El británico John Maynard Keynes no solo fue uno de los economistas más influyentes del siglo XX; también hizo carrera como inversor con un interesante historial de rentabilidades a sus espaldas. Cuando las Bolsas tienen comportamientos anormales se suele desempolvar una de las frases más famosas atribuidas al autor de Las consecuencias económicas de la paz: “Los mercados pueden mantener su irracionalidad más tiempo del que tú puedes mantener tu solvencia”.

Los inversores se encuentran en una de esas fases que obligan a la reflexión y las palabras de Keynes resuenan de fondo. Los índices bursátiles acumulan subidas sostenidas desde los mínimos de la pandemia que les han llevado a conquistar máximos históricos. El S&P 500 gana un 228% desde entonces, el Nasdaq sube un 271% y el Ibex 35 se revaloriza un 218% por poner solo tres ejemplos. Esta euforia, sin embargo, se produce en un entorno económico y geopolítico no exento de peligros. Hay crecimiento, pero tampoco es para tirar cohetes; los conflictos bélicos tensionan los precios energéticos y ponen en guardia a los bancos centrales; y los déficits recurrentes de las grandes potencias se taponan a base de deuda pública.

La primera mitad del año llega a su fin y muchos bancos de inversión, gestoras de fondos y casas de análisis aprovechan el calendario para reflexionar sobre lo que puede ocurrir en los mercados en el segundo semestre y recomendar estrategias de inversión a sus clientes. La opinión generalizada es que los activos de riesgo, con la Bolsa a la cabeza, siguen teniendo margen para subir. El posible acuerdo de paz entre EE UU e Irán, con la consiguiente reapertura del estrecho de Ormuz, supone un bálsamo para los precios energéticos y limita el riesgo de subidas descontroladas de los tipos de interés. Además, los beneficios empresariales muestran gran fortaleza y justifican por ahora el rebote de las cotizaciones.

“El escenario no es malo para la renta variable. La economía ha aguantado mejor de lo esperado a pesar de la crisis petrolífera. Sin embargo, esto no quiere decir que el escenario sea idílico. Quizás haya un optimismo excesivo y conviene ser cauteloso”, reflexiona Miguel Jiménez, gestor de fondos en Renta 4.

La subida de las Bolsas y la resiliencia de las economías en un entorno adverso tienen detrás a la inteligencia artificial (IA). El bum de esta tecnología ha generado una carrera de gasto jamás vista en la historia. Google, Amazon, Microsoft y Meta tienen previsto destinar cerca de 725.000 millones de dólares a inversiones en 2026, un 77% más que el año anterior. Para justificar esas sumas de dinero, el sector tendrá que generar cientos de miles de millones de dólares en ingresos adicionales al año antes de que termine la década. Hasta esta semana, el mercado había comprado esa idea, descartando que estemos ante la gestación de una burbuja similar a la puntocom de principios de siglo. Sin embargo, aunque en esta ocasión hay más realidades que promesas porque muchas compañías son rentables, el riesgo de haber descontado beneficios por encima de los reales no deja de ser alto. Han bastando varias sesiones de fuertes pérdidas de SpaceX, la mayor salida a Bolsa de la historia, para generar nervios en el mercado sobre las valoraciones de las tecnológicas.

“Buena parte de los servicios de IA se venden por debajo de lo que cuesta producirlos, financiados con capital inversor para ganar usuarios y cuota de mercado. Y eso complica la lectura de la situación: no sabemos cuánta de esta demanda seguiría ahí si el cliente pagara el precio real”, reflexiona Pedro Santa Cruz, director de Freedom24 en España, en un informe reciente. A la espera de ver si las correcciones de esta semana son coyunturales o avanzan un cambio de ciclo, estas son las recomendaciones de inversión de los expertos para la segunda parte del curso:

Renta variable

“Las Bolsas han subido mucho en el primer semestre y es probable que veamos retornos más moderados en la segunda parte del año. Sin embargo, seguimos siendo optimistas con las acciones”, explica Ángel Olea, director de inversiones de Abante. “Desde el punto de vista macroeconómico, las cosas van razonablemente bien y, si la guerra en Oriente Próximo llega a su fin, se despejará la mayor incertidumbre que hay ahora en el mercado. Si miramos algunas cotizaciones, sobre todo en el sector tecnológico estadounidense, da un poco de vértigo, pero los multiplicadores [precio que pagas por el beneficio por acción] están en niveles aceptables. Los beneficios empresariales, con mejoras del 24% previstas este año en Wall Street y del 18% en Europa, justifican de momento las revalorizaciones”, añade el experto de Abante.

