al 5,8% del PIB, por encima de la media del 3,6% registrada en los últimos cuatro años. Una parte importante de esos recursos se ha dirigido a depósitos bancarios y efectivo, aunque los fondos de inversión han seguido ganando peso dentro del patrimonio de las familias.
Aumento del crédito
Este aumento de la riqueza de los hogares ha coincidido con una recuperación de la financiación bancaria. Tras años de escasa actividad financiera, los bancos han incrementado con fuerza la concesión de préstamos a familias y empresas. La tasa ha alcanzado el 5,1% del PIB en el primer trimestre del año, lo que supone quintuplicar el promedio anual del 1% registrado durante el conjunto del periodo 2022-2025. Se trata del mayor impulso al crédito desde el inicio del ciclo de endurecimiento monetario que provocó la crisis inflacionaria.
En total, la banca otorgó nuevos préstamos por un importe neto de 21.891 millones de euros entre enero y marzo. A esa cifra se sumó una entrada neta de financiación procedente del exterior de 11.118 millones, lo que elevó los recursos disponibles para empresas y familias.
Las corporaciones acapararon la mayor parte de estos préstamos, con un importe neto de 24.348 millones de euros. Los hogares e instituciones sin ánimo de lucro, por su parte, captaron 7.250 millones. En términos acumulados, la financiación a las familias ascendió al 1,9% del PIB, frente al 0,3% que había sido habitual desde 2022. El dato refleja un cambio de tendencia en la demanda de crédito, especialmente para vivienda y consumo.
El aumento de los créditos explica a su vez el repunte de las deudas en términos absolutos. El pasivo de los hogares aumentó hasta los 728.000 millones de euros en marzo, desde los 700.000 millones de un año antes, pero su peso sobre la economía descendió hasta el 42,5% del PIB, el nivel más bajo desde finales de 1999. La evolución de las empresas es similar. Su deuda consolidada alcanzó los 1,07 billones de euros, pero la ratio sobre el PIB cayó al 62,5%, el nivel más reducido desde 2001. Esta caída en términos relativos se explica gracias al fuerte crecimiento de la economía nacional.
La mejora de los balances de los hogares ha contribuido a reforzar la posición financiera de España frente al exterior. Según las cifras del Banco de España, la economía nacional ha registrado una capacidad de financiación de 61.000 millones de euros, equivalente al 3,5% del PIB, consolidando su posición como prestamista neto frente al resto del mundo. Los hogares han desempeñado un papel destacado en ese resultado gracias al aumento de su ahorro y de sus inversiones canalizadas a través del sistema financiero.































