Si la escalada de precios del oro sorprendió, ahora un metal tan cotidiano y humilde como el cobre le ha robado el protagonismo. Al ser el segundo mejor conductor tras la plata, los proyectos de transición energética, la electrificación y el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) han dado un vuelco a la demanda, con un consumo que podría duplicarse en 2050, superando los 50 millones de toneladas, según las previsiones del grupo minero BHP. ¿Puede responder la oferta a semejante demanda? Hay tensiones para satisfacer las necesidades industriales: los nuevos proyectos mineros tienen costes elevados, exigen tiempo para su desarrollo y no es fácil dar con nuevos yacimientos. España es el segundo productor europeo, pero no es suficiente. El metal escasea en el continente, que debe importar cerca del 40%, compitiendo con gigantes como China.

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