La IA se consolida como uno de los principales motores del crecimiento —en EE UU, la inversión en este campo ha superado al gasto de los consumidores como el mayor dinamizador económico, representando el 87% del crecimiento del PIB en los últimos seis meses, según Carmignac—, pero también está cambiando las viejas cartas de navegación con las que solían guiarse los inversores. “Esta tecnología marca un punto de inflexión en la economía global, con un impacto directo tanto en la productividad como en la generación de beneficio”, reconocía la semana pasada Daniel Sullà, director general de Caja Ingenieros Gestión, durante la presentación de perspectivas semestrales de la entidad. “En este contexto, el reto no es solo identificar las oportunidades de crecimiento, sino también gestionar adecuadamente los riesgos asociados a ciclos de fuerte innovación e inversión, y a entornos de mercado cada vez más exigentes”, agregaba.

En toda estrategia de inversión siempre es importante la diversificación, pero ahora la popular frase de que no conviene poner todos los huevos en la misma cesta cobra aún más sentido debido a la gran polarización del mercado. Y es que en EE UU, por ejemplo, las 10 mayores compañías del S&P 500 representan cerca del 40% de la capitalización del índice. Se trata de un nivel de concentración superior al de la burbuja puntocom. “El mercado depende cada vez más de un número reducido de nombres, y eso hace más difícil la diversificación. Sin embargo, si se materializan algunos de los riesgos que ahora amenazan al mercado, cobrará sentido tener carteras con mayor dispersión. En la segunda parte del año habrá más volatilidad, pero lo que no tiene sentido ahora es quedarse fuera de la Bolsa, tener liquidez, porque estarías perdiéndote un momento histórico como el que vivimos actualmente con la IA”, argumenta Salvador Díaz, analista de Afi Inversiones Globales.

Las compañías de semiconductores, los famosos hiperescaladores, los negocios en la nube y las compañías vinculadas a los centros de datos son las que han acaparado las mayores subidas en los últimos meses. Por eso, los expertos recomiendan cautela a la hora de invertir en estos valores y buscar partes del mercado que hayan quedado eclipsadas por el brillo cegador de la IA. “Dentro del propio sector tecnológico hay buenas oportunidades en empresas de software. Ahora no están de moda porque los inversores temen que la IA deje tocado su negocio, pero siguen generando flujos de caja recurrentes. También conviene tener en cartera exposición a las grandes tendencias de medio y largo plazo. Una de ellas es el envejecimiento de la población y cómo se pueden beneficiar de él las compañías de salud. Otra opción a tener en cuenta en el área de consumo son los fabricantes de artícu­los de lujo. Tienen poder de fijación de precios y el hecho de que cada vez haya más millonarios en el mundo las beneficia”, comenta Miguel Jiménez, de Renta 4.

Los expertos no solo recomiendan diversificar las carteras desde un punto de vista sectorial, sino también geográfico. En el último lustro, todas las miradas han estado puestas en la Bolsa estadounidense por su liderazgo tecnológico. Este protagonismo se redoblará este año, ya que a la salida a Bolsa de SpaceX el pasado 12 de junio se le sumarán en otoño los estrenos de OpenAI y Anthropic. Estas operaciones implican colocaciones de acciones milmillonarias, drenando liquidez de otros mercados hacia Wall Street. ¿Podrán contrarrestar las Bolsas europeas esta situación? Los expertos recuerdan que la recuperación de las acciones continentales, que empezó el pasado año, se vio cortada por la guerra de Irán —las economías europeas son más sensibles a los precios energéticos que la de EE UU—, pero si la paz llega a la zona deberían volver a recuperar atractivo.

“Una normalización de la situación en Oriente Próximo podría reavivar el optimismo en torno al crecimiento europeo y favorecer una rotación de flujos de inversión hacia la región. En Europa, nuestras inversiones preferidas siguen siendo el sector aeronáutico y la banca”, explica Kevin Thozet, miembro del comité de inversión de Carmignac, en el informe de perspectivas de la gestora francesa.

Renta fija

Antes de conocer cómo ven los expertos las perspectivas de este activo conviene aclarar que la renta fija solo tiene de fija el nombre. Tanto si se compra deuda pública como privada, el precio del bono —que se mueve de forma inversa a su rentabilidad— fluctúa hasta que no se produce su vencimiento, por lo que, si el inversor se ve obligado a venderlo antes del plazo fijado puede sufrir minusvalías o plusvalías. La evolución de este precio dependerá tanto de las noticias de solvencia que afecten al emisor como de la evolución de los tipos de interés oficiales. Además, la rentabilidad de los bonos es nominal, es decir, no tiene en cuenta la inflación, por lo que un repunte fuerte de los precios mermaría el retorno esperado.

Hecha esta matización, en el mercado de deuda pública todas las miradas están puestas en los bancos centrales. Las rentabilidades de los tipos a largo plazo llevan meses al alza. El bono a 10 años estadounidense está ahora en el 4,37% y su homólogo alemán en el 2,85%. Aunque la caída del precio del crudo —el barril de brent ha pasado de 118 dólares en marzo a 73,7 dólares el pasado jueves— quita presión a los bancos centrales estos vigilan muy de cerca la curva de la inflación. El BCE ya ha subido en 25 puntos básicos los tipos de interés para la zona euro, situando el nivel en el 2,25%. Por su parte, Kevin Warsh, el nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed), dejó el precio del dinero sin cambios en su primera reunión al frente del organismo, pero el mercado ya está descontando varias subidas para lo que resta de año. Si esto sucede reforzaría la debilitada independencia de la Fed

—Donald Trump presionó por tierra, mar y aire a Jerome Powell, el antecesor de Warsh, para que bajara tipos—, pero tendría consecuencias para el conjunto del mercado. De hecho, las caídas de las Bolsas esta semana se explican en parte por estas expectativas ya que un encarecimiento de la financiación penalizaría a las tecnológicas y sus ingentes necesidades de inversión.

“Existe cierta presión sobre la renta fija reforzada por las limitaciones de reembolsos detectadas en varios fondos de crédito privado, en plena escalada de las emisiones vinculadas a la inversión en IA y centros de datos. Ante este escenario, mantenemos en renta fija un posicionamiento defensivo, con exposición a deuda entre tres y cinco años y estrategias flexibles que permitan aprovechar la volatilidad derivada de la evolución de las expectativas de inflación, y con un peso equilibrado entre la deuda pública y la privada”, explica José Miguel Maté, consejero delegado de Tressis, en el último informe de estrategia de la entidad.

Esta visión de cautela con la deuda pública es compartida por los analistas de Kutxabank Investment, que prefieren emisiones con un plazo no demasiado largo: “Con nuestras expectativas de inflación, vemos valor en las referencias a corto plazo, pensamos que las subidas de tipos pendientes están en precio y no vemos que aceleren en ausencia de extensión del conflicto en Oriente Próximo (contemplamos una subida adicional BCE y la primera de la Fed antes de acabar el año)”.

Divisas

La evolución de los tipos de cambio es, sin duda, la variable más difícil de predecir ya que intervienen múltiples factores, tanto económicos como políticos. Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y su cruzada comercial, en el mercado empezó un debate sobre si el reinado del dólar estaba llegando a su fin, con la subsiguiente pérdida de valor del billete verde. Sin embargo, en lo que llevamos de 2026 la divisa estadounidense se ha recuperado, pasando de cotizar a 1,17 dólares por euro a solo 1,13 dólares.

Los expertos creen que, por lo menos en los próximos meses, la apreciación del dólar podría continuar, pero dudan de esa fortaleza si las perspectivas se extienden a varios años vista. “A medio plazo, seguimos siendo pesimistas: el dólar sigue sobrevalorado, y los elevados déficits gemelos de EE UU requieren financiación exterior que, con el tiempo, se traduce en una moneda más débil en lugar de en tipos de interés más altos. A corto plazo, sin embargo, la visibilidad es limitada y justifica una postura neutral: la solidez de los datos macroeconómicos de EE UU, las presiones inflacionistas relacionadas con la crisis energética y el ciclo de inversión en inteligencia artificial siguen respaldando al dólar”, comenta Ugo Laniocni, gestor de Neuberger, en una nota reciente.

Miguel Jiménez, de Renta 4, comparte esta visión de que en la predicción de las divisas hay que distinguir entre corto y medio plazo: “Con el mensaje que ha lanzado el presidente de la Fed en su primera intervención, y teniendo en cuenta la mayor fortaleza de la economía estadounidense, el tipo de cambio se podría ir hasta un cruce de 1,1 dólares por euro. Pero más allá, el billete verde se verá sometido a una presión mayor, ya que EE UU tiene una problema de deuda pública más serio que Europa. No debemos olvidar que el Gobierno americano dedica aproximadamente el 20% del presupuesto federal a pagar el coste de su endeudamiento”.

Materias primas

Dentro de las materias primas, los expertos consultados piden diferenciar entre los metales preciosos y el resto de minerales. Los primeros son vistos en el mercado como activos refugio en momentos de tensión, mientras que la cotización de los segundos dependerá en gran medida de la evolución de las previsiones sobre el crecimiento global.

La cotización del oro se disparó a principios de año hasta alcanzar los 5.417 dólares por onza. A partir de ahí, el precio del metal precioso ha emprendido una senda bajista que lo situaba esta semana en torno a los 4.050 dólares. A pesar de la debilidad mostrada en los últimos meses, los analistas aconsejan reservar una parte de la cartera de los inversores al oro. Y lo recomiendan por dos motivos. El primero de ellos, su valor como activo refugio que sirve para cubrir las inversiones en tiempos de volatilidad. Y el segundo argumento es una tendencia de fondo que sirve de sostén a su cotización y que consiste en la compra recurrente de los bancos centrales.

“Se espera que el oro siga siendo una reserva de valor esencial. La acumulación por parte de los bancos centrales, la desdolarización y las tensiones geopolíticas deberían proporcionar un sólido apoyo a medio plazo. A largo plazo, el aumento de la productividad impulsado por la IA y una estabilización de Oriente Próximo probablemente contribuirán a moderar las expectativas de inflación, ayudando al oro a recuperar impulso”, argumenta Asad Farid, gestor en J. Safra Sarasin Sustainable AM.



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